El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el 13er domingo ordinario 2017

Seguir a Jesús

Textos: 2 Re 4, 8-11. 14-16; Rm 6, 3-4. 8-11; Mt 10, 37-42.

Ordinario13 A 17

En estos días hemos estado celebrando el 45º aniversario de nuestra Diócesis. El lunes hubo una celebración de la Palabra en todos los barrios para agradecer a Dios lo que Él ha realizado entre nosotros; el martes tuvimos una vigilia parroquial, en la que participaron todos los barrios y el rancho de Las Canoas, que culminó con la Eucaristía; ayer celebramos la Misa en Catedral, con personas de casi todas las parroquias de la Diócesis, sacerdotes y laicos, consagradas y el Señor Obispo. Pero no tenemos que quedarnos contentos con esta celebración, sino que debemos continuar con la misión. Sobre esto nos dan luz los textos bíblicos que acabamos de escuchar.

San Pablo nos recuerda nuestra condición de bautizados. Por el Bautismo nos incorporamos a Jesús y participamos de su muerte y resurrección. Fuimos bautizados para vivir con Él y como Él. La Comunión, que es el culmen de nuestra Eucaristía dominical, nos mantiene unidos a Jesús, porque comemos su Cuerpo y su Sangre y Él sigue con nosotros. No debemos perder la conciencia de que por el Bautismo tenemos el compromiso de salir a la misión. Esto se alimenta en la familia y en la comunidad, sobre todo a través de la catequesis. La tarea de la catequesis es ayudar a encontrarse con Jesús, a vivir y saborear ese encuentro, que debe ser permanente, y a proyectarlo a la misión. Como Diócesis tenemos el compromiso de fortalecer la conciencia bautismal, que no consiste en saber que estamos bautizados y que tenemos una misión, sino cumplirla.

En la misión el centro es Jesús. Él mismo pone las condiciones: hay que preferirlo a Él por encima de los papás y los hijos; si el amor a lo interno de la familia es muy fuerte, sobre todo entre papás e hijos, el amor a Jesús debe ser más grande. Nosotros generalmente nos ponemos en el centro de la vida: primero pensamos en nosotros, egoístamente, buscando lo que nos gusta, lo que tenemos como interés, lo que nos hace sentir bien, lo que nos da seguridad, lo que no nos da problemas ni nos trae compromisos; después pensamos en los demás y al más importante, a Jesús, lo ignoramos. Ni lo tenemos en cuenta en nuestra vida, en nuestros proyectos, en nuestra práctica, en nuestra comunidad. Y Él es el más importante. Si no lo ponemos en el centro de nuestra vida, no seremos dignos de Él.

Además, nos pide tomar la propia cruz y seguirlo. No es algo sencillo ni romántico. Se trata de llevar el mismo estilo de vida de Jesús, las mismas opciones, las mismas consecuencias: el servicio, la atención a los pobres, la entrega de la vida. Es necesario cargar como Él las cruces de los pobres, de los jóvenes, las familias, la Casa común, los enfermos, los migrantes, los desechados de la sociedad, los alejados de la Iglesia… Si no asumimos ese estilo de vida y esas opciones, tampoco seremos dignos de Jesús. Al comulgar, renovamos el compromiso de mantenernos unidos a Él, porque por la Comunión nos unimos a Jesús en su camino hacia la cruz.

Los adolescentes y jóvenes que se van a confirmar el próximo sábado, renovarán por sí mismos el compromiso que en su nombre hicieron sus papás y padrinos el día de su Bautismo. Ellos y ellas dirán por sí mismos que renuevan –que confirman– el compromiso de seguir a Jesús, de preferirlo por encima de sí mismos y de sus papás, de tomar su cruz y seguirlo. Ese es el sentido del sacramento de la Confirmación.

Pidamos a Dios que no perdamos la conciencia de ser misioneros por estar bautizados y unidos a Jesús por la Comunión. Tomemos nuestra cruz y sigamos con fidelidad a Jesús.

2 de julio de 2017

Esta entrada fue publicada el 02 de julio de 2017 a las 9:48 am en la categoría El Puente, Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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