Homilía para el 25º domingo ordinario 2105

Proyecto de vida

Ord25 B 15

Después de recibir a Jesús en palabras de san Marcos, podemos reflexionar sobre nuestra vida para prepararnos a recibirlo sacramentalmente en la Comunión. Por lo que escuchamos en el Evangelio, tanto el domingo pasado como hoy, no coincide el proyecto de vida de Jesús con el de sus discípulos. Hay que ver si no nos está pasando lo mismo. Jesús les hablaba de la entrega total de su vida hasta morir en la cruz y ellos discutían quién era el más importante de todos.

Proyecto de vida

Textos: Sb 2, 12. 17-20; St 3, 16-4, 3; Mc 9, 30-37.

Ord25 B 15

Después de recibir a Jesús en palabras de san Marcos, podemos reflexionar sobre nuestra vida para prepararnos a recibirlo sacramentalmente en la Comunión. Por lo que escuchamos en el Evangelio, tanto el domingo pasado como hoy, no coincide el proyecto de vida de Jesús con el de sus discípulos. Hay que ver si no nos está pasando lo mismo. Jesús les hablaba de la entrega total de su vida hasta morir en la cruz y ellos discutían quién era el más importante de todos.

Esta era la segunda vez que Jesús les anunciaba su Pasión, Muerte y Resurrección. La primera la escuchamos y reflexionamos hace ocho días, después de la pregunta que les hizo sobre lo que la gente y ellos decían de Él. Esa vez les dijo que era necesario que padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, que fuera entregado a la muerte y que resucitara al tercer día. Pedro lo quería apartar de este proyecto porque el suyo era otro.

La segunda vez que les comentó lo de su Pasión, Jesús les dijo que iba a ser entregado en manos de los hombres, le darían muerte y resucitaría tres días después. Esta era la orientación de su servicio al Reino, era lo que le esperaba como consecuencia de obedecer fielmente a su Padre, era el final de su proyecto; y lo asumió con decisión. Esto fue lo que les comunicó a sus discípulos mientras iban por el camino. Un proyecto de vida con un final nada agradable.

Sus discípulos tenían un proyecto distinto, a pesar de lo que iban viendo y escuchando de Jesús; como que lo que Jesús les presentaba no les interesaba porque no respondía a lo que ellos esperaban. O sea que no era solamente Pedro el que no quería que Jesús fuera por ese camino, sino ninguno. Pedro no concebía a un Mesías derrotado, crucificado, empequeñecido. El grupo de discípulos tampoco y por eso no querían que les siguiera hablando de su Pasión y Muerte.

El proyecto de los discípulos andaba más bien por el lado del poder y los puestos. Dice el evangelista que por el camino discutían quién era el más importante de entre ellos. Curioso: mientras Jesús les hablaba de su entrega hasta la cruz, sus discípulos discutían sobre su poder sobre los demás. Y, como dice Santiago, donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de obras malas. Quien busca poder y puestos, hace hasta lo imposible por conseguirlos.

Esto del poder, los puestos, el dominio sobre los demás, no forma parte del proyecto de Jesús; mucho menos debería estar en el de sus discípulos y discípulas. Si esto lo tuviéramos claro todos los bautizados, el mundo, nuestro País, nuestras comunidades y familias, andarían de otra manera. Por eso, ante las luchas por el poder presentes en su comunidad, Santiago les pedía ser pacíficos, sembrar la paz, esperar la justicia. ¡Cuánto tenemos que mejorar en nuestra vida!

Lo que hizo Jesús con sus discípulos cuando ya estaban en casa, fortalecía más su proyecto personal y les planteaba con claridad por dónde debería andar el de ellos. En la comunidad de seguidores de Jesús si alguien quiere ser importante, tiene que convertirse en servidor de todos; si alguien desea aparecer como el primero, debe hacerse el último de todos; quien aspire a estar por arriba de los demás, tiene que colocarse por debajo de todos para servirles.

¿Por dónde anda nuestro proyecto de vida? ¿Se parece al de Jesús? ¿Estamos asumiendo la Pasión y la Cruz como algo central en nuestra vida cristiana? ¿O más bien, buscamos los puestos, los mejores lugares, que nos sirvan, aparecer por encima de los demás, y hacemos la guerra abierta o veladamente contra los demás, sea en la propia familia, en el trabajo, en la comunidad? Dispongámonos a recibir sacramentalmente a Jesús para entregar nuestra vida como Él.

20 de septiembre de 2015

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