Don Samuel Ruíz, pastor peregrino y samaritano

A los grandes pastores y profetas, aunque las instituciones eclesiásticas los repriman y desconozcan, el pueblo los hace grandes y la historia guarda fielmente su memoria. Éste es el caso de Don Samuel, quien ha tenido innumerables dificultades y obstáculos para llevar adelante su misión, pero ha perseverando en ella.

Del 20 al 25 de enero pasados, la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas se llenó de fiesta por las Bodas de Oro episcopales de Don Samuel, 42° Obispo de San Cristóbal y sucesor del segundo Obispo Don Bartolomé de las Casas O.P.

La Diócesis se preparó con un año jubilar, que inició el 25 de enero de 2009 y culminó el 25 de enero de 2010 y con varias Asambleas Diocesanas, a las que fue invitado Don Samuel. Del 20 al 23 de enero se desrrolló un Congreso Teológico Pastoral, cuyo objetivo fue el de “fortalecer e impulsar, en un ambiente festivo el caminar diocesano, profundizando el ser y qué hacer de la Iglesia ante los desafíos que presenta el cambio de época”.

La participación en el Congreso fue cercana a los mil asistentes, entre personas de la Diócesis y de fuera de ella. Entre los invitados estuvieron: Gustavo Gutiérrez, padre de la Teología de la Liberación, que dada su situación de salud no pudo estar presente, pero envió una carta de saludo y felicitación a Don Samuel y un escrito sobre la opción por los pobres; el padre Pablo Richard, destacado biblista; monseñor Víctor Corral de la Diócesis de Riobamba, Ecuador; el padr Eleazar López; el padre Juan Manuel Hurtado; Mariana Gómez Álvarez Icaza, así como también religiosas e indígenas que dieron su testimonio sobre la labor de Don Samuel.

Los temas del Congreso fueron varios. El primer día se abordó la Palabra de Dios y la espiritualidad en el caminar diocesano. El segundo día se destinó a los pueblos indígenas y mestizos como sujetos históricos ante los actuales desafíos. El tercer día se trabajó en la inculturación del Evangelio y la Iglesia autóctona. El último día lo dedicaron a encontrar las implicaciones para fortalecer e impulsar el caminar diocesano, a partir de los desafíos en el campo social e histórico.

El lunes 25 de enero fue la magna Celebración Eucarística precedida por una procesión que partió de cuatro lugares y se concentró en la plaza de la Catedral, con una participación de cerca de ocho mil personas.

Don Samuel ha sido un Obispo de cara a la historia. Él, en consonancia con la identidad histórica de la Iglesia, aprendió a ser peregrino y a vivir de lo provisorio de esta condición, a estar atento a los condicionamientos concretos de los seres humanos y a ponerse al día: aggiornarse, según la expresión del Papa Juan XXIII y nacida del espíritu del Concilio, que fue para Don Samuel un laboratorio de innovaciones teológicas.

Poco a poco, fue descubriendo que la situación que sufrían los indígenas no era fruto de la voluntad de Dios, sino de la injusticia estructural. Por tanto, no se necesitaban dádivas sino una liberación de este abandono al que había sido sometido el indígena durante más de cuatro siglos. Es así como entró de lleno en la Teología de la Liberación.

Expresión de esta inquietud evangelizadora de los indígenas fue el Movimiento catequístico y ministerial, impulsado por él desde 1962; fundó dos escuelas de catequistas de indígenas, una para mujeres y otra para varones, que posteriormente se fueron convirtiendo en “Los servidores de sacramentos en la comunidad”. En marzo de 1981 confirió el orden del diaconado a seis de los candidatos presentados. Fue el inicio del Diaconado Indígena Permanente y que logró tal relevancia, que las autoridades vaticanas llegaron a detener. Fueron muchos los temores y malos entendidos que provocaron esta suspensión, y no tanto el número elevado de diáconos indígenas; no se tuvo en cuenta la búsqueda para poner en práctica lo que en el documento Ad Gentes habían dicho los obispos sobre las Iglesias autóctonas.

