Homilía para el 33er domingo ordinario 2015

Dar esperanza

Ord33 B 15

Jesús invita a sus discípulos a estar atentos, a no perder la esperanza, a confiar en su Palabra. Ante las dificultades de la misión, ante los conflictos de relación entre personas y pueblos, ante las situaciones provocadas por los mismos humanos, Él se presenta como la fuerza, la luz y la esperanza. Hoy que nos reunimos para celebrar su Resurrección y alimentarnos de su Cuerpo y Sangre, podemos renovar nuestra confianza en Él para dar esperanza a los demás.

Dar esperanza

Textos: Dn 12, 1-3; Hb 10, 11-14. 18; Mc 13, 24-32.

Ord33 B 15

Jesús invita a sus discípulos a estar atentos, a no perder la esperanza, a confiar en su Palabra. Ante las dificultades de la misión, ante los conflictos de relación entre personas y pueblos, ante las situaciones provocadas por los mismos humanos, Él se presenta como la fuerza, la luz y la esperanza. Hoy que nos reunimos para celebrar su Resurrección y alimentarnos de su Cuerpo y Sangre, podemos renovar nuestra confianza en Él para dar esperanza a los demás.

Las palabras de Jesús no son para infundir el temor en sus discípulos. Aunque hable de signos que no son los ordinarios y de los que daría miedo pensar en que nos tocara verlos, como el sol que se apaga, la luna que pierde su brillo, las estrellas que caen, el universo entero que se sacude, sin embargo no equivale a decir que hay que vivir asustados. Más bien, es para estar atentos a su llegada, porque con Él se terminan todos los imperios que dominan y arrasan.

En tiempos de Jesús y los primeros cristianos, el Imperio Romano y otros imperios también considerados poderosos y sus gobernantes, eran considerados como el sol, la luna o las estrellas. Quizás estaba diciendo que no iban a durar mucho tiempo y con su Resurrección la situación iba a cambiar. Pero para esto, Él tenía que pasar por la cruz. Con su Muerte y Resurrección trajo una vida nueva a la humanidad. Es lo que agradecemos a Dios cada domingo.

Al ofrecerse en sacrificio en la cruz, como dice la Carta a los Hebreos, Jesús hizo perfectos a los que santificó; los pecados fueron perdonados. Al resucitar y aparecer victorioso sobre la muerte, congrega a todas las personas de todos los pueblos y de todos los tiempos en un solo pueblo, fundado en la justicia, el amor, la vida. Esto contrasta con los imperios de este mundo, basados en el poder, el dinero, el dominio, la opresión, la injusticia, la exclusión, la muerte.

En nuestros días nos encontramos con muchas situaciones de estas. La pobreza, la violencia, el miedo en que vivimos, son consecuencia de ese tipo de imperios, que buscan sus propios intereses. Los muertos por los atentados en Francia el viernes pasado, y los miles de asesinados en nuestro País –que por cierto ya no nos dicen nada–, expresan la ambición que hay por el poder en personas, grupos, organizaciones y países. Además de éste, impera el mercado.

El mercado, basado en la ley de la oferta y la demanda, desecha trabajadores, jóvenes, adultos y ancianos. En su dinámica de consumo, competencia y apariencia, nos está llevando a gastar lo que no tenemos y a endeudarnos y empobrecernos más; está bien claro en la campaña del buen fin. Con tal de sacar la mayor ganancia posible, las empresas maltratan la naturaleza, porque la sobreexplotan, la envenenan, la descuidan. Esto colabora al calentamiento global.

Los discípulos y discípulas de Jesús tenemos que estar bien atentos a todos estos signos, para no caer en esa dinámica de poder, destrucción, consumo, que conduce a la muerte. Por eso nos pone el ejemplo de la higuera; hay que estar atentos y leyendo los signos. El camino que nos propone es el de la entrega, el servicio, la solidaridad, la fraternidad. En la primera lectura, el profeta Daniel describe el destino de los sabios y justos: brillarán por toda la eternidad.

Oremos al Señor para que el proyecto de Jesús sea una realidad. Que todos los humanos nos reunamos como un solo pueblo y que vivamos en la justicia, la solidaridad, el cuidado de la Creación. Que cada uno de nosotros nos identifiquemos con Jesús en la entrega para el bien de los demás. Que con nuestro testimonio de vida demos esperanza de una vida nueva y mejor para todas las personas. Con la Comunión sacramental fortalezcámonos para trabajar por esto.

15 de noviembre de 2015

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