Homilía para el 15º domingo ordinario 2014

Entender la Palabra

Ord15 A 14

Acabamos de escuchar tres textos de la Palabra de Dios. Como cada domingo, con la Mesa de la Palabra nos preparamos para la Mesa de la Eucaristía. Hoy podemos prepararnos revisándonos en relación a los frutos que la Palabra de Dios está produciendo en nuestra vida personal y comunitaria. Isaías compara la Palabra con el agua y la nieve que bajan sobre la tierra y la hacen producir, Jesús la compara con la semilla que un sembrador esparce en la tierra y da frutos.

Entender la Palabra

Textos: Is 55, 10-11; Rm 8, 18-23; Mt 13, 1-23.

Ord15 A 14

Acabamos de escuchar tres textos de la Palabra de Dios. Como cada domingo, con la Mesa de la Palabra nos preparamos para la Mesa de la Eucaristía. Hoy podemos prepararnos revisándonos en relación a los frutos que la Palabra de Dios está produciendo en nuestra vida personal y comunitaria. Isaías compara la Palabra con el agua y la nieve que bajan sobre la tierra y la hacen producir, Jesús la compara con la semilla que un sembrador esparce en la tierra y da frutos.

Dios nos da su Palabra y espera que dé frutos en nuestra persona, en nuestras familias y en nuestra comunidad. La regala como nos da la lluvia que empapa la tierra, la fecunda y la hace germinar, según lo que escuchamos en la primera lectura. El agua regresa a Dios cargada de frutos, pues produce semilla para que las familias coman todo el año y semilla para sembrar el siguiente año. Dios quiere que cumplamos su voluntad. Esta es la misión de su Palabra.

Y si tenemos en cuenta que la Palabra de Dios es su Hijo, entonces la misión de Jesús consiste en sembrar el mensaje del Reino en las personas. Este mensaje es Evangelio, es Buena Noticia. Jesús se dedicó a sembrar el Evangelio por dondequiera; Él es el sembrador que arroja la semilla sobre la tierra. La esparció con su predicación y su vida, para que quien la recibiera se convirtiera, aceptara su mensaje, se convenciera del proyecto del Reino de Dios y se uniera a él.

Esa semilla cae continuamente sobre nosotros. Escuchamos la Palabra en la Misa dominical, en todas las reuniones parroquiales o del barrio, en la preparación a los sacramentos. Quizá algunos dediquen un tiempo a leerla de manera personal, como pareja o como familia. El punto está en reconocer lo que esa Palabra que recibimos está produciendo en nosotros, en nuestra vida familiar y comunitaria, en la vida que llevamos en medio de la sociedad y la Creación.

Aunque la semilla arrojada por el sembrador cae siempre sobre la tierra, Jesús dice que no toda llega a producir el fruto esperado por el sembrador. La Palabra la oímos, pero puede ser que nos entre por un oído y nos salga por el otro, como la semilla del camino. O puede ser que nos emocionemos y decidamos hacer algo por la comunidad y esto se convierta en una llamarada de petate, que se enciende y se apaga inmediatamente, como la semilla entre las piedras.

O puede ser también que las preocupaciones de la vida: el dinero, los bienes materiales, el poder, la fama, ahoguen la Palabra que oímos, como la semilla que cae entre espinas. Ninguna de las tres llega a producir frutos, por el desinterés, la inconstancia, la seducción de las riquezas, presentes en quienes la reciben. ¿No seremos algunos de estos? Para dar fruto no basta con oír la Palabra, es necesario entenderla. Con esto termina la explicación de la parábola.

Oír la Palabra y entenderla, es lo que pide Jesús. De otra manera no podremos producir los frutos de hermandad, justicia, solidaridad, paz, que Él espera de nosotros. Entenderla para aclarar qué nos pide, cómo debemos vivir personal y comunitariamente, qué nos puede suceder si la ponemos en práctica; y, en base a esto, realizar nuestra vida y convertirnos también en semillas de Evangelio sembradas en medio de la familia, la comunidad, la sociedad y la Creación.

Pidamos a Dios que su Palabra no nos falte, que la oigamos y la entendamos para dar fruto, que seamos semillas que fructifiquen en libertad y vida digna para toda la Creación, como manifiesta san Pablo en su Carta a los Romanos. Como tierra buena preparémonos a recibir a Jesús, que nos da su Cuerpo y su Sangre. Se nos dará en el pan y el vino, alimento y bebida que tenemos gracias a unas semillas de trigo y uva que, sembradas en la tierra, llegaron a fructificar.

13 de julio de 2014

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