Homilía para el 4º domingo de Adviento 2013

Discernir

Textos: Is 7, 10-14; Rm 1, 1-7; Mt 1, 18-24.

Adv4 A 14 001

Estamos reunidos para celebrar la Eucaristía en el domingo previo a la Navidad. Este domingo está dedicado a resaltar y agradecer a Dios la figura de la Virgen María. Hoy se nos presenta el testimonio de María desde la experiencia de san José. Ella ya estaba embarazada de un Hijo que él no había engendrado y José, a quien san Mateo describe como hombre justo, se encontraba en aprietos, pues no sabía qué hacer. Antes de tomar una decisión se puso a discernir.

Discernir

Textos: Is 7, 10-14; Rm 1, 1-7; Mt 1, 18-24.

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Estamos reunidos para celebrar la Eucaristía en el domingo previo a la Navidad. Este domingo está dedicado a resaltar y agradecer a Dios la figura de la Virgen María. Hoy se nos presenta el testimonio de María desde la experiencia de san José. Ella ya estaba embarazada de un Hijo que él no había engendrado y José, a quien san Mateo describe como hombre justo, se encontraba en aprietos, pues no sabía qué hacer. Antes de tomar una decisión se puso a discernir.

Discernir consiste en distinguir una cosa de otra, aclarando las diferencias y valorando cuál es la de más importancia. Esto es necesario antes de tomar decisiones en la vida. A veces uno cuenta con la ayuda de otra u otras personas, a veces no; pero tomar las decisiones sí le toca a uno. Ante la situación de la Virgen, José tuvo que hacer este proceso. En eso estaba cuando se le presentó el ángel para comunicarle el proyecto de Dios e invitarlo a que lo asumiera.

El ángel le ayudó a completar su discernimiento. José tenía varias opciones. La que le impulsaba a hacer su corazón, la que le sugería la ley y la que Dios le pedía. Cuando supo lo del embarazo, primero no creía; así nos sucede siempre ante lo que nunca nos imaginamos ni prevemos. Aparece la incertidumbre: “No creo, no creo”. Luego fue comprobar el hecho y, al constatar que sí estaba esperando un Hijo, quizá el deseo de desquite, de aplicarle toda la ley, etc.

María había tomado sola su decisión. Tuvo que haber discernido antes de aceptar en su corazón, y luego en su vientre, al Hijo de Dios. No le consultó a José. Ella se arriesgó y asumió las consecuencias de su decisión y una era la reacción de su esposo; otra, lo que dirían sus familiares y vecinos; y otra, lo que marcaba la ley. Por ley ella debía ser apedreada por adúltera, pues había faltado a su compromiso al estar esperando un Hijo no engendrado por su esposo.

José sabía de esta ley y seguramente le pasó por su mente. Podía hacer un escándalo, denunciarla públicamente, sacarla a la calle, llevarla a juicio, hacer que muriera lapidada. Además tenía la posibilidad, que también le daba la ley, de darle un acta de repudio por infidelidad y abandonarla. Como era justo –justo es quien aclara lo que le pide Dios y lo obedece– y amaba a María, mejor decidió dejarla en secreto para que ella no sufriera ni fuera señalada o condenada.

Cuando había tomado esta decisión, Dios le comunicó su proyecto a través del ángel. Fue lo que escuchamos en la narración evangélica. Le aclaró que el Hijo que estaba esperando era obra del Espíritu Santo, le pidió llevarse a María a su casa, asumir como propio al Hijo y darle el nombre y el apellido, y educarlo. Además, le dijo que con este hecho se estaba cumpliendo la profecía de Isaías, que una virgen concebiría y daría a luz al Emmanuel, el Dios-con-nosotros.

Lo que el ángel le pidió fue que aceptara en su corazón al Hijo que María llevaba en su vientre y luego lo recibiera en su casa, al llevarse a su esposa. José aclaró que eso era lo que Dios le pedía y eso realizó. En su discernimiento aclaró que era más importante el proyecto de Dios que lo que decía la ley judía y que lo que humanamente pide el corazón. Al decidirse a realizar lo que le pedía el ángel, apareció como justo. De él y de María podemos aprender en nuestra vida.

Necesitamos discernir siempre lo que debemos hacer en la vida como personas, como cristianos, como esposos, como trabajadores, como miembros de una comunidad y de la sociedad civil. Ante lo que dictan los impulsos humanos y ante lo que permiten las leyes, antes de tomar una decisión es necesario tener en cuenta el proyecto del Reino de Dios que Jesús nos revela. Recibamos a Jesús en nuestro corazón, como José y María, para recibirlo en la Comunión.

22 de diciembre de 2013

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