Homilía para el 5º domingo de Pascua 2018

Permanecer unidos a Jesús

Pascua5 B 18

Jesús pidió a sus discípulos permanecer unidos a Él para dar fruto abundante, como acabamos de escuchar en el texto del evangelio. Estas palabras las dijo durante la Última Cena, después de lavarles los pies y pedirles que hicieran lo mismo para que vivieran como discípulos suyos. Ahí mismo les dio el mandamiento nuevo de amarse unos con otros como Él los ha amado. Todas estas palabras son para nosotros hoy, que nos hemos reunido a la celebración dominical.

Permanecer unidos a Jesús

Textos: Hch 9, 26-31; 1 Jn 3, 18-24; Jn 15, 1-8

Pascua5 B 18

Jesús pidió a sus discípulos permanecer unidos a Él para dar fruto abundante, como acabamos de escuchar en el texto del evangelio. Estas palabras las dijo durante la Última Cena, después de lavarles los pies y pedirles que hicieran lo mismo para que vivieran como discípulos suyos. Ahí mismo les dio el mandamiento nuevo de amarse unos con otros como Él los ha amado. Todas estas palabras son para nosotros hoy, que nos hemos reunido a la celebración dominical.

Dios, que es el Viñador, espera de nosotros muchos frutos, los mismos que dio su Hijo Jesús: la hermandad, la justicia, el perdón, la compasión, la entrega de la vida. Y su gloria consiste en que demos mucho fruto, como dice la frase con que termina el texto de Juan. Para ayudarnos a tomar conciencia de esto, Jesús utilizó la comparación de la vid y los sarmientos. Jesús es la vid y nosotros los sarmientos o ramas. Una rama separada del tronco, se seca y no da fruto; tiene que estar siempre pegada al tronco. No puede desprenderse y volverse a pegar.

La razón por la que se seca es que la savia deja de correr por ella cuando es arrancada del tronco. La savia recorre desde la punta de las raíces hasta la punta de las hojas, flores o frutos; va y viene, sube y baja. Es como la sangre en nosotros. La savia es el alimento de todo el árbol o de toda la planta. En la relación de los discípulos con Jesús, esa savia es el Espíritu Santo. Si corre por nuestra vida personal, por la vida de las familias, por la vida de los barrios, entonces podremos tener los mismos nutrientes, recibir la misma vida y mantenernos con vida hasta fructificar.

No podemos desprendernos de Jesús porque nos secaríamos, como sucede con una rama separada del trono, y no llegaríamos a dar fruto. Aunque en la práctica muchos miembros de la Iglesia han dejado su unión con Jesús. ¿Cuántos bautizados no tienen el encuentro con Él, incluso por años? Nosotros mismos, ¿cuánto tiempo le dedicamos a Jesús? Por eso, nuestra comunidad parroquial está casi seca, casi no producimos los frutos que dio Jesús. Pensamos que basta con unir un ratito las ramas al tronco y que con eso van a dar fruto. Y no es así.

Si una rama es desprendida del tronco, se seca casi inmediatamente. Si esa rama se pega al tronco a los días o meses un ratito, no recibe ya la savia. En la práctica así nos está sucediendo. En el Bautismo las criaturas quedan unidas a Jesús y comienza a correr el Espíritu Santo por dentro de ellas. Pero al paso del tiempo se les separa de Jesús, sus papás no les hablan de Él, no les leen ni les explican el Evangelio, no los acercan a la comunidad, no los enseñan a orar, no los llevan a las celebraciones comunitarias. Se secan como bautizados. A los diez años se decide acercarlos a la Primera Comunión, porque “ya tienen la edad”; y se pegan un poquito a Jesús. Pero luego pasan dos o tres años sin volver a recibir nada para mantenerse unidos a Jesús y se piensa en la Confirmación. Si esto sucede, se les pega otro ratito a Jesús. ¿Y después? Ahí termina la cosa. Como que ya se cumplió. Y nada hay de fruto en la comunidad.

Si nos alejamos de Jesús, en nuestras familias y comunidad fácilmente corre la savia del alcohol, la droga, el rencor, la venganza, la injusticia, las tranzas, la ambición por el dinero… y no la savia del Espíritu Santo que recibimos de Jesús. Tomemos conciencia de la invitación de Jesús a permanecer unidos a Él para dar mucho fruto. Que nuestra vida familiar y comunitaria garanticen la permanente unión al Señor. Que no seamos bautizados de momentos sino de proceso continuo de fe vivido en la comunidad y fortalecido por el encuentro con Jesús.

29 de abril de 2018

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