“Un acosador no debe ser embajador” o hasta no verte Jesusa Rodríguez

Por: Rosa Eugenia García

Quizá sería una gran idea hacer un estudio antropológico, que no me puedo imaginar que no sea de otra manera más que etnográfico, para tener elementos de mayor comprensión a fin de entender algunas decisiones políticas.

Los expertos politólogos quizá no necesiten este tipo de acercamientos micro, o sea hasta llegar al cara a cara y convivir con los sujetos de estudio con la certeza del contexto, para interpretar lo que llevó a Andrés Manuel López Obrador a proponer como embajadora ante el gobierno de Panamá a Laura María de Jesús Rodríguez Ramírez, mejor conocida como Jesusa Rodríguez.

Ella es actualmente senadora suplente, pero en su haber tiene una trayectoria como actriz, directora de teatro, activista, diseñadora y artista de performance y claro, en los últimos años, también en el servicio público. Sus acciones han destacado por ser disruptivas, creativas, desafiantes y contundentes y entre ellas existen varias declaraciones polémicas que seguramente han hecho levantar las cejas –por decir lo menos-, a gran parte del sector de la población.

“A ver si la acepta el gobierno de Panamá”, dijo el presidente con ironía, luego de que Ericka Mouynés, canciller panameña, negara el beneplácito del gobierno de su país a Pedro Salmerón, señalado de acosador por alumnas del ITAM, a quienes por cierto las autoridades de esa institución educativa les dio la razón.

Y es que además de los mensajes en twitter @MeTooITAM y @MeTooAcadémicosMx donde se denunciaron los abusos por parte de las estudiantes del ITAM, en Panamá se sumaron las presiones de once organizaciones feministas en la campaña “Un acosador no debe ser embajador”.

En un acto para salvar un resquicio de dignidad Salmerón renunció, pero eso sí, -uno nunca se acaba de sorprender con lo que la realidad ofrece-, dijo que escribirá un libro sobre las nuevas masculinidades. Les adelanto que no hay nada en estos preceptos de entendimiento de lo que significa ser hombre y la identidad masculina, que justifique el acoso sexual.

Respecto a Jesusa, quedo expectante. El mundo y el entendimiento de las relaciones está evolucionando, hoy nos asombramos de algo que quizá mañana nos parezca natural. Es cierto que la carrera diplomática se ha caracterizado por ser emprendida particularmente por personalidades discretas y proclives al protocolo, -casi siempre hombres-, pero también a la sapiencia y al reconocimiento de la condición humana. En ese sentido no hay formación mejor que la de las Humanidades y el Arte.

Jesusa, como su homónima de la novela de Poniatowska, ha sido aventurada y desafiante, pero en todos sus actos hay explicaciones y reflexiones plausibles que encontraron eco en sectores pensantes. Quizá sea tiempo de modificar el entendimiento de la diplomacia internacional y no sólo sea importante parecer, sino también ser.

Rosa Eugenia García Gómez

Coordinadora de la Licenciatura de Periodismo en el Centro Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara.

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