Zapotlán participa al mundo su devoción a san José

El P. Julio César Salcedo Aquino es Superior General de los Misioneros Josefinos y fue una persona clave para que México fuera sede del Simposio Internacional Josefino que apenas concluyó en Zapotlán. En la entrevista explicó el origen y propósitos de estos Simposios Internacionales sobre el Señor San José.

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Sentado en una mesa de la biblioteca del Seminario Mayor el P. Julio César se expresó en un ambiente de confianza: “El primer simposio se realizó en 1970, en la ciudad de Roma, con motivo del centenario de la proclamación de san José como patrono de la Iglesia universal. Cada cuatro años se realizan y son organizados por los centros de estudios josefinos de Italia, Polonia, Alemania, Francia, España, Malta, Canadá, El Salvador, Chile y México. Gracias a Dios, estamos celebrando el décimo primero en estas tierras de Zapotlán” comentó el P. Salcedo.

La palabra “simposio” es muy elegante, pero el Superior de los Misioneros Josefinos la explicó de la siguiente manera: “Los simposios son como una fiesta de traje donde se comparten distintos alimentos y cada quien toma lo que le gusta y ayuda. El objetivo es poner en común los trabajos realizados por investigadores y especialistas sobre san José, desde la perspectiva bíblica, teológica, litúrgica, histórica, artística, iconográfica y desde los carismas de los fundadores de nuestra congregación. El propósito es promover la investigación y abrir nuevos senderos para mejor conocer y comprender la vida y misión de san José”.

El P. Salcedo expuso dónde a su juicio radica la importancia de estudiar la vida y misión de san José en esta época de incertidumbre e indiferencia religiosa, fue un tema que abordó rápido, producto de constantes reflexiones al respecto: “El Evangelio nos da pautas para la vida. Una manera de entrar al proyecto de Jesús es por los valores que san José vivió como hombre creyente que buscó cumplir la voluntad de Dios, como varón justo, como padre de familia, como artesano y de manera especial, como custodio de la vida y del amor, que es justo el eje temático de este simposio”.

Como un hombre formado desde su juventud en el espíritu misionero y como un sacerdote preparado que realizó sus estudios de teología en la Universidad Gregoriana en Roma y se especializó en Espiritualidad, desde los espacios donde ha vivido su vocación como josefino, se ha preocupado de que estos simposios tengan una proyección pastoral. “Al principio, el propósito era sólo compartir las investigaciones; últimamente se ha buscado unir la investigación con la fe y devoción del pueblo. Porque el pueblo necesita de la luz de los investigadores y ellos necesitan de la fe del pueblo. La vivencia del pueblo debe ayudar a discernir y orientar sus estudios. Pues si la reflexión no baja a la vida y no toca la fe del pueblo, no tiene fruto”, subrayó el P. Julio.

Una pregunta obligada era saber por qué se eligió a Ciudad Guzmán como sede de este XI Simposio. El P. Salcedo se acomodó los lentes con su dedo índice y tras una breve pausa, compartió su respuesta: “En el anterior simposio celebrado en 2009, en la ciudad de Kalisz, Polonia, los misioneros josefinos de México solicitamos que con motivo del Año Jubilar por el centenario de la pascua de su fundador el P. José María Vilaseca, se nos concediera la sede del próximo Simposio. La petición fue escuchada y empezamos los preparativos. Primero se pensó en Guadalajara, pero al conocer la devoción del pueblo de Zapotlán, que es la más arraigada en México, se decidió que Ciudad Guzmán compartiera esta riqueza al mundo”.

Tratando de no perder el hilo de la conversión compartió su punto de vista sobre la experiencia en la organización de este simposio. Su respuesta fue con el corazón: “Ha sido una experiencia de comunión y participación; ha sido un signo eclesial entre la Diócesis y nuestra Congregación. La imagen de san José que se develó y se colocó en el patio central del Seminario es un regalo a la Diócesis como muestra de nuestro agradecimiento a su colaboración. El simposio necesitaba el apoyo de la fe viva de este pueblo de Zapotlán”.

También aportó los rasgos propios de este simposio: “Hay varios, pero el eje de la temática fue importante. Creo que el tema san José custodio de la vida y del amor es actual y necesario. Porque es una llamada a abrirnos a los carismas de la Iglesia; a dejar nuestras “capillitas” para vivir la misión en comunión y humildad. Hoy, un reto evangelizador es anunciar el Evangelio desde la ternura y compasión a ejemplo de san José”.

Este acontecimiento internacional terminó el domingo 6 de octubre en un ambiente de fiesta popular con aroma de fe y sabor de fraternidad.

Publicación en Impreso

Edición: 132
Sección: Dichos y Hechos
Autor: P. Luis Antonio Villalvazo

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