Homilía del 31er domingo ordinario 2011

“Que el mayor de entre ustedes sea su servidor”

Textos: Mal 1, 14-2, 2. 8-10; 1 Tes 2, 7-9. 13; Mt 23, 1-12.

“Que el mayor de entre ustedes sea su servidor” (Mt 23, 11). Esta es la enseñanza de Jesús en el pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar. Lo dice para aclararnos cómo tenemos que vivir sus discípulos y discípulas. El de Jesús es un estilo de vida que contrasta con la manera de pensar y vivir de los escribas y fariseos. El estilo de vida refleja lo que se piensa, las opciones que se tienen, lo que hay en el fondo del corazón. Jesús nos invita a vivir como hijos de Dios.

“Que el mayor de entre ustedes sea su servidor”

Textos: Mal 1, 14-2, 2. 8-10; 1 Tes 2, 7-9. 13; Mt 23, 1-12.

 

“Que el mayor de entre ustedes sea su servidor” (Mt 23, 11). Esta es la enseñanza de Jesús en el pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar. Lo dice para aclararnos cómo tenemos que vivir sus discípulos y discípulas. El de Jesús es un estilo de vida que contrasta con la manera de pensar y vivir de los escribas y fariseos. El estilo de vida refleja lo que se piensa, las opciones que se tienen, lo que hay en el fondo del corazón. Jesús nos invita a vivir como hijos de Dios.

Jesús describe a los escribas y fariseos como personas que les gustaba el poder, los puestos y las alabanzas, pero no sabían ser hermanos. Se apropiaron de la enseñanza de la Ley transmitida por Moisés. Enseñaban los mandatos de la Ley pero no los vivían. Con la misma Ley echaban cargas pesadísimas sobre los demás y ni siquiera con el dedo les ayudaban para que se hiciera un poco más liviana. Lo que hacían era para que los vieran y los alabaran. Pero no más.

Los escribas y fariseos acostumbraban llevar textos de la Ley escritos en las franjas de sus mantos y delante de la frente para irlos estudiando. Los hacían más grandes para que los vieran. En las fiestas se sentaban en la mesa de honor. En las sinagogas buscaban los lugares más importantes. Cuando iban por la calle les gustaba que la gente los reverenciara y los llamara “maestro”, “padre” o “guía”. Eso veía Jesús de ellos y estaba previniendo a sus discípulos.

Esa manera de conducirse no es propia de los hijos e hijas de Dios y, por tanto, no lleva al Reino. Por eso Jesús, que es nuestro Maestro, nos pide que más bien seamos servidores si queremos ser grandes. Ni Jesús ni sus discípulos tenemos que buscar el poder, los puestos, las alabanzas. Al contrario, nuestra tarea es servir, ponernos en los últimos lugares, no ser dobles, ayudar a los que están cargados, no hacer las cosas para que nos vean y nos alaben por eso.

Nuestra tarea, como la de Jesús, es manifestar que somos hijos e hijas de Dios. Mostrar y prolongar el amor de Dios para todos y todas, especialmente a favor de los más débiles. Un ejemplo claro lo tenemos en Pablo que trató a los tesalonicenses con el amor de la mamá por sus hijos pequeños, buscó no ser carga para ellos, intentó entregarles su vida, les predicó el Evangelio. Fue lo mismo que hizo Jesús. Vivió como Hijo de Dios y mostró el amor del Padre.

Para esto se nos exige dejar todo proyecto, toda actitud, todo modo de vivir que muestre que buscamos el poder, los puestos, los privilegios, las alabanzas, estar por encima de los demás. Hay que comenzar con la propia familia, entre esposos, entre papás e hijos, entre hermanos; pero también en la comunidad entre vecinos, en los lugares de estudio y de trabajo, en la sociedad. No hay que olvidar que nuestra sociedad está viciada de todas esas aspiraciones de poder.

Lo que el Maestro pide es que demos testimonio de hijos e hijas de Dios, de discípulos y discípulas de Él. El modo de lograrlo consiste en hacerse el servidor, la servidora, de todos. Ciertamente no para que nos vean, con lo que caeríamos en las actitudes de los escribas y fariseos reprobadas por Jesús, sino para mostrar que en nuestra vida tenemos la opción de estar al servicio. Simplemente porque Jesús así vivió y eso nos pide. Así seremos grandes en el Reino.

Quien se convierte en servidor de los demás sabe ser hermano, vive como hijo de Dios, muestra el amor del Padre, sigue fielmente a Cristo. A esto nos está invitando la Palabra de Dios en este domingo. En la Comunión nos vamos a encontrar con Jesús hecho Pan. Que su fuerza nos impulse a convertirnos de actitudes de poder, fama y honores que tengamos; que nos sostenga en los esfuerzos por servir y ser hermanos de todos, desde la familia hasta la sociedad.

30 de octubre de 2011

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