“Los indígenas me convirtieron”: J’Tatic Samuel

J’Tatic murió. Fue la noticia que recorrió los espacios de México y de Latinoamérica. A muchos nos dolió, aunque ya esperábamos el desenlace desde que nos informaron que estaba delicado y posteriormente que estaba grave.

J’Tatic celebra ya su Pascua eterna. Perdimos su vida, pero no su presencia, porque sabemos que ha llegado ya a la Meta de la plenitud del Reino de Dios y desde ahí nos sigue acompañando.

Nos ha dejado un legado. La Iglesia de México no puede desconocer todo lo que él se esforzó para hacerla creíble, sobre todo, ante los pobres y luchadores por un mundo distinto que es posible y necesario. Los pobres lo lloran. Los que apostamos por un mundo fraterno y solidario, también lo lloramos. Pero también nos alegramos porque ya tiene la recompensa que nuestro Dios, Padre y Madre, ha prometido a todos los que se comprometen en la construcción de su Reino.

Él fue un caminante en búsqueda constante. Supo escuchar la voz de los que no tienen voz y descubrir en su vida el camino para llegar a construir un mundo de igualdad y de justicia. Los indígenas lo convirtieron, le enseñaron que no hay que llegar con planes hechos desde la propia situación y cultura, sino de escuchar las verdaderas necesidades del pueblo. Supo que el Espíritu llega antes que el misionero, el pastor y que escribe renglones de vida y esperanza en las culturas de los pueblos. Por eso su labor fue inculturar el Evangelio, y los sujetos de esta inculturación son los pobres.

Fue un apasionado de la Iglesia autóctona, local, particular. El tercer Sínodo diocesano que él presidió entre los años 1995-1999 tuvo como tema central “La Iglesia autóctona”. Él estaba convencido de lo que el Concilio Vaticano II había recalcado: la Iglesia diocesana es particular, local porque se debe encarnar en el contexto histórico y cultural en el que vive. Por eso trató de hacer de la Iglesia de Chiapas una Iglesia enraizada en las culturas de los pueblos ancestrales, una Iglesia con características indígenas.

Promovió el movimiento de los catequistas que llegaron a ser más de 600 y los diáconos permanentes, sobre los que descansó la tarea evangelizadora.

Descubrió que todos tenemos derecho a la vida digna y que la exclusión de las condiciones para vivir humanamente es una violación clara de la dignidad que tenemos por haber nacido humanos. Él, con su vida y su pastoreo, hizo visibles a los indígenas que tenían siglos olvidados, excluidos, invisibles. Su presencia en medio de ellos les dio la conciencia de que son personas y que es justo que luchen y conquisten lo que otros les han quitado: la dignidad, la esperanza. La fundación del Comité de Derechos humanos Fray Bartolomé de Las Casas es la muestra clara de que entendió que ser pastor es luchar por ayudar a los postergados en la historia a levantarse.

Fue el incansable promotor de la paz a través del diálogo. Esta era su vocación. La intermediación en el conflicto entre el EZLN y el gobierno federal, entre el Ejército Popular Revolucionario son signos claros de esta tarea que vivió con pasión en medio de las contradicciones de la historia.

Fueron muchas las presiones y amenazas de muerte que tuvo por parte del gobierno federal y estatal, de los finqueros y de los “auténticos coletos”, gente de San Cristóbal con una mentalidad excluyente, que siempre se opusieron al trabajo pastoral de Don Samuel, pero las afrontó con fortaleza y prudencia.

Don Samuel se dejó guiar por el Espíritu Santo y recorrió un camino de conversión continua, que comenzó desde el 25 de enero de 1960, cuando fue consagrado Obispo en la Catedral de San Cristóbal de Las Casas hasta el día de su muerte, 24 de enero del 2011. Al día siguiente, celebraba en el cielo sus 51 años de Pastor de la Iglesia.

Murió un auténtico pastor, quien supo ser un profeta de los pobres, de los indígenas. Alguien que se arriesgó por estar al lado de los pobres. Alguien que supo contagiar a otros la sabiduría de estar con los que saben luchar y defender sus derechos.

Don Samuel es un obispo integrante de la pléyade de obispos que empujaron la Iglesia latinoamericana en la dirección marcada por el Vaticano II y la tradición teológica y pastoral latinoamericana: D. Sergio Méndez Arceo, D. Bartolomé Carrazco, D. Pepe Laguno, D. Arturo Lona, D. Sergio Obeso…

Don Samuel fue un Obispo peregrino, converso, pastor, profeta y defensor de los derechos humanos.

Publicación en Impreso

Número de Edición: 107
Autores: Luz y Fermento
Sección de Impreso: Pbro. José Sánchez

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