Homilía para el 13er domingo ordinario 2021

Jesús devolvió a dos mujeres a la vida. A una, sanándola de sus hemorragias sufridas durante doce años, lo que la había llevado al empobrecimiento; a la otra, una niña de doce años recién fallecida, reviviéndola.

Tocar las situaciones de sufrimiento

Textos: Sb 1,13-15; 2,23-24; 2Cor 8,7.9.13-15; Mc 5,21-43

Jesús devolvió a dos mujeres a la vida. A una, sanándola de sus hemorragias sufridas durante doce años, lo que la había llevado al empobrecimiento; a la otra, una niña de doce años recién fallecida, reviviéndola. Lo que hizo a favor de ellas y lo que dicen los otros textos bíblicos, nos ayudará a prepararnos para recibirlo sacramentalmente en la Comunión y para disponernos a iniciar el Año jubilar con motivo de los 50 años de nuestra Diócesis.

Las mujeres ya de por sí vivían excluidas en la vida de los judíos: no debían entrar a las sinagogas, no podían ser testigos en un juicio, no tenían derecho a ser discípulas de algún maestro de la Ley; además, en la vida de la familia su rol era atender al esposo, tener hijos y criarlos, y hacer los quehaceres de la casa. Estas dos del evangelio, cargaban además con la situación de impureza, una por el derramamiento de la sangre; la otra, por su cadáver. Jesús, que vino a anunciar y hacer presente el Reino de Dios, les devolvió la vida.

Con su acción sanadora y vivificante, Jesús tocó las dos situaciones de sufrimiento tanto para estas mujeres como para sus familias. No debía tocar ni ser tocado por alguien que estuviera en situación de impureza; si esto sucedía, la persona también quedaba impura. A Jesús, que vino a traer la vida de Dios, le interesaba más la situación de las personas que lo que decía la Ley y tocó a las dos; lo hizo, además, reconociendo y valorando la fe de la hemorroísa y la de Jairo, el papá de la niña. El hecho de tocar y llamar a la vida terminó en una vida nueva para las dos: la señora dejó de sangrar, además de lo que la habían sangrado los médicos durante años; la niña volvió a vivir y continuó con su vida ordinaria en su familia.

El Año jubilar es para la Iglesia, pueblo de Dios, una oportunidad que el Señor le concede para volver a la relación con Él y a la vida de hermanos. En nuestro caso, como Diócesis este Año que iniciaremos el próximo 30 de junio, es la oportunidad que Dios nos da para volver a la misión, la cual tiene como destinatarios principales a los pobres y sufrientes, como las dos mujeres del evangelio y sus familias. Si tenemos en cuenta que en la evaluación del 4º Plan Diocesano de Pastoral descubrimos que poco estamos viviendo como Iglesia servidora y samaritana, entonces este año nos tiene que ayudar, no solo a reconocerlo, sino a retomar de nuevo este aspecto de la misión desde nuestra comunidad parroquial. Jesús nos enseña el camino: acercarnos a las situaciones de sufrimiento y tocarlas, expresar nuestro deseo de que su realidad cambie, reanimar, consolar, curar, fortalecer. Y entre nosotros hay muchísimas personas en esta condición, por el empobrecimiento, la migración, la violencia, la falta de trabajo y de un salario justo, las enfermedades, el alcohol, las drogas…

San Pablo invitó a las comunidades de Corinto a ser generosos con las comunidades de Judea que pasaban por una situación de hambruna, siguiendo el ejemplo de Jesús. Esta invitación es para nosotros hoy. Tenemos que identificarnos con Jesús en el modo de vivir la misión: no solamente compartiendo algo de dinero o despensa desde nuestra pobreza, sino tocando las situaciones de pobreza y sufrimiento para colaborar con Él a que haya vida digna para todos. Dispongámonos a recibirlo sacramentalmente en la Comunión.

27 de junio de 2021

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