Homilía para el domingo del Bautismo del Señor 2021

Con la celebración de hoy se cierra el ciclo litúrgico de la Navidad y se abre el tiempo ordinario. Durante los días anteriores, desde el 24 de diciembre por la noche, tuvimos como referente a Jesús recién nacido en nuestra carne mortal; a partir de hoy lo tendremos en la realización de su misión al servicio del Reino, vivida como Hijo que complace a Dios. Hoy, a la luz de los textos bíblicos, nos podremos preguntar si nos estamos pareciendo a Jesús.

Hijos en quienes Dios se complazca

Textos: Is 55,1-11; 1Jn 5,1-9; Mc 1,7-11

Con la celebración de hoy se cierra el ciclo litúrgico de la Navidad y se abre el tiempo ordinario. Durante los días anteriores, desde el 24 de diciembre por la noche, tuvimos como referente a Jesús recién nacido en nuestra carne mortal; a partir de hoy lo tendremos en la realización de su misión al servicio del Reino, vivida como Hijo que complace a Dios. Hoy, a la luz de los textos bíblicos, nos podremos preguntar si nos estamos pareciendo a Jesús.

Al final de cada texto encontramos la descripción de su misión. Hablando en nombre de Dios, Isaías dice que su palabra hará su voluntad y cumplirá la misión que se le encomienda; Jesús es esa Palabra de Dios que bajó del cielo a la tierra, como la lluvia y la nieve, para empaparla, fecundarla y hacerla germinar, para que haya pan para comer y semilla para la siembra del siguiente año. San Juan, en su primera carta, habla del testimonio que Dios dio de su Hijo, porque cumplió sus mandamientos; el testimonio más claro de que le agradó la entrega total de Jesús hasta la muerte, fue la Resurrección, que celebramos cada domingo. Al narrar el acontecimiento del Bautismo de Jesús, san Marcos dice que la voz del cielo —que era la de Dios—, le dijo que Él era su Hijo amado y que en Él tenía sus complacencias, porque le agradaría el modo como realizaría su misión; es como cuando los papás se sienten satisfechos porque alguno de sus hijos o hijas da un paso en la vida.

¿Qué hizo Jesús, lleno del Espíritu Santo que bajó sobre Él al ser bautizado en el Jordán? Predicó el Reino de Dios, llamó a la conversión, invitó a muchos a seguirlo en su camino y a formar una comunidad de discípulos y discípulas, curó enfermos, perdonó pecados, expulsó demonios, resucitó muertos, consoló a personas sufrientes, multiplicó los panes, entregó totalmente su vida en la cruz. Cumplió lo dicho por Isaías: volvió al Padre, lleno de frutos de vida nueva para muchos, sobre todo los pobres y sufrientes. Todo esto fue motivo para que Dios quedara complacido; por eso dio su testimonio, al resucitar a su Hijo al tercer día de su muerte y sepultura. Esto se lo agradecemos cada domingo con la Eucaristía.

Aquí es donde nos debemos preguntar, a la luz de la Palabra de Dios, si nos parecemos a Jesús. En el Bautismo comenzamos a participar de su vida y su misión: Él se metió a nuestra persona, su Espíritu descendió sobre nosotros, fuimos reconocidos por Dios como sus hijos e hijas con el deseo de que lo complazcamos con nuestra manera de vivir. Dios espera que hagamos su voluntad, que cumplamos sus mandamientos y realicemos nuestra misión al servicio del Reino, que volvamos a Él cargados de frutos de hermandad. ¿Cómo andamos? ¿Nos parecemos a su Hijo Jesús? ¿Lo estamos agradando con nuestra manera de vivir? Es decir, ¿anunciamos el Evangelio?, ¿vivimos en comunidad?, ¿atendemos a los enfermos?, ¿perdonamos?, ¿compartimos nuestro pan?, ¿servimos?, ¿defendemos la justicia y los derechos de las personas y la naturaleza?, ¿entregamos nuestra vida?

Al recibir la Comunión, nos mantenemos unidos a Jesús, para seguir su mismo estilo de vida y realizar la misma misión, asistidos por el mismo Espíritu Santo. Renovemos nuestro compromiso de ser hijos e hijas amados de Dios en quienes Él se complazca.

10 de enero de 2021

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