Homilía para el 21er domingo ordinario 2021

Al ver que muchos de sus discípulos, escandalizados, lo abandonaron, Jesús lanzó una pregunta a los Doce, que es para nosotros hoy: “¿También ustedes quieren dejarme?”.

Pregunta para definirnos

Textos: Jos 24, 1-2. 15-17. 18; Ef 5, 21-32; Jn 6, 55. 60-69

Al ver que muchos de sus discípulos, escandalizados, lo abandonaron, Jesús lanzó una pregunta a los Doce, que es para nosotros hoy: “¿También ustedes quieren dejarme?”. Es una pregunta orientada a hacer que las personas que se consideran discípulos suyos se definan, ya que no hay otra opción: o seguirlo o largarlo. Dejar que el Señor nos cuestione nos ayuda a prepararnos para recibirlo en la Comunión y para seguirlo en su proyecto por el Reino.

El estilo de vida de Jesús y su propuesta de trabajar por el Reino de Dios provocó el enojo de las autoridades religiosas de los judíos, la preocupación de sus familiares que llegaron a considerarlo un loco y la decepción de un buen número de discípulos que, como escuchamos en el evangelio, consideraron inaceptables sus palabras. Se escandalizaron de Jesús porque dijo que su carne es verdadera comida y su sangre verdadera bebida. Los domingos anteriores hemos escuchado y reflexionado el discurso sobre el Pan de la Vida, en el que afirmó que Él ese Pan y que quien lo coma no morirá, sino que tendrá la vida eterna.

Las palabras de Jesús no son dulces, sino provocadoras de escándalo porque son amargas y comprometedoras. La propuesta de Jesús de anunciar y hacer presente el Reino no ofrece garantías, seguridades, vida cómoda, sino dificultades, sinsabores, cuestionamientos. Así les sucedió a aquellos discípulos que seguramente esperaban algo bonito. Escucharon que Jesús ofrecía su carne como alimento y su sangre como bebida, es decir, entregarse totalmente para dar vida, y que ellos lo comieran para ofrecer su vida juntamente con Él, y esto ya no les gustó. Su proyecto era totalmente distinto, por eso decidieron desertar.

Así sucede con la mayoría de los bautizados, que diseñan una vida cristiana cómoda, sin compromisos, sin entrega; y, cuando se les pide darse, comprometerse para el trabajo al servicio del Reino, para la construcción de la comunidad, para buscar el bien común de la sociedad, para cuidar y defender la Casa común, simplemente comienzan a renegar.

Por eso viene la pregunta de Jesús a los Doce, si también lo van a abandonar. Es una pregunta directa que los ayuda a definirse en su experiencia de seguimiento. A nombre de ellos, Simón Pedro le dijo que no tenían otra persona a quien seguir porque sus palabras dan vida eterna. Es una confesión de fe que exige el seguimiento sin vacilaciones. Es la pregunta que, aunque no con estas palabras, se les hace a los adolescentes y jóvenes que reciben el sacramento de la Confirmación. Si están decididos a seguirlo con todo, sin escandalizarse ni avergonzarse de Él, entonces tiene sentido que sean confirmados; si no, no.

Hagamos nuestra hoy esta pregunta de Jesús: “¿También ustedes quieren dejarme?”. Tener todos los sacramentos, venir a la Misa los domingos, no equivale automáticamente a estar con Jesús, a mantenernos como discípulos suyos, a estarlo siguiendo… para que no nos atengamos. Andar con Jesús es mucho más: es vivir como Él, en la austeridad y la entrega de la vida en el servicio a los demás; es anunciar con nuestras palabras y hacer presente con nuestros hechos personales y comunitarios el Reino de Dios; es no escandalizarnos ni avergonzarnos de esto. Aceptarlo en la Comunión significa estar definidos por Él.

22 de agosto de 2021

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