Homilía para el 3er domingo ordinario 2020

Responder a la Palabra de Dios
Este domingo de la Palabra de Dios nos encontramos con el inicio de la misión de Jesús. Él es la Palabra de Dios que debemos escuchar, personalmente y como comunidad, porque todo lo que el Padre nos quiere decir, nos lo ha hecho saber a través de su Hijo. Al decir escuchar no es sólo lo que Él dijo con sus palabras, sino también el estilo de vida que llevó y lo que realizó con sus hechos.

Responder a la Palabra de Dios

Textos: Is 8, 23-9, 3; 1 Cor 1, 10-13. 17; Mt 4, 12-23

Este domingo de la Palabra de Dios nos encontramos con el inicio de la misión de Jesús. Él es la Palabra de Dios que debemos escuchar, personalmente y como comunidad, porque todo lo que el Padre nos quiere decir, nos lo ha hecho saber a través de su Hijo. Al decir escuchar no es sólo lo que Él dijo con sus palabras, sino también el estilo de vida que llevó y lo que realizó con sus hechos.

Jesús comenzó su misión en Galilea, tierra considerada de paganos de parte de los judíos. Así lo dice san Mateo al recordar el pasaje de Isaías que escuchamos en la primera lectura. Jesús se convirtió en luz para todos los pueblos de la tierra. Su presencia y su palabra fueron luz para sus vidas. De hecho, gran parte de su ministerio lo realizó en Galilea. Allí lo comenzó y allí lo terminó, cuando envió a sus discípulos a ir por todo el mundo a llevar el Evangelio y les pidió hacer discípulos de todos los pueblos. Los paganos fueron capaces de escucharlo, seguirlo y aceptar la vida del Reino. Los judíos, por el contrario, se cerraron a su luz y permanecieron en las tinieblas.

La primera predicación de Jesús consistió en un llamado a la conversión. Es necesario cambiar de vida para recibir el Reino de Dios. Con Jesús llegó este reinado. Esta llamada se nos repite hoy, a nosotros bautizados. La mayoría de los miembros de la Iglesia vive distante del Reino, sin hacer caso a las enseñanzas y testimonio de Jesús, lejos del Evangelio. En este sentido, no alcanzamos a llegar al nivel de Galilea, tierra de paganos que sí supo acoger su persona y su mensaje. Por eso la llamada a la conversión está dirigida a los bautizados, para que nos abramos a la vida del Reino.

En el Evangelio aparece otra palabra de Jesús, que fue escuchada y atendida inmediatamente, también en la región de Galilea. Caminando por la orilla del mar invitó a cuatro pescadores a seguirlo. Ellos, que eran discípulos del Bautista, ya estaban en su proceso de conversión para recibir al Mesías y, al escuchar la invitación, dejaron todo para irse con Él. No dudaron. Al ser llamados, inmediatamente hicieron caso y respondieron a la llamada al seguimiento de Jesús. No se hicieron como muchos de nosotros que, al ser llamados para algo de la comunidad: una reunión, una celebración, un servicio, decimos: “Ahí voy”, y no vamos. O, simplemente, decimos que no tenemos tiempo. Si para eso fuimos bautizados, para seguir a Jesús y para vivir en comunidad.

La Palabra de Dios, o sea, Jesús, recorrió toda Galilea, como dice san Mateo, predicando el Evangelio del Reino de Dios y curando a la gente de sus dolencias. Con esto, Jesús nos dice lo que tiene que ser nuestra vida de discípulos: anunciar el Evangelio, ser instrumentos al servicio de la Palabra de Dios con nuestras palabras y nuestros hechos. Lo que hacía Jesús es lo mismo que debemos realizar, porque en el Bautismo recibimos su vida y su misión. Esto de la predicación de la Palabra de Dios y de la curación de las dolencias de los enfermos y sufrientes de la comunidad, está ligado íntimamente a la condición de bautizados. Para eso fuimos bautizados y confirmados, y para eso hicimos la Primera Comunión y nos alimentamos del Cuerpo y la Sangre de Jesús. De otro modo no tiene sentido recibir estos sacramentos, que son los de la Iniciación cristiana.

Así es que este Domingo de la Palabra de Dios tenemos la oportunidad de renovar nuestro compromiso de estarla escuchando permanentemente. Trajimos en procesión la Biblia y todos la tenemos en nuestra casa; es para leerla, reflexionarla, meditarla y traducirla a los hechos. La Palabra de Dios, que es Jesús, nos llama nuevamente a la conversión para entrar en la vida del Reino y nos recuerda que en el Bautismo nos llamó a seguirlo. Espera que aceptemos su invitación, tanto a la conversión como al seguimiento en su vida y misión. Ojalá que le respondamos inmediatamente.

26 de enero de 2020

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