¿Reactivar o rediseñar la economía? esa es la cuestión

Un debate francés que interesa al mundo

Por: Tzinti Ramírez Reyes

“Tenemos una oportunidad de cambiar el mundo, a ver si la aprovechamos. Así que tenemos trabajo”, dijo Emmanuel Macron, vigésimo quinto presidente de la República Francesa, en la reunión inicial de la recién creada comisión de eruditos y eruditas de la economía, encargados de “reinventar” las estrategias clave para dar un nuevo aliento a la economía gala durante el próximo 2021. Sin duda, una retórica atractiva para estos tiempos de reactivación económica en un contexto de pandemia global que nos mostró sin anestesia la profundidad de las desigualdades en las que vivíamos y seguimos viviendo, acostumbrados a esta funesta normalidad como si ninguna otra fuera susceptible de diseño humano.

Fue en junio pasado cuando se anunció la formación de una comisión formada por 26 prominentes economistas organizados en tres grupos de trabajo en torno a los temas: clima, desigualdades y demografía. Dicha comisión es dirigida por dos franceses: el ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard y el Nobel, Jean Tirole. Participan también, los Nobel Paul Krugman y Peter Diamond, el exsecretario del Tesoro estadounidense Larry Summers durante la administración Clinton – por cierto, expulsado en 2006 de la presidencia de la Universidad de Harvard por machista- y la actual jefa de economistas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) Laurence Boone y consejera en estos temas durante la administración de François Hollande, Dani Rodrik (Harvard), Carol Propper (Imperial College londinense), Stefanie Stantcheva (Harvard). En total, ocho franceses, ocho europeos, ocho estadunidenses y dos franceses como directores de orquesta.

Sin embargo, en la comisión Blanchard-Tirole también observamos ausencias notables, como la del francés experto mundial en desigualdades Thomas Piketty o la de figuras como Joseph Stiglitz, Amartya Sen o la del también francés Jean-Paul Fitoussi que habían participado en comisiones anteriores sobre temas económicos aconsejando al gobierno francés en los años alrededor de la Gran Recesión de 2008. Atendiendo a estas señales, cabe preguntarse, ¿qué tanto querrá Macron cambiar la lógica económica francesa comisionando a este grupo de personas a presentarle un plan concreto rumbo al 2021? Al día de hoy no hay elementos concluyentes, pero por lo que vemos y las personalidades dentro y fuera de la comisión, como en un matchpoint en el tenis, la pelota puede todavía caer a cualquier lado de la red.

Ciertamente, hay antecedentes de comisiones creadas para que el tema del desarrollo humano se pierda en los tecnicismos de doctrinas económicas despiadadas, pero también los hay de comisiones que han cambiando el rumbo del quehacer económico hiper-individualizante. Están del lado de las comisiones memorables, el Comité Macmillan de 1929, creado en Reino Unido como respuesta a la Gran Depresión liderado por John Maynard Keynes y que recomendó medidas como la nacionalización del Banco de Inglaterra y la regulación gubernamental del comercio internacional. O está por ejemplo, el Reporte Beveridge, nombrado así por el economista William Beveridge, de 1942, que planteó en términos prácticos el rumbo hacia la creación de un estado de bienestar británico haciendo recomendaciones notables como la ampliación del National Insurane (la base del sistema de pensiones en el Reino Unido) y la creación del famoso NHS (Servicio Nacional de Salud), por cierto punta de lanza para enfrentar a la enfermedad Covid-19 de manera más o menos democrática en este 2020.

En palabras, de Jean Tirole, “el desempleo, el sobreendeudamiento y el poder adquisitivo ciertamente ocuparán un lugar central en [las discusiones y la política pública] los próximos dos años. Si bien estas son, por supuesto, preocupaciones cruciales, también debemos garantizar [como comisión] una visión global para el futuro de nuestra sociedad. El comité se centrará en los desafíos que enfrentan los países europeos en general y Francia en particular. [Tres] desafíos estructurales atraviesan muchos asuntos: globalización, educación y progreso tecnológico. Y por supuesto el Covid se invitará a sí mismo en nuestras reflexiones a través de la desigualdad, la salud”. Las preocupaciones planteadas parecen correctas, pero ¿será posible que Francia y otros tantos países puedan enfrentar los intereses que mantienen la “normalidad” que produce y reproduce desigualdades tan establemente anclada?

En marzo, Macron anunció una serie de medidas que buscaban evitar el quiebre de las empresas nacionales entre las que se encuentran: la suspensión del pago de las facturas de agua y luz, la suspensión del pago de cotizaciones sociales, suspensión en el pago de impuestos y alquileres y el cargo de créditos bancarios al erario en lugar de a los bolsillos de empresarios pequeños y medianos. También se aprobó un paquete de estímulos a empresas por 300 mil millones de euros. A nivel político, se suspendió la discusión y eventual aprobación de la polémica reforma de pensiones y de medidas que restringirían el subsidio al desempleo. En lugar de esto, se puso en marcha la extensión por al menos dos años más de un programa de apoyo al empleo que contempla medidas para permitir jornadas reducidas de trabajo pagadas parcialmente por el gobierno francés y la extensión del pago por seguro de desempleo para los casos en los que el apoyo expiraba en marzo de este año.

Si bien, en marzo Macron, insistió en que “ningún francés quedaría sin recursos”, al momento, el grueso de los apoyos se han orientado a mantener a flote a las empresas y no necesariamente a ampliar la base de beneficios y políticas sociales para los franceses comunes. El apoyo a las empresas es necesario, pero una comisión que quiera rediseñar, reinventar, la economía deberá más bien orientar sus propuestas a cambiar las formas de relacionamiento entre los diferentes actores económicos. Deberá también cambiar la quasi-inevitable precariedad para el grueso de los trabajadores y la tradición empresarial tan normalizada de transferir sus costes ambientales y sociales al erario. Veremos si la intención es maquillar algunas grietas o es quizás hacer algo de historia.

Tzinti Ramírez Reyes

Internacionalista. Directora del Departamento de Relaciones Internacionales, Economía y Ciencia Política región occidente del Tecnológico de Monterrey en Guadalajara.
Twitter: @tzinr

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