Homilía para el 1er domingo de Cuaresma 2014

Respuesta ante las tentaciones

Textos: Gn 2, 7-9; 3, 1-7; Rm 5, 12-19; Mt 4, 1-11.

Cuar1 A 14

Al inicio de la Cuaresma se nos ofrece el texto de las tentaciones de Jesús. Es una narración impresionante no tanto por lo que el Diablo le ofrece a Jesús sino por la postura de Jesús ante esos ofrecimientos. Esto nos sirve para nuestra reflexión dominical y para prepararnos a la Comunión sacramental, culmen de la Eucaristía. Al igual que Jesús, todos los humanos somos tentados continuamente y los miembros de la Iglesia estamos llamados a responder como Él.

Respuesta ante las tentaciones

Textos: Gn 2, 7-9; 3, 1-7; Rm 5, 12-19; Mt 4, 1-11.

Cuar1 A 14

Al inicio de la Cuaresma se nos ofrece el texto de las tentaciones de Jesús. Es una narración impresionante no tanto por lo que el Diablo le ofrece a Jesús sino por la postura de Jesús ante esos ofrecimientos. Esto nos sirve para nuestra reflexión dominical y para prepararnos a la Comunión sacramental, culmen de la Eucaristía. Al igual que Jesús, todos los humanos somos tentados continuamente y los miembros de la Iglesia estamos llamados a responder como Él.

No hay que asustarnos por tener tentaciones en nuestra vida. Si Jesús las tuvo, nosotros con mucha mayor razón. Podemos decir que en sí no son buenas ni malas. Vistas desde la fe y en relación a nuestra experiencia de seguimiento a Jesús, más bien son necesarias. Una tentación es un ofrecimiento que una persona recibe para actuar de manera distinta a lo que Dios quiere. Así ha sucedido desde el inicio de la humanidad, como escuchamos en la primera lectura.

Quien tienta siempre es el demonio. Él es quien ofrece actuar en contra del proyecto del Reino de Dios, en contra del mandamiento principal de Jesús, que es el amor. Lo que hace es poner ante las personas cosas, situaciones, posibilidades que, de aceptarlas, llevarían al pecado, es decir, a romper con Dios y con los hermanos. Y las presenta como si fueran buenas y para el beneficio de las propias personas que son tentadas. Pero, en la práctica no es así.

Lo vemos en Adán y Eva. Ellos accedieron a lo que el demonio, en forma de serpiente, les propuso y luego descubrieron su desnudez ante Dios; rompieron con Él, al grado que después tuvieron que esconderse para no verlo. Pero Dios, como escuchamos en la segunda lectura, ofrece el perdón, la reconciliación, la vuelta a la relación, por su Hijo. La obediencia a Él, probada en el desierto y durante toda su vida –hasta la cruz– nos rehízo en la relación con Dios.

A Jesús, el tentador le propuso aprovecharse de su condición de Hijo de Dios como algo bueno para Él: convertir piedras en panes, mostrar ante todos que tenía a su servicio hasta a los ángeles, hacerse dueño de todas las riquezas del mundo. Esto le traería éxito, fama, alabanzas, dominio sobre los demás y sobre la Creación. Y Jesús no cayó en las provocaciones, sino que las aprovechó para manifestarse como Hijo obediente, decidido a cumplir la voluntad de su Padre.

La respuesta de Jesús a las propuestas del demonio no fue hacer lo que el Diablo le proponía, porque eso lo distanciaría de Dios y de los demás, lo llevaría a romper su relación con ellos; simplemente caería en el pecado. Su respuesta consistió en expresar y sostenerse en su convicción de obedecer la Palabra de Dios, de no tentar a Dios, de servirle sólo a Dios. Esto nos enseña el camino a recorrer en nuestra vida y nos muestra que se puede salir adelante.

Continuamente se nos presentan muchas tentaciones: tener dinero a como dé lugar porque da poder; usar ropa de marca, tener vehículo, celular, tableta o computadora de tales características, porque vamos a ser admirados; subir de puesto en el trabajo, porque vamos a mandar y no a obedecer y nos van a reverenciar; tener “pegue” con las mujeres o con los hombres, porque van a estar a nuestros antojos; consumir droga porque nos vamos a sentir “chidos”…

Ante estas y otras seducciones, Jesús nos enseña el camino para salir adelante: no es caer en ellas porque nos conducen al pecado, o sea, a romper con Dios y los hermanos. Se ocupa escuchar a Dios y actuar conforme a su Palabra, servirlo a Él y a los otros. Esto implica reflexión, oración, toma de conciencia, decisión, para rechazar cualquier tentación. Que la Comunión sacramental exprese y fortalezca nuestro deseo de estar en comunión con Dios y los demás.

9 de marzo de 2014

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