Homilía para el 14º domingo ordinario 2021

Así como los profetas han sido criticados, rechazados, calumniados, así Jesús fue motivo de desconcierto entre sus paisanos, como nos narra san Marcos.

Rechazados, como los profetas

Textos: Ez 2,2-5; 2Cor 12,7-10; Mc 6,1-6

Así como los profetas han sido criticados, rechazados, calumniados, así Jesús fue motivo de desconcierto entre sus paisanos, como nos narra san Marcos. Eso nos ayuda a tomar conciencia de que realizar la misión recibida del Señor no es fácil, pero que no por eso hay que dejarla. Como ayuda para reanimarnos a continuar en el servicio a la comunidad, o para asumir el compromiso de colaborar en la evangelización desde algún servicio o ministerio, además de alimentarnos de esta Eucaristía dominical, tenemos en la Diócesis la oportunidad de renovarnos durante el Año jubilar que acaba de comenzar el pasado 30 de junio.

Dios le pidió a su antiguo pueblo, Israel, celebrar cada 50 años un Año jubilar, como una oportunidad para fortalecer la fidelidad del pueblo a Dios y la convivencia armoniosa en la tierra prometida a la que iban de camino conducidos por Él. El jubileo era, entonces, un nuevo comienzo, orientado a restaurar la vida de hermanos entre los israelitas y a fortalecer la alianza con Dios con el perdón de las deudas, la liberación de los esclavos, la recuperación de las propiedades y el descanso de la tierra. Para nosotros hoy, como preparación a la celebración de las Bodas de Oro de nuestra Diócesis, este Año jubilar consiste en volver a la misión que Jesús nos encomendó: ir por todo el mundo a anunciar el evangelio; algo que en nuestra vida de Iglesia está prácticamente abandonado. Por eso, al convocarnos al Jubileo, nuestro obispo nos pide “vivir esta oportunidad como un impulso evangelizador”, para “ser Iglesia en salida, particularmente con los más alejados”.

En esto andaba Jesús: en el anuncio de la Buena Nueva, del Evangelio, por dondequiera que pasaba. En la sinagoga de su pueblo, Nazaret, estaba enseñando, como dice san Marcos. Pero, como sucede también entre nosotros, sus paisanos se desconcertaron porque lo conocían bien. Sabían que era carpintero, que vivía de su trabajo, que era hijo de María, una mujer pobre, que sus hermanos y hermanas vivían ahí, que no había ido a la escuela y no tenía la formación de un maestro de la Ley. ¿Cómo era posible que alguien con estas características estuviera enseñando con tal sabiduría y que tuviera poder para hacer milagros?

No les cabía en la cabeza y, por lo mismo, no aceptaban que un pobre y sin formación predicara la Palabra de Dios, como sucede aquí entre nosotros. A los servidores de la comunidad o agentes de pastoral, la mayoría pobres, se les critica y rechaza porque no fueron mucho a la escuela o no tienen facilidad de palabra, aunque se esfuercen por vivir conscientemente el compromiso recibido en el Bautismo de colaborar en el anuncio del Evangelio.

Por eso, Jesús comentó que lo que le estaba pasando era lo mismo que les había sucedido a los profetas: los aceptan y honran en otros lugares, pero en su tierra y de parte de sus familiares son desacreditados o rechazados, aunque estén anunciando la Palabra del Señor. Sin embargo, no se desanimó y continuó su misión al servicio del Reino en otros pueblos. La vivencia de este Año jubilar está pensada en relación a fortalecer las motivaciones para que todos y todas realicemos la misión, comenzando en el propio barrio.

Que salgamos de esta Eucaristía reanimados a trabajar al servicio del Reino, como Jesús.

4 de julio de 2021

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