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El regreso del Civismo a la escuela

Todo mundo aplaudió. El titular de la Secretaria de Educación Pública Esteban Moctezuma declaró hace unos días que a partir de consultar a padres de familia la asignatura de Civismo, volvería a las aulas mexicanas. El funcionario calificó como “una de las demandas más sentidas” el que se impartieran clases de civismo para promover los valores, la cultura de la paz y el respeto a los derechos humanos.

Vamos por partes. Pues la idea que el civismo vuelva a las aulas, no es garantía de la formación de ciudadanos. No es lo mismo.

Muchos de quienes hoy oficiamos de padres de familia recordamos las clases de civismo. Aquella materia de la primaria y secundaria en las que se nos enseñaba a saludar al lábaro patrio sin que el dedo pulgar colgara en el pecho y a recitar sin equivocarse: “bandera de México, legado de nuestros héroes”.

Se trataba de una asignatura en la que se transmitían conocimientos sobre valores cívicos, también patriotismo y conocimiento de la organización política de México. Es decir, se concebía a la civilidad sobre una base de acciones que regulaban la convivencia social y un discurso de amor a la patria. La materia, como tal, ciertamente desapareció con las reformas educativas neoliberales.

A esta ausencia muchos atribuyen modificaciones en la conducta de las nuevas generaciones, basta darse una vuelta a las redes sociales o escuchar pláticas en donde se afirma que “se han perdido valores” y que las escuelas mexicanas son las responsables de que eso ocurriera. Sin embargo, es necesario tomar en cuenta algunos detalles.

A lo largo de la historia las diferentes civilizaciones le han otorgado a la escuela el papel de preparar a las personas para integrarse a su sociedad. No se trata solo de aprender conocimientos, leer y escribir, disparar flechas o predecir el movimiento de los cuerpos celestes. La actividad escolar siempre ha tratado de que las personas se conviertan en sujetos virtuosos a los ojos del grupo social. Y en las sociedades que practican la democracia: en buenos ciudadanos.

Es un hecho que el Civismo nunca desapareció del todo. En realidad, fue sustituido por la asignatura Formación Cívica y Ética, que en el Plan de Estudios 2011 se estudiaba en los seis años de primaria y en dos de los tres de secundaria. Con ocho competencias generales que se resumen en las palabras clave: Cuidado de sí mismo; sentido de pertenencia a la nación; autorregulación; legalidad; valoración de la diversidad; aprecio por la democracia; manejo de conflictos y participación social. Uno de los tres ámbitos de la materia de Español es la Participación Social donde se trabaja un contenido similar a lo que recordamos como Civismo.

En el Nuevo Modelo Educativo vigente desde el año anterior, Formación Cívica y Ética permaneció de cuarto de primaria a tercero de secundaria. Es apenas el 6 por ciento de la carga horaria mensual. El discurso de la formación de ciudadanos mexicanos con un enfoque humanista es el punto de vista medular de los Aprendizajes Clave, documento que regula los contenidos que los alumnos trabajan en cada clase.

Si la asignatura que busca la formación de ciudadanos éticos nunca desapareció ¿por qué se viven momentos de crisis social, de convivencia, auténticas tragedias humanas en las que no hay presencia de prácticas civilizadas, éticas? Quizá la respuesta no esté únicamente en la escuela, aunque mucho podemos aportar en el aula. Muchos de estos problemas existen desde que la materia se trabajó en la escuela.
Varios profesores con los que convivo dicen que no tiene caso y es un absurdo enseñar valores en la escuela pues los padres de familia no los refuerzan en casa. En el hogar tampoco les enseñan a identificar la sílaba tónica, ni el Teorema de Pitágoras y los docentes lo hacemos, porque los niños lo necesitan. Igual pasa con la formación para la ciudadanía, que no es lo mismo que Civismo.

Celebro que la nueva administración federal vea en la formación de ciudadanos una ruta de largo plazo para mejorar como sociedad. Pero en la concepción del regreso de la materia habría que retomar algunos principios: la enseñanza del civismo deseable debe encaminarse la formación de ciudadanos enfocados en la transformación del futuro y no en la adoración del pasado y sus símbolos, en que esa transformación sólo puede llegar de la convivencia armónica y solidaria con el entorno. También que la escuela tiene que ser un espacio para la práctica de la democracia, con estructuras de organización más horizontales. De nada servirá hablar de democracia y tener prácticas didácticas autoritarias.

Valga recordar al académico Ron W. Wilhem: “De lo que se trata es de influir en la formación de generaciones conscientes de su poder”. No es para adorar un pasado ilustre, ni para rellenar el horario, tampoco para transferir responsabilidades de los padres o de las familias a los maestros.
La formación para la ciudadanía es la oportunidad que existe en las escuelas para que las nuevas generaciones se asuman como protagonistas de mejorías en su entorno a través de prácticas éticas y solidarias. Pero esto no viene en el cordón umbilical, son actitudes que se aprenden y se enseñan en las familias, escuelas y en el entorno social.

 

Carlos Efrén Rangel García. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por el ITESO. Periodista durante 15 años. Maestro en Educación Pública por la UPN. Profesor de Español en Secundaria en la SEJ y en la UPN 143. Editor de El Puente.

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