Homilía para el 12 de diciembre de 2014

Servir presurosos como María

VGpe

Nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía en el día de la Virgen de Guadalupe. Ella ha estado viendo por los habitantes de estas tierras desde 1531, cuando se le apareció a san Juan Diego y se quedó impresa en el ayate que él usaba. Allí está ella para oír nuestros lamentos, y remediar todas nuestras miserias, penas y dolores, como le expresó al mismo Juan Diego. Hoy, siguiendo la invitación de los obispos mexicanos, le suplicamos la paz para nuestro País.

Servir presurosos como María

Textos: Is 7, 10-14; Eclo 24, 23-31; Gal 4, 4-7; Lc 1, 39-48.

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Nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía en el día de la Virgen de Guadalupe. Ella ha estado viendo por los habitantes de estas tierras desde 1531, cuando se le apareció a san Juan Diego y se quedó impresa en el ayate que él usaba. Allí está ella para oír nuestros lamentos, y remediar todas nuestras miserias, penas y dolores, como le expresó al mismo Juan Diego. Hoy, siguiendo la invitación de los obispos mexicanos, le suplicamos la paz para nuestro País.

«Vamos al Tepeyac a pedirle a La Señora de Guadalupe, Nuestra Madre del Cerro, que nos alcance de Dios la bendición y la justicia que nos tiene prometida. Vamos a pedirle que se haga justicia. […] Que llegue la paz a nuestras tierras. Que desaparezca toda forma de discriminación en nuestros pueblos». Son palabras tan actuales como cuando las expresaron personas de San Cristóbal de las Casas que iban en peregrinación a la Basílica de Guadalupe en el año 2000.

La Virgen está dispuesta a ayudar, como cuando, dejando su casa, se fue por las montañas de Judea a tenderle la mano a su prima Isabel. Supo de su situación y decidió irse a ayudarle. Se fue con prisa, como nos dice san Lucas. Igualmente, cuando supo del sufrimiento que estaban pasando los indígenas a manos de los españoles durante la conquista, dejó su casa en el cielo para venir a ayudar. Y, además, decidió quedarse para siempre con nosotros.

Con la Eucaristía agradecemos al Señor este regalo de la Virgen de Guadalupe. Pero no llegó sola, ni con Isabel ni con nosotros. En su vientre carga al Hijo de Dios. Este es el primer servicio de María: ofrecer a Jesús para que todo el mundo se encuentre con Él, lo reciba con mucha alegría y se disponga a hacerse su discípulo. Su llegada a casa de Isabel y Zacarías, hizo que el niño que Isabel llevaba en su vientre diera saltos de alegría. Su venida a México nos llena de gozo.

De hecho, hoy nos ha convocado para que nos encontráramos sacramentalmente con Jesús, su Hijo. Este servicio es fundamental para nuestra vida de discípulos misioneros de Jesús. Necesitamos encontrarnos permanentemente con Jesús para alimentarnos de su Palabra y su misión, para reanimarnos en nuestra condición de discípulos, para decidirnos a ir a la misión. Necesitamos alimentarnos de su Cuerpo y Sangre para fortalecernos y sostenernos como misioneros.

La situación de sufrimiento, por la pobreza y la violencia en que vivimos en México y nuestra región, nos está desafiando a madurar en nuestra condición servidora. La Virgen nos anima con su ejemplo a vivir el servicio. No tenemos que pensar mucho para decidirnos a servir y tender la mano, para llevar a Jesús a los demás y alegrarlos con su presencia, para colaborar a que se construya y experimente la paz. Nuestra reacción tiene que ser presurosa como la de María.

Hoy pedimos a Dios la paz para nuestro País. Nos encomendamos a la Virgen de Guadalupe, sabiendo que se quedó entre nosotros para oír los lamentos del pueblo, para poner remedio a nuestras miserias, penas y dolores. Muchos papás están tristes y adoloridos por sus hijos desaparecidos, sus lamentos suben al cielo; las comunidades están experimentando un temor creciente por la violencia; los pobres, los indígenas y migrantes están cargados de penas y dolores.

En esta Eucaristía oramos al Señor, por intercesión de nuestra Madre del Tepeyac, por la paz en México. Nos reanimamos con su Palabra para seguir a Jesús en su camino y misión como discípulos. Nos fortalecemos con la Comunión para servir como misioneros en nuestra comunidad. Que, al igual que María, estemos siempre prontos y dispuestos para ir a tender la mano a donde se ocupe, especialmente con los pobres y las familias víctimas de la violencia.

12 de diciembre de 2014

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