Homilía para el 16º domingo ordinario 2013

Dedicar tiempo para escuchar a Jesús

Textos: Gn 18, 1-10; Col 1, 24-28; Lc 10, 38-42.

Ordinario 16 C 001

Estamos reunidos para celebrar la Eucaristía en el Día del Señor. Jesús viene a visitarnos, como a María y Marta, hermanas de Lázaro, sus amigos. En los textos bíblicos que se han proclamado Dios nos invita a escuchar su Palabra. Abraham escuchó a Dios, le dedicó tiempo cuando lo visitó en esas tres personas; Pablo lo escuchaba en su vida y luego anunciaba a los demás el Evangelio. María, cuando Jesús estuvo en su casa, también le dedicó su tiempo para escucharlo.

Dedicar tiempo para escuchar a Jesús

Textos: Gn 18, 1-10; Col 1, 24-28; Lc 10, 38-42.

Ordinario 16 C 001

Estamos reunidos para celebrar la Eucaristía en el Día del Señor. Jesús viene a visitarnos, como a María y Marta, hermanas de Lázaro, sus amigos. En los textos bíblicos que se han proclamado Dios nos invita a escuchar su Palabra. Abraham escuchó a Dios, le dedicó tiempo cuando lo visitó en esas tres personas; Pablo lo escuchaba en su vida y luego anunciaba a los demás el Evangelio. María, cuando Jesús estuvo en su casa, también le dedicó su tiempo para escucharlo.

Ahorita se ha proclamado la Palabra de Dios, que nos prepara a recibir sacramentalmente a su Hijo, pero la escucha no debe quedarse en este rato de la celebración sino que tiene que ser algo permanente en nuestra vida. De modo especial debemos atender a Jesús, que nos habla en los evangelios. Esto implica dedicarle el tiempo necesario en medio de las tareas, los quehaceres de la casa, el trabajo, la escuela, las ocupaciones ordinarias en la sociedad.

Hay que saber dar tiempo para encontrarse con Jesús. La escucha es personal. La escucha es también como familia; y en la familia se tiene que hacer como pareja, como esposos; y luego los esposos junto con sus hijos. Y la escucha hay que vivirla en los espacios de comunidad, es decir, con los vecinos, con las vecinas; los niños y niñas en la catequesis, los adolescentes y jóvenes en sus espacios propios. Los adultos también en sus reuniones comunitarias.

Tenemos muchas oportunidades para recibir a Jesús, encontrarnos con Él y escucharlo sin prisas. Y esto es lo que nos pide Dios en su Palabra: que aprendamos a dedicar el tiempo necesario para escuchar a Jesús. Pero no se trata de escucharlo por escucharlo, sino que tiene una finalidad. Primero, acomodar nuestra propia vida. Personalmente tenemos cosas que mejorar; el proceso de la conversión es permanente en la vida cristiana. Y luego, para salir a la misión.

Para eso se ocupa dedicar tiempo a la escucha de la Palabra. Pablo se reconocía ministro de la Iglesia para predicar por entero el mensaje de Dios. Entonces hay que escuchar la Palabra para vivir el proceso de conversión y para predicar el Evangelio. Esas dos dimensiones. Y es necesario que descubramos y aprendamos a encontrarnos con el Señor, sobre todo en medio de nuestro mundo que nos ofrece muchas palabras, muchos mensajes, muchas invitaciones.

¿Cómo hacer para que en nuestras familias se aprenda a dedicar el tiempo necesario a la escucha de la Palabra en medio de las ocupaciones ordinarias? Y, además, para que esto se realice por opción, es decir, que sea algo libre y voluntario, no forzado o impuesto, ni como condición para recibir un sacramento. Primeramente de parte de nosotros los adultos, de modo que cuando los niños se hagan adolescentes y luego jóvenes lo vivan como algo ordinario.

Entonces se hace necesario estar convencidos en las familias de la necesidad de encontrarnos con Jesús para conocer su proyecto al servicio del Reino, descubrir su mandato, aclarar el estilo de vida que tenemos que llevar como discípulos suyos. Y que esto lleve a nuestros niños, adolescentes y jóvenes a aclarar su misión como miembros de la Iglesia, a aclarar qué tienen que hacer en la vida según la vocación a la que el Señor los llame.

Hoy Jesús nos visita de manera sacramental. Lo recibimos en nuestra persona, le dedicamos tiempo para escucharlo en el Evangelio y alimentarnos de su Carne y Sangre. Que este encuentro dominical nos fortalezca para ser como Pablo, misioneros, y que tanto en la familia como en la comunidad y en los espacios de trabajo, dediquemos tiempo a la predicación del Evangelio. Que seamos sus testigos con nuestros hechos y con nuestras palabras.

21 de julio de 2013

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