El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el 4º domingo de Pascua 2016

El Buen Pastor misericordioso

Textos: Hch 13, 14. 43-52; Ap 7, 9. 14-17; Jn 10, 27-30.

Pascua4 C 16

Estamos celebrando como Iglesia el domingo del Buen Pastor, el mismo Jesús, resucitado después de haber dado la vida por los suyos, que sigue dando vida eterna a sus ovejas. Es el Pastor que el autor del Apocalipsis presenta como el Cordero con cuya sangre los mártires lavaron y blanquearon su túnica. Es el Pastor que conducirá sus ovejas a las fuentes del agua de la vida. Es el Pastor que hoy se nos dará como alimento en el Pan y el Vino en la Comunión.

Jesús se presentó ante sus discípulos y ante los judíos como el Buen Pastor. Señaló varias características de los buenos pastores: conocen a sus ovejas, ellas los escuchan y los siguen, ellos les dan vida, nadie se las arrebata. Eso hacen los verdaderos pastores. En el caso de Jesús, además, la vida que da es eterna y sus ovejas son un don de su Padre Dios. En esa condición de regalos de Dios para Jesús nos encontramos nosotros y se lo agradecemos con esta Eucaristía.

Durante el tiempo que duró su ministerio, Jesús se mostró misericordioso con los demás, de manera especial con los pobres, los débiles, los excluidos por la sociedad. A ellos los conoció, les habló, les dio vida; y ellos lo escucharon y lo siguieron, muchos hasta la cruz. Nadie le arrebató a Jesús a los pobres, porque su Padre se los había dado. Por los pobres nadie se pelea, más que para sacarles jugo y exprimirlos, mucho menos para servirlos y darles vida, como hizo Jesús.

Esto que realizó Jesús de servir a sus ovejas, atenderlas, ofrecerles su palabra y su tiempo, cuidarlas, curarlas, perdonarles sus pecados, cargarlas sobre sus hombros, lo hizo hasta dar la vida por ellas en la cruz. Este fue el signo más grande del amor del Buen Pastor por sus ovejas. La muestra más grande de que a Dios le agradó la entrega de su Hijo por la humanidad, y de modo especial por los pobres, fue que lo resucitó al tercer día, un domingo como hoy.

Jesús se convirtió en modelo de Pastor, no sólo para aquellos a quienes Dios había encomendado en aquel tiempo el cuidado de su pueblo y estaban abusando de él sino también para los pastores de todos los tiempos. Quienes hemos sido llamados a este servicio en la Iglesia, de manera especial los presbíteros, deberíamos estar viviendo el pastoreo como Jesús lo ejerció. Hoy le pedimos perdón al Señor porque muchos de nosotros no siempre lo hemos realizado así.

Lo que realizó Jesús como Pastor misericordioso es lo mismo que deben realizar los gobernantes con su pueblo, los sacerdotes con su comunidad, los papás con sus hijos. Es decir, conocerlos, hablarles, escucharlos, servirlos, atenderlos, confortarlos, curarlos, cargarlos sobre sus hombros, responder a sus necesidades, ofrecerles buenos alimentos, darles vida, dar su vida por ellos. Este servicio hay que vivirlo de una manera especial con los pobres, enfermos, alejados…

¡Qué lejos estamos de ser pastores misericordiosos como Jesús! Los textos bíblicos nos cuestionan y nos delatan en nuestra condición de pastores. Pidamos al Señor que quienes hemos sido llamados a este servicio lo realicemos con fidelidad. Que nunca perdamos de vista el ejemplo de Jesús, que nos esforcemos por vivir como Él, que seamos pastores responsables que conocen a sus ovejas, las guían, dan su vida por ellas y les dan vida en abundancia.

Este domingo está dedicado a orar por las vocaciones. Pidamos al Señor no sólo que no falten vocaciones al ministerio pastoral sino que quienes ya tenemos el encargo del pastoreo seamos misericordiosos con las ovejas que Él nos ha encomendado. Oremos a Dios para que no falten buenos pastores en nuestros pueblos, comunidades y familias. Dispongámonos a recibir al Buen Pastor convertido en Pan y Vino. Alimentados por Él, vayamos a dar vida a las ovejas.

17 de abril de 2016

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