Experiencias internacionales del Ingreso Mínimo Garantizado

Por: Tzinti Ramírez Reyes

Con la crisis global generada por Covid-19 volvió a la esfera pública la discusión sobre la conveniencia y factibilidad de que los Estados generen programas de renta básica garantizada para sus poblaciones. Debido a las medidas de aislamiento social, las economías nacionales y familiares han entrado en una dinámica de ralentización tal que se ha visto amenazada la sobrevivencia diaria de miles de hogares. Países como Estados Unidos, Brasil, India, Colombia o México han activado fondos de emergencia para proveer ayudas directas a grupos de la población vulnerables.

India y Colombia, por ejemplo, han realizado transferencias directas de fondos por vía de la tecnología celular mientras que en EU se optó por proveer ayudas de ingreso mediante cheques. A finales de marzo, el Congreso de Estados Unidos aprobó un paquete de estímulo de 2 billones de dólares que concede una ayuda promedio de 1,200 dólares mensuales. Sin embargo, Trump ha anunciado que esta medida no será permanente y que se extinguirá gradualmente conforme se supere la emergencia del Covid-19.

En Brasil, se anunció la aplicación, temporal también, de una renta mínima mensual de 600 reales (alrededor de 2, 800 pesos) durante un trimestre.

Quizá uno de los ejemplos más sonados al momento es el proyecto español en pro de lo que se ha llamado, Ingreso Mínimo Vital (IMV). Bajo este esquema aprobado por el Consejo de Ministros a finales de mayo, será a partir del 15 de junio cuando alrededor de 850 mil hogares puedan solicitar esta nueva prestación.

La cantidad de la prestación oscilará entre los 460 y los 1025 euros (para hogares de cinco miembros)– entre 11,300 y 25 mil pesos mexicanos. Según ha apuntado Pedro Sánchez, actual presidente de España, se busca que el programa se vuelva una mediada permanente. La prestación va ligada a una búsqueda activa de trabajo.

Aun así, España, dentro del continente europeo, llega comparativamente tarde a este tipo de prestaciones. Países como Francia, Alemania o Países Bajos cuentan con esquemas de renta mínima garantizada desde hace años. El importe mínimo de la ayuda conocida como Revenu de Solidarité Active o Renta de Solidaridad Activa (RSA) son 550 euros y puede alcanzar los 1,050 euros. Este programa, deriva de la aprobación en diciembre de 1988 de la renta mínima de inserción (RMI).

En el Reino Unido existe desde el año 2013 el Universal Credit o Crédito Universal que es un paquete de seis tipos de ayudas que proporciona el gobierno británico. El Crédito Universal incluye apoyos para vivienda, complementos de ingresos y beneficios fiscales de diversa índole. En tiempos pre-Covid se recibían a nivel nacional 100 mil solicitudes de alta para el Crédito Universal, crisis actual multiplicó en 500% las solicitudes.

En el caso italiano, fue en 2019 cuando se aprobó el Reddito di Cittadinanza, un subsidio al ingreso de aproximadamente 500 euros al mes para quien no cuente con ningún ingreso y 900 euros para familias de cuatro miembros con ingresos bajos. En el caso italiano la prestación caduca a los 18 meses y está ligada a la búsqueda activa de empleo.

Es importante mencionar que, en el caso español, como ocurre en Francia, Reino Unido o los países nórdicos, los programas de ingreso mínimo se acompañan de otros beneficios sociales como son un eficiente sistema de transporte público a bajo costo, y acceso garantizado a un sistema educativo o un sistema de salud gratuito y de calidad como son el famoso National Health Service (NHS) británico o el Istituto Nazionale della Previdenza Sociale (INPS) italiano. Además de estos esquemas, existen desde luego diversos programas de seguro de desempleo.

Es curioso que estos esquemas sean comunes en países desarrollados como Japón, Canadá o los países europeos y que las discusiones sobre la introducción de estos u otros esquemas de seguridad social se topen con miedos infundados en países como el nuestro. En nuestro país y curiosamente en los grupos políticos de derecha de aquellos continentes, se repiten hasta el cansancio las advertencias típicas: “quienes reciban las ayudas van a querer vivir de esto toda la vida”, “les va a gustar sólo estirar la mano”, “claro, si vivir de las dádivas del gobierno es fácil”, “no aprenderán los beneficios del trabajo duro”, “hay gente que vive de eso”.

