Ya no nos alcanza

La “Cuesta de Enero” solía presentarse al inicio del año posterior a cada gran crisis económica en México. La Cuesta significaba un momento donde las familias hacían frente a un incremento generalizado de precios que sin duda vulneraba la economía familiar, de esta manera, después de los años de 1976, 1982, 1994 y 2008 los hogares de nuestro país tuvieron que ajustar sus gastos e incrementar sus ingresos con el objetivo de aminorar los efectos de la inflación, es decir, del aumento de precios, sobre todo de los productos considerados de primera necesidad.

Aunque el año 2012 no antecede a un proceso devaluatorio demasiado fuerte como lo fue en los años antes citados, sí tenemos que decir que durante el año que recién terminó hubo un incremento generalizado de precios, que además fue acompañado de una moderada devaluación del peso frente al dólar, situación que propicia que algunos productos aumenten su valor en el mercado. Recordemos que en los años 2010 e incluso parte del 2011 se podía comprar un dólar hasta en once pesos. Para finales del año pasado su precio aumentó hasta los 14 pesos, es decir, tuvimos una devaluación del peso frente al dólar de alrededor del 30%.

A mediados de enero de este año, un grupo de investigadores de la Universidad de Guadalajara (UdeG) dieron a conocer un estudio que resulta muy interesante para descubrir la inflación que se está generando, es decir, el aumento de precios generalizado que se vive. De los 121 artículos que conforman la canasta básica (productos que son considerados como esenciales para la vida de una familia), 109 de ellos registraron un incremento en sus precios durante el 2011.

Este trabajo reveló que los aumentos más significativos se presentaron en productos como el tomate, con 57%; la papa 45%, y el jamón 42%. Otros productos como la calabacita registraron alzas de 41%, la lima 35%y el frijol un 31%. Los investigadores de la universidad pública del estado destacaron que uno de los factores que provocó este aumento fue la sequía que afecta gravemente a varias entidades del territorio nacional.

En el estudio antes mencionado se puede leer que para comprar una canasta básica en la Zona Metropolitana de Guadalajara, se necesitan desembolsar 5 mil 993 pesos al mes. De acuerdo con la investigación que realizó la UdeG a los 121 productos de la canasta básica, y al tomar en cuenta que el salario mínimo durante 2011 fue de mil 743 pesos, se calcula que un trabajador requiere de 3.4 salarios mínimos para adquirir los productos básicos, informó el investigador del Departamento de Métodos Cuantitativos del CUCEA, Héctor del Toro quien agregó: “Si decimos que la canasta básica requiere 3.4 salarios mínimos y si aproximadamente el 47% de la población gana de tres salarios mínimos para abajo, pues es la misma proporción que no tiene capacidad para adquirir esto”: afirmó el académico a periodistas de Notisistema.

Hay que subrayar que esta cantidad de dinero no contempla el pago de servicios como la luz, la renta, el gas, el teléfono, el transporte, las medicinas, el calzado y el vestido, entre otros gastos.

Es decir, un poco menos de la mitad de las y los habitantes de Jalisco no pueden adquirir con su sueldo los productos indispensables para vivir con cierta dignidad y suficiencia.

Ahora bien, en los últimos días del año 2011 y lo que va de 2012, no con tanta estridencia, pero sí con gran preocupación, se informó en varios medios de comunicación de la sequía que aqueja a un buen número de poblaciones en el norte, occidente y centro del país. Incluso la Cámara de Diputados le pidió a Felipe Calderón que se creará un fondo especial para apoyar a los campesinos que fueron víctimas de esta situación. El presidente se negó a crear dicho fondo, pero se comprometió a utilizar los recursos destinados en caso de desastres naturales con el objetivo de paliar esta nueva crisis en el campo.

El tema de la sequía y la crisis alimentaria se desató nuevamente en los medios nacionales de comunicación a través de una información distorsionada donde se afirmaba que indígenas rarámuris de la sierra Tarahumara se suicidan por la hambruna que sufre aquella región. El jesuita Javier Ávila, profundo conocedor de la sierra negó los suicidios, sin embargo afirmó que efectivamente el hambre rondaba a las familias rarámuris. Adicionalmente a lo anterior, recordemos que la Comisión Nacional de Evaluación de la Política Social (CONEVAL) dio a conocer un informe sobre la pobreza en México, que exponía claramente que la pobreza alimentaria en el país se había incrementado en los últimos dos años.

