Homilía para el 15º domingo ordinario 2021

El texto del evangelio de este domingo –el envío de los Doce a la misión–, nos ayuda a ubicarnos en el comienzo del Año jubilar que vivimos como preparación a la celebración de los 50 años de nuestra Diócesis.

Renovar nuestro ser discípulos misioneros

Textos: Am 7,12-15; Ef 1,3-14; Mc 6,7-13

El texto del evangelio de este domingo –el envío de los Doce a la misión–, nos ayuda a ubicarnos en el comienzo del Año jubilar que vivimos como preparación a la celebración de los 50 años de nuestra Diócesis. También nos ayuda a disponernos para recibir sacramentalmente a Jesús en la Comunión, pues el sentido de comulgar es alimentarnos para la misión.

Jesús envió a los Doce a la misma misión que Él iba realizando: anunciar y hacer presente el Reino de Dios. Esta es la misión que tenemos como Iglesia y a la cual debemos volver, animados por el Jubileo. Para que los Doce pudieran realizar la misión encomendada, Jesús les compartió el poder con que Él expulsaba el mal de las personas. La lucha contra el mal y todas sus manifestaciones es fundamental para que el Reino de Dios se manifieste visiblemente, pues el Reino es justicia, solidaridad, perdón, compasión, hermandad. Este poder lo recibimos en al Bautismo, al ser ungidos en el pecho con el óleo de los catecúmenos.

Para ir a misionar Jesús les pidió no llevar cosas materiales: ni dinero, ni bastimento, ni más ropa que la que traían puesta. El dinero, la despensa, el guardarropa, la casa, los bienes materiales, dan seguridad y hacen que dependamos de ellas y en ellas pongamos nuestro corazón. Esto impide la libertad para dedicarse totalmente a la misión, pues al depender de las cosas, el corazón se orienta hacia ellas y el misionero queda partido.

Lo que sí debían llevar para anunciar y hacer presente el Reino era su experiencia de seguimiento a Jesús, la conciencia de haber sido llamados y enviados, la confianza en la Providencia y el poder para servir. Todo esto sí se ocupa para la misión. De hecho, se manifestó enseguida, cuando fueron a misionar. Dice san Marcos al final del texto del evangelio que ellos se fueron a predicar la conversión, expulsaban a los demonios y curaban a los enfermos. Era exactamente lo que Jesús realizaba día a día; era el modo de anunciar y hacer presente el Reino. Esto quiere decir que para sus discípulos y discípulas –en aquella ocasión los Doce y hoy nosotros– no hay otra misión que proclamar la vida del Reino, ni otra manera de realizarla que sirviendo y entregando la vida, confiados totalmente en la asistencia del Padre. ¿Qué tan cerca o lejos andamos de ser buenos discípulos misioneros?

El Año jubilar que estamos iniciando tiene el propósito de ayudarnos a volver a la misión como Iglesia diocesana y a cada uno de nosotros de manera personal. Este año tenemos la oportunidad de fortalecer nuestra conciencia de que, al igual que los Doce, fuimos llamados y enviados por Jesús a anunciar y hacer presente el Reino de Dios; de que, para ser discípulos misioneros fieles, tenemos que estar totalmente desapegados a los bienes materiales y las comodidades que dan seguridad; de que la misión se realiza con la proclamación de la Palabra y el testimonio de vida comunitaria; de que hay necesidad de promover más servidores laicos y laicas y ministerios ejercidos por ustedes.

Renovemos la conciencia de ser discípulos misioneros de Jesús y, alimentados por el Cuerpo y la Sangre de Jesús, fortalezcamos nuestro compromiso de ser trabajadores al servicio del Reino aquí en la comunidad, cada quien en su barrio, pero junto con los demás.

11 de julio de 2021

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