Homilía para el 14º domingo ordinario 2019

Todos enviados a la misión
Jesús envió a la misión no sólo a los Doce sino a otros setenta y dos, como acabamos de escuchar. Antes de enviarlos, le dio indicaciones sobre las actitudes con que deberían ir, lo que tenían que hacer y lo que no debían realizar. Esto nos sirve para revisar nuestra vida, pues también fuimos enviados como misioneros el día de nuestro Bautismo y lo asumimos como responsabilidad personal el día de la Confirmación. Al revisarnos de frente a la Palabra de Dios, nos prepararemos para el momento principal de esta celebración dominical, que es la Comunión.

Todos enviados a la misión

Textos: Is 66, 10-14; Gal 6, 14-18; Lc 10, 1-12. 17-20

Jesús envió a la misión no sólo a los Doce sino a otros setenta y dos, como acabamos de escuchar. Antes de enviarlos, le dio indicaciones sobre las actitudes con que deberían ir, lo que tenían que hacer y lo que no debían realizar. Esto nos sirve para revisar nuestra vida, pues también fuimos enviados como misioneros el día de nuestro Bautismo y lo asumimos como responsabilidad personal el día de la Confirmación. Al revisarnos de frente a la Palabra de Dios, nos prepararemos para el momento principal de esta celebración dominical, que es la Comunión.

Ellos fueron enviados a pueblos y lugares donde Jesús pensaba ir. Su tarea era irle preparando el camino. Esta es exactamente la tarea de los papás con sus hijos en relación a Jesús: prepararle el camino para su llegada. Los papás son servidores de sus hijos, tienen la tarea que asumieron en el Bautismo: educarlos en la fe, es decir, enseñarles a vivir como Jesús y ayudarles a descubrir la misión que recibieron, para que la vivan con gusto y responsabilidad.

Las actitudes son fundamentales para que la misión tenga sus frutos. En primer lugar, hay que tener conciencia de haber sido enviados. No se va por propia iniciativa, a buscar el éxito, la fama, los gustos personales, sino a realizar lo que pide quien envía. En este caso Jesús los envió a anunciar la cercanía del Reino de Dios. El Reino, que es paz, amor, servicio, perdón, solidaridad, llegaría con Él. Nuestra vida cristiana es para anunciarlo y trabajar para que acontezca en la vida del mundo. Estamos al servicio del Reino, como lo hemos asumido en nuestra Diócesis.

Quien va a la misión como aquellos 72, tiene que bendecir, hacer todo en nombre de Jesús, con humildad, en austeridad, confiado en la Providencia de Dios, desprendido de todo lo que da seguridad, como el dinero, el bastimento, el cambio de ropa, llevando y transmitiendo la paz, orando para que no falten trabajadores en la cosecha. Estas son las actitudes que Jesús pide a sus enviados. ¿Cuáles de estas actitudes tenemos en nuestra vida, para ver si vamos bien en la misión o no?

¿Qué hay que hacer? Ponerse en camino, desear la paz al llegar a las casas, comer y beber lo que tengan, curar a los enfermos y proclamar que el Reino de Dios está cerca. ¿Qué no hay que hacer? No llevar dinero, morral ni sandalias, no detenerse a saludar a nadie por el camino, no andar de casa en casa. La misión es urgente, hay que realizarla. La misión tiene como centro la atención a los enfermos y la proclamación del Reino de Dios. ¿Cómo andamos en esto en la comunidad?

Los 72 volvieron contentos de la misión y le platicaron a Jesús que hasta a los demonios habían sometido en su nombre. Jesús les aclaró que no era ese el motivo para estar alegres, sino el hecho de que sus nombres estuvieran escritos en el cielo. El nombre de cada quien se graba no por tener el Bautismo, la Confirmación, la Comunión o los demás sacramentos, sino por haber cumplido con fidelidad la misión encomendada por Jesús, de acuerdo a sus indicaciones.

Hoy que nos reunimos para la Eucaristía dominical, tenemos la oportunidad de revisarnos y renovar nuestro compromiso de ser discípulos misioneros de Jesús aquí en la comunidad. Al comulgar sacramentalmente, nos unimos a Jesús para ir a la misión con prisa, sin estar atados a todo aquello que da seguridad, como el dinero; llevando la paz que da el encuentro con Jesús, con el compromiso de atender a los enfermos, con la conciencia de que vamos a anunciar el Reino de Dios, con la esperanza de que nuestros nombres estén escritos en el cielo. Pidamos a Dios que en nuestra comunidad parroquial haya muchos trabajadores para sus campos y que seamos de ellos.

7 de julio de 2019

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