Todo lo anterior nos lleva a una preocupante conclusión: que en México el incremento generalizado de los precios de la canasta básica, la crisis del mundo rural que se agudiza con la sequía, el aumento de la pobreza alimentaria, la devaluación progresiva de nuestra moneda y los bajos ingresos en buena parte de los trabajadores del país, representan un grave riesgo para las familias mexicanas, sobre todo aquellas que viven en zonas rurales, como la gran mayoría del Sur de Jalisco, que cada vez tendrán más difultades para conseguir los artículos necesarios para vivir.

Estrategias ante la crisis

La insuficiencia para poder obtener los satisfactores llevan a las familias a implementar varias estrategias: la primera es ajustar el consumo a los ingresos, con lo cual las condiciones de vida en el seno de los hogares se empiezan a deteriorar o continúan con su proceso de empobrecimiento. Por ejemplo el gasto en ropa se aminora, se deja de consumir carne, se compran artículos de menor calidad que a la larga cuestan más, entre otras.

La segunda estrategia que adoptan las familias es que más miembros de ellas entren en el mercado laboral, esta situación en algunas ocasiones propicia que los jóvenes dejen los estudios, que los padres estén más ausentes en el hogar, que los niños pequeños terminen por ser criados por sus hermanos mayores o sus abuelos y en un cambio general de los roles en las casas.

La tercera estrategia que implementan los hogares es recurrir al crédito, primero piden dinero prestado con los propios familiares, luego con las amistades y en seguida solicitan créditos a los bancos, a las tiendas departamentales y a lugares dedicamos al préstamo y el empeño. Esta situación provoca que el ingreso de las familias esté condicionado y comprometido todo el tiempo, la posibilidad del ahorro se vuelve inexistente y las probabilidades de incurrir en la imposibilidad de pagos se incrementa notablemente. Cuándo las familias empiezan a pedir prestado para pagar otros préstamos es un signo de una situación económica familiar de crisis.

Finalmente otra de las estrategias es vender el patrimonio, por ejemplo, se pone en venta el auto de la familia para pagar deudas y comprar un vehículo de menor precio, se ponen a remate artículos de la casa e incluso se llega a vender la vivienda con el fin de subsanar los gastos y los créditos adquiridos. Esta estrategia provoca una gradual pérdida del patrimonio y una tendencia de empobrecimiento de las familias.

Evidentemente este no puede ser el camino a seguir para aliviar el proceso de empobrecimiento de las familias, que al corto plazo resuelve problemas, sin embargo al largo y mediano plazo genera mayores condiciones de precariedad.

Algunas alternativas viables

Para enfrentar estos problemas sociales se han creado cooperativas de producción y consumo que ayudan a que colectivamente se encare esta situación. Sin embargo propongo dos alternativas más: el trueque de productos y el intercambio de tiempo de trabajo.

El truque implica que se intercambien productos y artículos entre los miembros de una comunidad o colonia. No necesariamente nuevos y no sólo alimentos o libros, la gama de cosas que se pueden circular en una colonia, en una vecindad o en una comunidad puede ser amplia. Además, no sólo se pueden intercambiar productos, también tiempo de trabajo, es decir, intercambio de servicios. Esto posibilita que las personas pongan a la disposición de su comunidad sus habilidades y saberes y que a la par tengan la posibilidad de disfrutar las habilidades y saberes de las demás personas.

Estas dos acciones desmercantilizan la economía y hace que para satisfacer necesidades no implique recurrir al dinero. Implementar estas estrategias implican solidaridad, espíritu de servicio y generosidad, actitudes que sin duda abundan en el Sur de Jalisco.

Publicación en Impreso

Número de Edición: 115
Autores: Dichos y Hechos
Sección de Impreso: Jorge Rocha

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *