Homilía para el 19º domingo ordinario 2021

Los textos bíblicos de hoy nos hablan del pan que Dios nos provee para el camino.

El Pan para el camino

Textos: 1Re 19,4-8; Ef 4,30-5,2; Jn 6,41-51

Los textos bíblicos de hoy nos hablan del pan que Dios nos provee para el camino. A Elías le hizo llegar pan para que siguiera su camino y Jesús se presenta como el pan vivo bajado del cielo. Con la Eucaristía damos gracias a Dios por el regalo de su Hijo Jesús, que se revela y se ofrece como el pan que da la vida y que también espera que creamos en Él.

Todos sabemos que si un pan dura días o semanas se echa a perder y para nada aprovecha; pero si se come, quita el hambre y da fuerzas para trabajar. El profeta Elías, andaba cansado del camino y ya hasta se había desanimado en la misión, al grado de desear mejor morir, como sucede con muchas personas que, al no encontrar solución a sus problemas, quisieran la muerte. Le reclamó incluso a Dios: “Basta ya, Señor. Quítame la vida”.

Pero el Señor lo escuchó, como escucha a los pobres, a los que sufren y que, a pesar de todo, no dejan de confiar en Él, como expresa el Salmo de hoy: “el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias”. A Elías le mandó pan y agua a través de un ángel, para que se alimentara y continuara su camino. Le pidió dos veces que comiera y le dijo la razón: “come, porque aún te queda un largo camino”. Ese pan recién cocido era para que tuviera fuerzas y siguiera caminando durante cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al Monte Horeb, donde se encontró con Dios y se reanimó para seguir su misión.

Jesús se presentó como el pan vivo bajado del cielo, lo que provocó la extrañez de la gente reunida en la sinagoga de Cafarnaúm. ¿Cómo que venía del cielo si conocían a sus papás, si había nacido, crecido, convivido y trabajado entre ellos? Él aprovechó las murmuraciones para identificarse como el pan de la vida y para aclarar que quien lo coma no morirá, sino que vivirá para siempre. Jesús es el pan que sus discípulos necesitamos para el camino, para mantenernos con fuerza en la misión de anunciar y hacer presente el Reino.

Lo único que Jesús pide para tener vida es que creamos en Él y que lo comamos. Esto no se limita a confesar de palabra que creemos en Jesús y a recibirlo en la Comunión. Significa aceptarlo, convencernos de su propuesta de trabajar por hacer presente el Reino de Dios en el mundo, asumir las consecuencias que vengan por realizar esta misión. Jesús es, pues, el pan para el camino, pan que Dios nos regala para que nos alimentemos de Él y tengamos las fuerzas necesarias para anunciar y hacer presente el Reino, para trabajar en la construcción de la comunidad, para colaborar al bien común en la sociedad, para luchar porque se mantenga la armonía en la Casa común. Todo esto lo renovamos al comulgar sacramentalmente, porque es al mismo Jesús a quien recibimos hecho pan.

Pidamos a Dios que no nos falte este Pan para el camino de la vida, que no dejemos de creer en Él y su propuesta de trabajar por el Reino, que lo busquemos permanentemente para alimentarnos de Él, que lo comamos para tener vida digna y para luchar porque esa vida se manifieste en medio de la realidad de pandemia, violencia, empobrecimiento… en que vivimos. Preparémonos para vivir el encuentro sacramental con Jesús, recibiéndolo en el pan consagrado, y para que, con la fuerza que da, sigamos nuestro caminar en la misión.

8 de agosto de 2021

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