Las misiones del sur

Viaje Apostólico del Papa Francisco a Chile y Perú

«No hay mejor manera de cuidar la esperanza que permanecer unidos”

Por: J. Alfredo Monreal Sotelo.

El Papa Francisco visitó por sexta vez América Latina para animar las tareas evangelizadoras en estas tierras. Del 15 al 22 de enero recorrió Chile bajo el lema: “Mi paz les doy” y Perú, con el lema: “Unidos por la esperanza”.

En el marco de un momento difícil y preocupante para la Iglesia chilena, el Papa Francisco arribó a Santiago y expresó a su llegada el gusto de estar en un país donde se hospedó y recibió formación en la juventud. Reconoció el desarrollo en la democracia del país que le ha permitido un sostenido progreso y, unido al episcopado de la nación pidió perdón a las víctimas de abusos y les manifestó su apoyo.

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El 16 de enero celebró una Misa por la paz y la justicia en el parque O´Higgins; en su homilía expresó: “al ver a la multitud, Jesús encuentra el rostro de la gente que lo seguía y ellos encuentran en la mirada de Jesús el eco de sus búsquedas y anhelos”. El mismo día, en la catedral de Santiago dijo a los consagrados: “no estamos aquí porque seamos mejores que otros. Más bien somos enviados con la conciencia de ser hombres y mujeres perdonados. Y esa es la fuente de nuestra alegría. Renovar la profecía es crear las condiciones para que cada persona abatida pueda encontrarse con Jesús. Que bien nos hace a todos dejar que Jesús nos renueve el corazón”.

Retomó con los obispos la dimensión de ser pueblo de Dios y les indicó que la falta de conciencia de pertenecer al pueblo fiel de Dios como servidores, y no como dueños, nos puede llevar al clericalismo, una de las tentaciones que más daño le hacen al dinamismo misionero que estamos llamados a impulsar: “la falta de conciencia de que la misión es de toda la Iglesia limita el horizonte. Los laicos no son nuestros peones, ni nuestros empleados. Velemos contra la tentación del clericalismo, especialmente en los Seminarios y en todo proceso formativo”.

El miércoles 17 el Papa fue a la región de la Araucanía, donde se encontró con los indígenas mapuches y de otras etnias. Celebró la Misa por el progreso de los pueblos en el aeródromo de Maquehue. Después regresó a Santiago al encuentro con los jóvenes y, al día siguiente en Iquique, en su despedida pidió para el pueblo chileno unidad y paz.

Por la tarde del día 18, el Papa llegó a Perú y uno de los momentos más significativos de la visita fue la visita a la Amazonia. En Puerto Maldonado señaló: “esta región está llamada con el bellísimo nombre de Madre de Dios. Es doloroso constatar cómo hay algunos que quieren volver este lugar una tierra anónima, sin hijos, una tierra infecunda. Un lugar fácil de comercializar y explotar. Los falsos dioses, los ídolos de la avaricia, del dinero, del poder lo corrompen todo. Corrompen la persona y las instituciones, también destruyen el bosque. Los animó a que sigan organizando movimientos y comunidades de todo tipo para ayudar a superar estas situaciones”.

En su mensaje a los pueblos de la Amazonia expresó: “probablemente los pueblos originarios amazónicos nunca han estado tan amenazados en sus territorios como lo están ahora. Considero imprescindible realizar esfuerzos para generar espacios institucionales de respeto, reconocimiento y diálogo con los pueblos nativos”.

Al igual que en otros viajes, después de celebrar la Misa en la playa de Huanchacho, el Papa se encontró en Trujillo con los consagrados y consagradas a quienes dijo: “estamos en la tierra que vio morir, misionando, a santo Toribio de Mogrovejo. Esto nos lleva a mirar hacia nuestras raíces, a lo que nos sostiene a lo largo del tiempo para crecer hacia arriba y dar fruto”.

En Lima les habló a los obispos de las proezas de Santo Toribio, arzobispo de Perú. Haciendo alusión a una Pintura que se encuentra en el Vaticano del Santo pastor cruzando un río caudaloso, manifestó que quiso llegar a la otra orilla de los alejados y dispersos, no sólo geográfica sino cultural; a la otra orilla de la caridad, de la formación de sus sacerdotes, de la unidad y hacia la orilla definitiva. Les recordó que lo que atraía de la Iglesia primitiva era ver como se amaban. Esa era, es y será la mejor evangelización.

El domingo 21 de enero, después de celebrar la Misa en la base aérea Las Palmas se despidió con las palabras: “Perú es tierra de esperanza. No hay mejor manera de cuidar la esperanza que permanecer unidos”.

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