Homilía para el 21er domingo ordinario 2016

La puerta de la misericordia

Ord21 C 16

A Jesús le hicieron una pregunta que hoy ya nadie se hace y ni es motivo de preocupación entre los bautizados. Le preguntaron sobre la salvación y si era cierto que eran pocos los que la lograban. La respuesta que dio no fue sí o no, sino que indicó el camino para alcanzar la salvación. Dijo que hay que esforzarse por entrar por la puerta angosta. Todos sabemos lo que es luchar hasta conseguir algo. Se ocupa constancia, tenacidad, equivocarse, reiniciar, cansarse.

La puerta de la misericordia

Textos: Is 66, 18-21; Hb 12, 5-7. 11-13; Lc 13, 22-30.

Ord21 C 16

A Jesús le hicieron una pregunta que hoy ya nadie se hace y ni es motivo de preocupación entre los bautizados. Le preguntaron sobre la salvación y si era cierto que eran pocos los que la lograban. La respuesta que dio no fue sí o no, sino que indicó el camino para alcanzar la salvación. Dijo que hay que esforzarse por entrar por la puerta angosta. Todos sabemos lo que es luchar hasta conseguir algo. Se ocupa constancia, tenacidad, equivocarse, reiniciar, cansarse.

Muestras de esfuerzo las estamos viendo en estos días en los Juegos Olímpicos. Los atletas, que tienen años entrenando, compiten, luchan, se mantienen, hasta el final de la competencia. Si dejan de esforzarse, no ganan. Este modo de ubicarse es el que Jesús pide para entrar en la vida del Reino, para alcanzar la salvación. La razón, explicó, está en que la puerta es angosta. La puerta es el estilo de vida propuesto por Jesús, el de la misericordia, y que llega a la cruz.

Ser discípulo de Jesús, ser buen cristiano, tiene sus complicaciones. A veces se piensa que quien participa en la Misa del domingo, recibe la Comunión, participa en algún movimiento, reza mucho, visita el Santísimo, tiene un ministerio, entra en el convento… automáticamente tiene ganado el cielo. Y no es así. Jesús lo dijo claramente. Dios desconocerá a quienes se dedican a hacer el mal o no hacen el bien que deben, aunque vayan al templo, oigan la Palabra o recen.

No es que todo eso esté mal, sino que no es suficiente para la salvación. La oración, la escucha de la Palabra, las celebraciones, los ministerios, los movimientos, deben impulsar a vivir como Jesús, a ser misericordiosos como Él, a servir a los pobres, a perdonar a los enemigos, a atender a los enfermos y ancianos, a dar la mano a los migrantes, a consolar los tristes, a dar la vida por los demás. Este modo de vivir es precisamente lo que Jesús nombra la puerta angosta.

Hoy se hace complicado llevar este estilo de vida, puesto que el ambiente está orientado a vivir solamente el presente, a hacer únicamente lo que nos gusta, a buscar lo que haga sentir placer, a alejarse de lo que exige esfuerzo, a no interesarse por lo que no deja dinero. En esto la puerta está bien ancha. ¿Quién deja el celular para platicar con los demás? ¿Quién deja de hacer lo que está haciendo para atender a un enfermo? ¿Quién busca dar sin recibir una paga?

Jesús advierte que más bien serán otros los que entren en el Reino. Por eso no nos debemos confiar por ser católicos o atenernos a que venimos a Misa o pensar que por estar bautizados y tener los demás sacramentos ya la hicimos. Al Reino entran quienes viven la misericordia, practican la justicia, saben ser hermanos, perdonan a quienes los ofenden, dan de su tiempo y recursos para que los demás tengan una vida digna, sean de la religión o pueblo que sean.

La vida del Reino, presentada por Jesús como un banquete, está abierta a todas las personas de todos los pueblos de la tierra. Esto está expresado en los textos bíblicos proclamados este domingo. Isaías habla de que de todos los países van a traer personas –a las que llama hermanos– como ofrenda al Señor. Jesús habla no sólo de Abraham, Isaac, Jacob y los profetas sino de muchos que vendrán de los cuatro puntos cardinales de la tierra para participar en el Reino.

Pidamos a Dios la capacidad de esforzarnos para participar en la fiesta del Reino. Que no nos quedemos fuera desde hoy porque pensamos sólo en nosotros y no en los demás. Que seamos misericordiosos con los pobres, migrantes, enfermos, ancianos y todos los que sufren. Que no nos sintamos seguros como bautizados sino que nos mantengamos en el esfuerzo. Unidos a Jesús por la Comunión, sigamos luchando por entrar por la puerta angosta de la misericordia.

21 de agosto de 2016

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