Homilía para el 6º domingo de Pascua 2014

Otro Defensor

Pascua6 A

Cuando se estaba despidiendo de sus discípulos durante la Última Cena, Jesús les hizo una promesa: que el Padre les enviaría otro Paráclito. Se refería al Espíritu Santo. Paráclito significa defensor, consejero, el que viene en auxilio, el que ayuda. Si les ofreció otro Defensor quiere decir que ya tenían uno. Era Él mismo. Jesús es el primer Defensor de sus discípulos, el primero que aconseja, el primero que auxilia, el primero que ayuda. Es porque Él es el Buen Pastor.

Otro Defensor

Textos: Hch 8, 5-8. 14-17; 1 Pe 3, 15-18; Jn 14, 15-21.

Pascua6 A

Cuando se estaba despidiendo de sus discípulos durante la Última Cena, Jesús les hizo una promesa: que el Padre les enviaría otro Paráclito. Se refería al Espíritu Santo. Paráclito significa defensor, consejero, el que viene en auxilio, el que ayuda. Si les ofreció otro Defensor quiere decir que ya tenían uno. Era Él mismo. Jesús es el primer Defensor de sus discípulos, el primero que aconseja, el primero que auxilia, el primero que ayuda. Es porque Él es el Buen Pastor.

Hoy nos encontramos nuevamente con Jesús, como cada domingo. Nos reunimos para vivir y agradecer a Dios su presencia, ahora resucitado, entre sus discípulos. Estamos alrededor de la Mesa como estaban en aquella noche. Hoy no se está despidiendo sino que está entre nosotros permanentemente. Pero nos recuerda lo mismo: el don del Espíritu Santo y el mandamiento nuevo del amor. Nos pide aceptar y cumplir sus mandamientos, como signo de que lo amamos.

Jesús sabía que se iba a despedir, primero para ir a la cruz y luego para regresar a su Padre. Y sabía lo que significan las despedidas en la vida humana. Por eso, para consolar a sus amigos, les prometió a Alguien que iba a sustituirlo, a realizar el pastoreo con ellos, a alimentarlos, a sostenerlos en la misión. Por eso dijo que no los iba a dejar desamparados. Todos sabemos lo que significa el desamparo, como cuando los hijos pierden a sus papás y quedan huérfanos.

Jesús habló del Espíritu como el Espíritu de la verdad. En otro momento de esta despedida les dijo lo que el Espíritu haría en su vida: enseñarles todo, recordarles lo que Él ya les había dicho, darles testimonio de Jesús, conducirlos hasta la verdad plena. Era lo mismo que Jesús había hecho con sus amigos en el tiempo de su ministerio público. Les había enseñado a servir, a sensibilizarse ante las necesidades de los sufrientes, a perdonar, a dar vida…

Jesús les había predicado del Reino de Dios, les había lavado los pies, les había pedido ser servidores de todos, les había dicho el mandamiento de amarse unos con otros. Con sus palabras y sus hechos les había dado testimonio de su Padre y del amor de Él para con todos: decía y hacía lo que le había escuchado y visto a su Padre. Poco a poco los había llevado por el camino de la verdad. De hecho Jesús se identificó con ellos como el Camino, la Verdad y la Vida.

A partir de la llegada del otro Defensor, ellos, ya con la responsabilidad de la misión sobre sus hombros, podrían caminar. Eso nos alcanza a nosotros. Hoy somos los responsables de la misión y tenemos la obligación de realizarla, viviendo de la misma manera que Jesús. Quien nos asiste, aconseja, recuerda, auxilia, es el Espíritu Santo que recibimos en el Bautismo. Bajó sobre nosotros como descendió sobre los samaritanos de la primera lectura. Es para cumplir la misión.

La misión tiene como centro y compromiso la vivencia del mandamiento del amor. Jesús vivió amando, predicó el amor hacia los demás, entregó su vida por amor. Así nos enseñó a realizar la misión. Por eso dice que quien lo ama acepta sus mandamientos y los cumple; no sólo los sabe sino que los cumple. Es el primer modo de anunciar el Evangelio, pues se trata del testimonio de vida. El Espíritu Santo es precisamente el que sostiene en este esfuerzo diario.

Sucede que a veces no sabemos qué decir o qué hacer ante situaciones, sobre todo si pensamos en decirlo o hacerlo de acuerdo al Evangelio; para pelear o agredir nos sobra. No olvidemos que contamos con el Espíritu Santo, el otro Defensor que Jesús y el Padre nos han dado. Pidamos a Dios que lo dejemos actuar a través de nuestra persona, que nos dejemos aconsejar y ayudar por Él. Al comulgar, renovemos nuestra unión con Jesús por medio de su Espíritu.

25 de mayo de 2014

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