Homilía para el domingo de Epifanía 2013

Alejados

Textos: Is 60, 1-6; Ef 3, 2-3. 5-6; Mt 2, 1-12.

Los Magos vinieron desde oriente para adorar a Jesús. Esta es la síntesis de la Historia de la Salvación. San Mateo nos la ofrece en el texto del Evangelio recién proclamado. Los Magos de oriente representan a todos los pueblos y personas de la tierra: los paganos en relación a los judíos, los no cristianos en relación a los cristianos, los alejados en relación a los practicantes dentro de la Iglesia. Jesús, al que los Magos encontraron niño, es el centro de nuestra fe.

Alejados

Textos: Is 60, 1-6; Ef 3, 2-3. 5-6; Mt 2, 1-12.

 

Los Magos vinieron desde oriente para adorar a Jesús. Esta es la síntesis de la Historia de la Salvación. San Mateo nos la ofrece en el texto del Evangelio recién proclamado. Los Magos de oriente representan a todos los pueblos y personas de la tierra: los paganos en relación a los judíos, los no cristianos en relación a los cristianos, los alejados en relación a los practicantes dentro de la Iglesia. Jesús, al que los Magos encontraron niño, es el centro de nuestra fe.

Es interesante el modo de proceder de los Magos. Ellos, por ser extranjeros, eran impuros para los judíos. Sin embargo fueron capaces de descubrir el nacimiento del Hijo de Dios, al que buscaron como el rey de los judíos. ¿Cómo era posible que unos paganos, unos que vivían lejos de Israel, que tenían otras culturas, otros cultos, otros ritos, buscaran al Mesías? ¿Cómo era posible que anduvieran preguntando por Él para adorarlo? Y sin embargo así sucedió.

Los Magos tenían la intención de adorar a Jesús y de ofrecerle sus regalos. No se puede adorar a alguien que no sea Dios. Es algo ilógico. En ningún pueblo de la tierra se rinde culto a cualquier persona, menos a alguna cosa. Hubo algún motivo para que ellos dejaran su religión, su dios o dioses, su modo de rendirles culto y ofrecerles sacrificios, para caminar, dejarse guiar, preguntar, escuchar, encontrar y adorar al Niño. Era la apertura a la salvación venida de Dios.

La salvación no es exclusiva de un pueblo, de un grupo, de una religión o de una Iglesia. Los tres textos bíblicos de este día nos lo dicen: Dios quiere reunir a todos los pueblos de la tierra en uno solo. Nadie, ni personalmente ni como grupo o pueblo, está fuera de la salvación que Dios ofrece en su Hijo Jesús. Queda fuera de ella quien, como Herodes, busca el poder tiránico y egocéntrico; o quienes, al igual que los Sumos Sacerdotes y escribas, se cierran en sí mismos.

Aun sabiendo del nacimiento del Mesías, ni Herodes ni los dirigentes judíos decidieron ir a buscarlo para encontrarse con Él, mucho menos para adorarlo. Ellos tenían otros intereses a los cuales servir y, por tanto, dar culto: el poder político, el poder religioso, el centralismo, el dominio, el enriquecimiento. Esto les impidió dar el paso para ir al encuentro del Pastor de Israel y dejarse conducir por Él. Por decisión propia permanecieron alejados de la salvación.

En nuestros días, dentro de la Iglesia católica hay muchas personas, la gran mayoría, que viven alejadas de las prácticas cristianas. Tampoco nos sintamos buenos o salvados por el hecho de participar en la Misa. Esto más bien nos compromete a dar un servicio hacia los alejados. ¿Cuántas personas están bautizadas y no son practicantes? ¿Cuántas se han acercado, o las han traído, a la vida de la Iglesia solamente para que reciban los sacramentos? Muchísimas.

Para con estas personas tenemos un compromiso: servirles de estrella, como la que guió a los Magos, para que se encuentren con Jesús. Los Magos vieron surgir su estrella, se dejaron conducir por ella hasta donde estaba el Niño, se llenaron de una gran alegría, entraron en la casa de unos judíos –José, María y Jesús–, se postraron, adoraron al recién nacido y le ofrecieron sus dones. Eso mismo tenemos que provocar con nuestra vida en relación a los alejados.

El servicio de conducir hasta Jesús a los alejados tiene que ser personal y comunitario. En nuestra manera de vivir, ellos tienen que descubrir la luz que los guíe en su proceso de fe: que se encuentren con Jesús, se conviertan a Él, vivan como discípulos suyos, se integren a su comunidad, se conviertan en misioneros. A ese grado tiene que llegar nuestro testimonio de comunidad. Este es el compromiso que asumimos hoy al recibir a Jesús sacramentalmente.

6 de enero de 2013

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