Homilía para el 3er domingo ordinario 2015

Llamados a la conversión

Ord3 B 15

Este domingo los textos bíblicos nos recuerdan que estamos llamados a la conversión. Esta es necesaria en la vida del pueblo de Dios, pues expresa con claridad de que se quiere vivir de acuerdo a su proyecto de salvación. El texto de Jonás nos da testimonio de los habitantes de Nínive que, escuchando la voz del profeta, decidieron dejar su mala vida y realizar obras buenas. En la primera predicación de Jesús narrada por san Marcos hay una llamada a convertirse.

Llamados a la conversión

Textos: Jon 3, 1-5. 10; 1 Cor 7, 29-31; Mc 1, 14-20.

Ord3 B 15

Este domingo los textos bíblicos nos recuerdan que estamos llamados a la conversión. Esta es necesaria en la vida del pueblo de Dios, pues expresa con claridad de que se quiere vivir de acuerdo a su proyecto de salvación. El texto de Jonás nos da testimonio de los habitantes de Nínive que, escuchando la voz del profeta, decidieron dejar su mala vida y realizar obras buenas. En la primera predicación de Jesús narrada por san Marcos hay una llamada a convertirse.

Reconocer esta dimensión de nuestra vida cristiana nos preparará para recibir a Jesús en la Comunión sacramental. Cuando Él inició su ministerio llamó a sus oyentes a la conversión. La razón era la cercanía del Reino de Dios, que Él iba a anunciar con sus palabras y a hacer presente con sus hechos. Dijo que el Reino ya estaba cerca; de hecho venía con Él. Todo lo que iba a decir y a realizar hasta la cruz sería para hacer presente el reinado de Dios en el mundo.

El Reino no se puede recibir si no se hace el proceso de conversión. Convertirse significa cambiar el corazón: dejar el corazón endurecido para hacerlo blandito, cambiar el corazón de piedra por uno de carne, dejar de pensar y vivir sólo como humanos para pensar y vivir como Dios. Fue lo que hicieron los ninivitas. Ellos dejaron sus malas acciones y comenzaron a realizar buenas obras. Esto concluyó en que no fueron castigados por Dios, como les había anunciado.

A los judíos, el antiguo pueblo de Dios, que continuamente se olvidaban de la Alianza y no vivían en la hermandad, que se olvidaban del pobre, el huérfano y la viuda; que ignoraban al extranjero, que buscaban otros dioses, el Señor les pedía ser hermanos, vivir en la justicia y atender con cuidado al pobre. Donde se viven estas dimensiones, ahí reina Dios, porque su pueblo se mantiene en el cumplimiento de la Alianza y Él sigue presente en la vida de su pueblo.

La conversión fue básica para recibir el Reino que Jesús comenzaba a anunciar. El siguiente paso sería creer en el Evangelio. Y Jesús es el Evangelio, como expresa san Marcos al comenzar su narración evangélica; en el primer versículo dice que va a hablar del Evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios. Esto quiere decir que el cambio de corazón está en función de recibir a Jesús, su persona, su mensaje, su proyecto, sus actitudes, su estilo de vida y su destino: la cruz.

¡Cómo nos hace falta dar estos pasos en nuestra vida cristiana! Estamos bautizados, pero si vemos bien, nuestra vida es muy distante de lo que Jesús nos propone. Todo el ambiente de violencia, guerras, injusticia, pobreza, desigualdades, rencores, venganzas, falta de hermandad, es signo de que, aunque la mayoría somos bautizados, no vivimos como tales. Todo eso se cultiva en el corazón y se ocupa cambiarlo para diseñar y vivir en la justicia y la hermandad.

Para aceptar el Reino y recibir a Jesús es necesaria la conversión. Esto es lo que debe resonar hoy en nuestros oídos y tener eco en nuestro corazón. Abrámonos a la invitación de Jesús a cambiar de vida. Reconozcamos que somos colaboradores en muchas injusticias, en hechos de violencia –intrafamiliar, comunitaria, laboral o social–, en situaciones de sufrimiento. Reconozcamos esto porque viene otro momento vital: la experiencia de seguir a Jesús.

A quienes han escuchado y aceptado la invitación a la conversión, Jesús los llama a seguirlo para colaborar con Él en la misión de pescar personas para la causa del Reino, como aquellos primeros cuatro pescadores. En esta celebración Jesús viene sacramentalmente para alimentarnos con su Cuerpo y su Sangre. Es el alimento necesario para mantenernos en la misión. Reconozcamos la necesidad de vivir la conversión para recibirlo a Él y aceptar el Reino de Dios.

25 de enero de 2015

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