Será que, sin darse cuenta, se repiten esos avatares sin comprender que lo que hay detrás es una profunda ignorancia e insensibilidad acompañada de la creencia clasista de que quien es pobre lo es porque no trabaja lo suficiente, o porque no ha hecho las elecciones correctas en su vida. Será que detrás de eso está la ceguera que se niega a mirar los mecanismos de funcionamiento de este sistema económico rapaz que se beneficia de la reducción sistemática del salario y de las prestaciones sociales hasta llevar a las poblaciones a estirar los extremos de lo posible para lograr la mera subsistencia.

Con 272 millones de migrantes a nivel global, nos negamos a ver que los terruños expulsan y que el poder adquisitivo de quien tiene suerte de trabajar incluso como profesionista es menos de la mitad en América Latina de lo que era en los años ochenta. ¿Será que nos negamos a ver los mecanismos que producen oleadas de personas con necesidad de apoyo de un tipo u otro? ¿Es posible que no veamos que también a quienes somos más privilegiados nos cuesta mantener nuestro “estilo de vida” y que lo hacemos gracias a los créditos plásticos que se ofrecen pre-aprobados sin verificar nuestro nivel de ingreso?

Guy Standing, investigador en la Universidad de Londres y autor de “La renta básica: un derecho para todos y para siempre”, piensa que es necesario replantear todo nuestro concepto de trabajo y de tiempo, y que debemos buscar o recuperar los recursos de donde sea necesario para garantizar condiciones de vida dignas a todas y todos. Por su parte, Olli Kangas, Jefe del departamento de investigación de la Institución Finlandesa de Seguridad Social (Kela), profesor de la Universidad de Helsinki y arquitecto de un proyecto piloto realizado en Finlandia durante 2017-2018 en el que se otorgaban 560 euros al mes durante dos años a 2 mil beneficiarios en situación de desempleo sin ningún tipo de condicionante, concluye que en el tema de la búsqueda de empleo, el dinero que recibían (los beneficiarios) no tuvo ningún efecto sobre la empleabilidad del grupo que recibía el apoyo vs el grupo control de desempleados que no recibían ningún apoyo. Ambos grupos buscaron empleo y trabajaron prácticamente las mismas horas y ganaron lo mismo.

En cambio, los hallazgos más importantes del experimento finlandés estribaron en que la renta básica, ahí sí, universal, sirvió para impulsar la salud, la autoestima y el optimismo hacia el futuro de sus beneficiarios. “La libertad”, fue la respuesta de Mujara, uno de los participantes en este experimento piloto, al ser cuestionado sobre lo mejor de su experiencia. “Libertad de no tener que rellenar largos formularios para solicitar ayudas, libertad de saber que, pase lo que pase, a final de mes iba a tener un cheque, aunque fuera por una cantidad pequeña”.

Dice Olli Kangas, “en todas partes [en experimentos de Finlandia a Kenia sobre renta mínima] se aprecia que la ayuda directa tiene efectos emancipatorios. Las personas que reciben los fondos adquieren de repente más voz en su entorno. Pueden decir qué quieren hacer con su vida”. Quizá ese sea el verdadero temor. ¿Qué harían las personas si se supieran con ese mínimo de libertad? ¿Qué haríamos si supiéramos que contamos con una red básica de sustento para la vida? Quizá, en lugar de hablar de mínimos hablaríamos de dignidad. Quizá se nos ocurriría querer arreglar otras cosas. Quizá no sobrellevaríamos con abnegación todo lo que nos sucediera. Quizá, el verdadero temor estriba en la posibilidad de una respuesta emancipadora del tiempo y de los deseos. Tal vez, quizá.

Tzinti Ramírez Reyes

Internacionalista. Directora del Departamento de Relaciones Internacionales, Economía y Ciencia Política región occidente del Tecnológico de Monterrey en Guadalajara.
Twitter: @tzinr

2 pensamientos sobre “Experiencias internacionales del Ingreso Mínimo Garantizado

  1. Encuentro en El Puente un gran recurso para conocer sobre nuestra comunidad, nuestra región, nuestra actualidad nacional y mundial en temas que permiten el análisis y la propuesta de alternativas que permitan enfrentar los problemas ambientales, sociales, económicos y en sí humanos a los que nadie somos ajenos. Un saludo para todos.

  2. Excelente nota, ayuda mucho a desmitificar la idea de la «renta básica general y permanente». De hecho, es el reverso completo del «látigo del hambre» de los fundadores del capitalismo. «Para David Ricardo y colegas no había otra manera de hacer trabajar a las personas. NI los salarios altos, ni un ambiente de camaradería, ni el reconocimiento social etcétera, Robert Owen demostró en los hechos que ese principio era falso.» p.224
    «Polanyi Karl. “La Gran Transformación, Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo”. 1a. Edic. En Inglés 1957. Fondo de Cultura Económica, 3a. Reimpresión México, D.F. 2012.»

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