El broche de oro con el que cerró su obra pastoral en la Diócesis de San Cristóbal fue la celebración del III Sínodo Diocesano, de 1995 a 1999. Ya en julio de 1994 hizo su convocación. El 25 de enero del 1995, fue la apertura y de 1996 a 1999 se tuvieron seis asambleas sinodales en las que se reflexionaron los temas de: Iglesia autóctona, Iglesia liberadora, Iglesia evangelizadora, Iglesia en comunión, Iglesia servidora, Iglesia bajo la guía del Espíritu. Los Acuerdos del III Sínodo Diocesano son como la síntesis de todo el pensamiento y práctica evangelizadora de Don Samuel y de su Iglesia particular.

Todo el proceso teológico pastoral de este Obispo peregrino, fue posible porque siempre estuvo atento a la Historia, a los Signos de los tiempos, a la voz del Espíritu que se manifestaba en la realidad iluminada por la Palabra de Dios. Todo peregrino debe tener bien puestos los ojos en la tierra que pisa y en la meta a la que quiere llegar y ésta ha sido un práctica cotidiana de Don Samuel, siempre realista, utópico y con la vista puesta en el horizonte.

Podemos seguir las huellas de Don Samuel no únicamente en el proceso teológico-pastoral, sino también en el terreno del compromiso creciente con los pobres, los indígenas. Su palabra siempre ha iluminado con el Evangelio las diversas coyunturas de nuestro país, como la carta: “En este tiempo de gracia”, que entregó al Papa Juan Pablo II, en Yucatán, en su tercer viaje a México, en agosto de 1993. En ella, Don Samuel hizo un análisis de la realidad indígena, tomando las mismas palabras de los indígenas organizados como Pueblo creyente. Todos los agravios de los que eran objeto los resumía diciendo: “Desposeído de sus tierras, el Indígena es extranjero en su propia tierra”.

Todo esto le costó a él y a su equipo, muchas calumnias y persecuciones de parte de los privilegiados, porque no querían perder sus prebendas y compartir con los hermanos a quienes habían despojado de sus tierras y de su dignidad, a quienes invitaba a la conversión, que para lograrla se necesitan tres elementos: identificarse con los pobres a los que Cristo prefirió; la liberación concebida de manera integral, no de una manera reduccionista, espiritualista, negando su compromiso con la historia, como tampoco de una manera sociologista, negando su carácter trascendente; y el servicio al mundo, ya que la Iglesia no es un fin en sí misma, ni se construye para sí.

Con toda propiedad se puede llamar a Don Samuel un pastor, peregrino y samaritano, porque como todo peregrino, ha ido avanzando, siempre, no negando lo que ha caminado, y siempre con la vista puesta en la realidad que le ha ido marcando el camino y en el horizonte que le señala la meta a alcanzar. El pasado le hace comprender el presente y éste le anticipa el futuro. Es el hombre de la esperanza.

No se ha estacionado en una etapa de su caminar, sino que siempre ha dado pasos hacia adelante. Deja muchas cosas que le estorban para poder proseguir su peregrinar. Pone su confianza en Dios, quien es el que, por su Espíritu, le va señalando el camino. Su acción siempre es corresponsable con Dios. Ni le deja todo a él ni se siente ser quien marca la dirección de su caminar. Su mismo método teológico pastoral: partir de la realidad, iluminarla con la Palabra de Dios y encontrar pistas de respuesta a la problemática que presenta la situación, invita a avanzar, porque sabe que la realidad es dinámica, no se detiene.

Don Samuel ha sido “El caminante del Mayab”. Un pastor peregrino y samaritano.

Publicación en Impreso

Número de Edición: 101
Sección de Impreso: Luz y Fermento
Autor: P. José Sánchez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *