Homilía para el 25º domingo ordinario 2013

Administrador astuto

Textos: Am 8, 4-7; 1 Tim 2, 1-8; Lc 16, 1-13.

Ordinario 25 C 001

En el texto del Evangelio de este domingo, Jesús nos platica la historia de un administrador astuto. Al dirigirse a sus discípulos, sus palabras y su enseñanza, su advertencia y su consejo, son también para nosotros, que nos hemos reunido hoy para la celebración de la Eucaristía. Jesús remarca la astucia del administrador, que vivía dando culto al dinero y no a Dios; pero reprueba sus injusticias y la manera de querer justificarlas. Esto nos ayuda a revisar nuestra vida.

Administrador astuto

Textos: Am 8, 4-7; 1 Tim 2, 1-8; Lc 16, 1-13.

Ordinario 25 C 001

En el texto del Evangelio de este domingo, Jesús nos platica la historia de un administrador astuto. Al dirigirse a sus discípulos, sus palabras y su enseñanza, su advertencia y su consejo, son también para nosotros, que nos hemos reunido hoy para la celebración de la Eucaristía. Jesús remarca la astucia del administrador, que vivía dando culto al dinero y no a Dios; pero reprueba sus injusticias y la manera de querer justificarlas. Esto nos ayuda a revisar nuestra vida.

El administrador se estaba aprovechando de su trabajo para su propio beneficio. De hecho, la acusación era de estar malgastando los bienes de su patrón. Como que toda la vida se había dedicado a hacer tranzas, a enriquecerse, a sacar ventaja de los demás. ¿No estaremos así, en esta misma situación? Él no sabía trabajar pero sí sabía tranzar. Lo reconoció cuando se puso a pensar qué hacer porque se iba a quedar sin chamba. Ahí le apareció nuevamente lo astuto.

Aparentemente iba a ayudar a los deudores de su patrón. Iba a aparentar ser bueno y generoso. Pero no. Él nada iba a perder, puesto que les perdonó lo que le debían a su amo; y los otros recibos, uno por cincuenta barriles de aceite y otro por ochenta sacos de trigo, era lo que él ya había diseñado sacar de ventaja del préstamo. Eso era lo que él iba a dejar de ganar, pero no iba a darles más. Su patrón le reconoció su habilidad para sacar provecho de la situación.

El asunto de fondo era el amor al dinero, al grado de ponerlo en el lugar de Dios. El administrador había convertido al dinero en su dios, pues lo tenía como el centro de su vida, le había dedicado su persona, le rendía culto, le estaba sacrificando a los trabajadores de su patrón. Y Dios ha reprobado siempre a quien busca al pobre para exprimirlo, para hacer negocio con él, para aprovecharse de su situación, como escuchamos en la denuncia del profeta Amós.

En la enseñanza que da a sus discípulos, Jesús termina aclarando que no se puede servir a Dios y al dinero. Si se atiende a uno, necesariamente se descuida al otro; o se odiará a uno y se amará al otro, o se apegará al que se crea más importante y se despreciará al que se considere menos importante, como dice Jesús. Esto nos lleva a preguntarnos si el centro de nuestra vida es Dios, al que Jesús revela como Padre misericordioso, o el dinero que se convierte en dios.

A Dios se le sirve atendiendo al pobre, se le rinde culto sirviendo al pobre, se le honra tendiendo la mano a quien pasa necesidad, se le hace una ofrenda cuando compartimos nuestra persona y nuestros bienes. Esto implica no vivir en la injusticia, haciendo tranzas con los demás, abusando de los sencillos y, además, tener en nuestro corazón a los pobres. Quien aparenta ser bueno y da de lo que le ha quitado a los pobres, está igual que el administrador de la parábola.

Hoy tenemos una oportunidad para vivir la solidaridad y, de esta manera, rendirle culto a Dios. Ante la situación de desastre provocada por las lluvias, en la cual se destapan muchísimas situaciones de injusticia, se nos invita a ser solidarios. Aunque no aparece en las noticias a nivel nacional, en muchas comunidades de nuestra Diócesis hay daños: caminos cortados, poblaciones incomunicadas, casas inundadas, familias desalojadas. Veamos qué cosas concretas hacer.

Al comulgar, que es el momento principal de esta celebración, renovemos nuestra comunión con Dios. Asumamos el compromiso de dejar de cometer injusticias y tranzas, si las estamos realizando, pues no se puede abusar de los demás y comulgar. Sabiendo de las necesidades de los damnificados por las lluvias, renovemos la tarea de ser solidarios para vivir la comunión con los demás. Vayamos a rendir culto no al dinero, como el administrador astuto, sino a Dios.

22 de septiembre de 2013

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