Homilía para el 10º domingo ordinario 2015

Discernir

Ord10 B 15

Estamos reunidos para encontrarnos sacramentalmente con Jesús resucitado, para escucharlo y alimentarnos de su Cuerpo y Sangre. Es el mismo Jesús de Nazaret al que sus familiares consideraron un loco y los escribas un endemoniado. A nosotros, que nos decimos ser sus discípulos, este domingo se nos presenta la oportunidad para revisar, a la luz de los textos bíblicos, nuestra experiencia de discernir entre los Espíritus. Así nos prepararemos a recibir la Comunión.

Discernir

Textos: Gn 3, 9-15; 2 Cor 4, 13-5, 1; Mc 3, 20-35.

Ord10 B 15

Estamos reunidos para encontrarnos sacramentalmente con Jesús resucitado, para escucharlo y alimentarnos de su Cuerpo y Sangre. Es el mismo Jesús de Nazaret al que sus familiares consideraron un loco y los escribas un endemoniado. A nosotros, que nos decimos ser sus discípulos, este domingo se nos presenta la oportunidad para revisar, a la luz de los textos bíblicos, nuestra experiencia de discernir entre los Espíritus. Así nos prepararemos a recibir la Comunión.

El Espíritu del mal, el Demonio, actúa de manera sutil en la vida de las personas, comunidades y sociedad. Incita al mal, casi siempre sin que las personas nos demos cuenta; aleja la mente y el corazón de lo bueno, y nos hace considerar las cosas malas como si fueran buenas. Tenemos el ejemplo en Adán y Eva: el Diablo en figura de serpiente les hizo aparecer apetitoso el fruto que Dios les había mandado no comer –les dijo que serían como dioses– y ellos cayeron.

Por eso, al igual que Jesús, sus discípulos y discípulas debemos estar atentos y aprender a discernir entre la acción del Espíritu Santo y la del Espíritu del mal, antes de tomar nuestras decisiones. A Él los escribas le achacaban que expulsaba a los demonios porque estaba poseído por Satanás. Con esto estaban diciendo que el bien que realizaba era obra del Espíritu del mal. Pero, el Demonio siempre induce a realizar el mal y el Espíritu Santo conduce hacia el bien.

Jesús tenía bien claro que su misión era anunciar y hacer presente el Reino de Dios en el mundo. Por eso anunció el Evangelio a los pobres, curó enfermos, resucitó muertos, liberó a los oprimidos por el Diablo, perdonó pecados. Y a eso dedicó su vida hasta la cruz; actuaba con la fuerza del Espíritu Santo y en la obediencia a su Padre. Por eso les aclaró que no estaba obedeciendo a Satanás para expulsar a otros demonios, sino al Espíritu de Dios que libera y da vida.

Lo que le sucedió a Jesús le pasa a quienes hacen el bien en el mundo, a quienes crean conciencia de la injusticia y las desigualdades, a las personas que trabajan por el bien común y la paz. No se les llama endemoniados pero sí comunistas, revoltosos, subversivos, políticos. Tenemos un ejemplo en Mons. Romero, arzobispo de El Salvador, beatificado hace dos semanas. A él lo mataron por anunciar el Evangelio y por denunciar los atropellos en contra de su pueblo.

Romero fue un pastor capaz de discernir entre actuar a favor de su pueblo, especialmente los pobres, o actuar a favor del régimen económico-político-militar que estaba acabando con la gente de su País en la década de los 70’s. Esto lo hacía a la luz de la Palabra de Dios y con la fuerza de la oración y la Eucaristía. Al igual que Jesús, fue acusado de agitador y condenado a muerte. A él lo mataron mientras celebraba la Misa, el 24 de marzo de 1980. Hoy es beato de la Iglesia.

Jesús advierte a los escribas de la fuerza de Satanás, de que fácilmente ata y somete a las personas. Nosotros debemos estar atentos a su acción para no caer en sus seducciones. En estos tiempos que estamos viviendo, nos presenta como buenos el consumismo, el individualismo, el dominio sobre los demás, la posesión de bienes a como dé lugar, el maltrato a la naturaleza… y nos cierra la mente y el corazón al compartir, la justicia, la armonía, el bien común.

Pidamos a Dios que, como Jesús, sepamos discernir entre lo que viene del Espíritu Santo y lo que nos ofrece el Mal Espíritu, entre lo que nos lleva a hacer el bien y lo que nos conduce al mal y nos aparta de la vida del Reino. Que sepamos tomar nuestras decisiones para fortalecer la justicia, la hermandad, el amor. Que la participación en la Comunión sacramental nos mantenga unidos a Jesús y que como Él hagamos el bien, aunque nos llamen locos o endemoniados.

7 de junio de 2015

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