Homilía para el 6º domingo de Pascua 2020

Vivir los mandamientos

Textos: Hch 8, 5-8. 14-17; 1 Pe 3, 15-18; Jn 14, 15-21

La gran mayoría de los bautizados tiene la idea, y así diseña su vida cristiana, de que sabiendo de memoria los mandamientos y algunos rezos ya las personas están preparadas para hacer su Primera Comunión. Y, por lo que escuchamos en el Evangelio, Jesús nos pide aceptar sus mandamientos y cumplirlos. En esta Eucaristía dominical, que es el sacramento de la Comunión, renovaremos nuestra fe en la Resurrección del Señor y nuestro compromiso de vivir de acuerdo a lo que Él nos enseña.

Jesús se estaba despidiendo de sus amigos y les estaba haciendo sus encargos, para que vivieran como sus discípulos y discípulas, y se mantuvieran en comunión con Él y con su Padre. El principal encargo fue que vivieran cumpliendo sus mandamientos, como signo de que lo amaban. Este encargo no fue sólo para quienes estaban con Él en la Última Cena, sino para sus discípulos y discípulas de todos los tiempos. Así que es también para nosotros. Y esto va muchísimo más allá de recibir un sacramento a cambio de saber los mandamientos y rezos y pasar un examen sobre ellos.

En el texto del evangelio de hoy les dijo dos veces que, si lo amaban, cumplieran sus mandamientos. Ciertamente se necesita saber qué mandó Jesús, pero para aceptarlo y acomodar la propia vida; no para decir de memoria lo que Él espera de nosotros. Si se pregunta a los bautizados cuáles son los mandamientos de Jesús, en general se tiende a decir los diez mandamientos que Dios dio a los israelitas en el Sinaí a través de Moisés y casi nadie menciona los que Jesús nos enseñó.

No está de más recordar algunos de esos mandamientos, para caer en la cuenta qué tanto amamos a Jesús y, por lo mismo, qué tanto somos buenos bautizados. Al recordarlos, reconoceremos que nos falta ponerlos en práctica: “Ámense unos a otros como yo los he amado”, “El que quiera ser importante, que se haga servidor de los demás, y el que quiera ser el primero entre ustedes que se haga esclavo de todos”, “Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, tienes que perdonarlo. Y si siete veces al día peca contra ti y las siete veces vuelve a ti diciendo: ‘He pecado’, lo perdonarás”, “Traten en todo a los demás como ustedes quieran ser tratados”, “Vete y haz tú lo mismo” que hizo el buen samaritano con el hombre tirado a la orilla del camino, “Denles ustedes de comer” a los que tienen hambre, “Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda creatura”. Reconocer que no los estamos poniendo en práctica, ni personalmente ni como comunidad, nos debe ayudar a tomar conciencia de que estamos comulgando por costumbre y no con la finalidad de fortalecer nuestra unión con Jesús y el compromiso que tenemos de realizar la misión.

Cumplir estos y muchos otros mandamientos que nos dejó Jesús –y no únicamente decirlos de memoria– es lo que manifiesta quién es su verdadero discípulo o discípula y lo que da el verdadero sentido de recibir el sacramento de la Comunión, no sólo la primera vez, sino siempre que participamos en la Misa. Cumplirlos nos mantiene en la comunión con Jesús, la cual fortalecemos al recibirlo sacramentalmente, especialmente en la celebración Eucarística dominical.

Para que cumplieran los mandamientos, Jesús no dejó a sus discípulos solos y abandonados a su suerte, sino que les prometió el Espíritu Santo, al que llamó el otro Paráclito o Consolador. Él estaría siempre acompañándolos, sosteniéndolos, iluminándolos, ayudándoles a dar razón de su esperanza, a anunciar el Evangelio como hizo Felipe y a fortalecer la relación de amor con Jesús y con su Padre. Con nuestra Eucaristía agradecemos a Dios el don de su Espíritu y le pedimos que nos siga ayudando a vivir los mandamientos de Jesús, como estilo personal y comunitario de vida en los barrios y en nuestra parroquia. Preparémonos a recibirlo sacramentalmente en la Comunión.

17 de mayo de 2020

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