Tinieblas envuelven a las víctimas del terror

Han pasado 14 años desde que los atentados a las Torres Gemelas en Nueva York conmocionaron al mundo. Fue un acontecimiento sin precedentes que marcó el inicio de una nueva era, la de la guerra contra el terrorismo, y desde entonces han ido en aumento los daños a civiles causados por actos de esta naturaleza.  Aquel año el terrorismo internacional arrebató la vida de 7 mil personas en el mundo, sin embargo durante 2014 alrededor de 34 mil personas murieron en atentados terroristas.

París, la capital europea.

En este contexto no sorprende que los eventos del 13 de noviembre en París, donde murieron 130 personas, hayan conmocionado al mundo de la forma en que lo hicieron. Sin embargo, París y Nueva York no son las únicas ciudades donde la gente teme a los atentados. La mayoría de las víctimas de estos hechos viven lejos de las grandes capitales del mundo, pero parece que a la sociedad internacional le importan más unas víctimas que otras.

Después de lo sucedido en la capital francesa los líderes del mundo se apresuraron a condenar el terrorismo y ofrecer su apoyo para buscar y reprimir a los culpables del ataque. En nuestro país, Enrique Peña Nieto emitió un comunicado de solidaridad con Francia y para fortalecer esta postura se iluminaron –simbólicamente- los principales monumentos de la Ciudad de México con los colores de la bandera francesa. En Guadalajara la Minerva lució azul, blanca y roja, y se sumó a esta expresión solidaria que iluminó a los monumentos de las principales capitales del mundo.

En las redes sociales fue común ver fotos de perfil con los colores franceses superpuestos e inclusive la plataforma Facebook habilitó una aplicación para que la gente que estuviera en París pudiera indicar que se encontraba a salvo. Durante un par de días la prensa internacional dio amplia cobertura a la respuesta de Francia frente a los atentados, e inclusive especuló sobre el inicio de una tercera guerra mundial.  Pero unas horas antes de que el pánico inundara Europa, en El Líbano murieron 40 personas a causa del atentado terrorista más mortífero en aquel país desde la década de los 80, y de Beirut poco o nada se dijo. Nadie coloreó de blanco y rojo su imagen de perfil en Facebook, nadie entonó el himno nacional libanés en muestra de solidaridad. Dejaron que las víctimas de medio oriente se consolaran a sí mismas.

Medio Oriente y África: un mundo en penumbra

Lo que vivió París fue sólo un ejemplo de lo que viven las personas en Medio Oriente desde hace mucho tiempo. Desde la guerra entre Irak e Irán, en los años 80, pasando por las invasiones a Kuwait en la Primera Guerra del Golfo, y las intervenciones de Estados Unidos en Afganistán e Irak en la década pasada, hemos olvidado el rostro de los civiles que han sido víctimas del fuego cruzado entre terroristas y ejércitos. Por ejemplo, en Siria todos los días miles de familias tienen que enfrentarse a los ataques de los grupos extremistas, pero también deben esquivar los ataques de las potencias europeas que en su frenesí por exterminar al Estado Islámico bombardean ciudades enteras matando a muchos civiles en sus operaciones.  Recientemente Estados Unidos acaba de reconocer que debido a un “error de cálculo” fue bombardeado un hospital en Afganistán, donde murieron al menos 30 personas, entre ellos médicos voluntarios internacionales que prestaban servicio en ese hospital.

Pero además, la gente de medio oriente tiene que lidiar con el hambre, la destrucción de sus hogares, de sus centros de trabajo, el desempleo, la miseria… todas situaciones que poco se comentan en los medios de comunicación y menos están presentes en el imaginario de las personas “occidentales” que sólo asocian Medio Oriente con terrorismo y olvidan que esas personas también son víctimas del terror.

Este olvido en que mantenemos a nuestros hermanos musulmanes ha provocado que cada día se sumen más civiles a combatir del lado de los grupos radicales. Recordemos que el Estado Islámico tuvo su origen en las cárceles iraquíes controladas por Estados Unidos tras la invasión, cárceles en las que los iraquíes fueron víctimas de violaciones a sus derechos humanos y abusos de autoridad por parte de las tropas norteamericanas. Esas personas que lograron huir de las cárceles son quienes han ido reclutando adeptos para el Estado Islámico. Entre sus grupos preferidos para reclutar se encuentran aquellas personas que han perdido todo a causa de la guerra: su hogar, su familia, su trabajo, su país. Gente que ya no le tiene miedo a la muerte, gente que sabe que “occidente” no los salvará. Por ello se unen al Estado Islámico porque la propaganda ideológica fundamentalista les ofrece una razón más para vivir.

Lo mismo sucede en África. Muchos de los países del norte de África han vivido por mucho tiempo en guerra civil. Sierra Leona, Sudan, Mali, por mencionar algunos casos, llevan casi 20 años de enfrentamientos entre fuerzas rebeldes y ejércitos mercenarios. Precisamente en esos países el fundamentalismo está cobrando fuerza, reclutando a aquellas víctimas que se encuentran abandonadas por “nosotros”, los occidentales. El grupo fundamentalista Boko Haram, que es afín al Estado Islámico, ha sido el autor de los atentados en Túnez de este año y en 2014 secuestró a más de 200 niñas en Nigeria, casos que tampoco recibieron la atención mediática internacional ni recibieron el apoyo de las naciones occidentales.

Nosotros frente a ellos

Frente a estos hechos, pareciera que la guerra contra el terrorismo está generando un sentimiento de desprecio frente a la gente de Medio Oriente y el norte de África, a quienes se les generaliza como terroristas o como cómplices del terrorismo. En este enfrentamiento ideológico entre Occidente y Oriente, una vez más hemos comenzado a construir estereotipos sobre todos aquellos que no comparten nuestra visión del mundo. Así, el Islam ha sido encasillado como una religión fundamentalista y los árabes como una cultura inferior a la nuestra. Hemos olvidado que el Islam y los árabes han contribuido sustancialmente a la construcción de lo que hoy llamamos “Occidente”. Basta señalar que el sistema numérico decimal es una herencia árabe.

De la misma manera hemos olvidado que en Alepo, Bagdad, Gaza y Beirut también hay víctimas del terrorismo y que esas personas deben importarnos tanto como las de París o Nueva York. El valor de la vida humana debería ser el mismo en todos los rincones, sin importar la nacionalidad o la religión. Lamentablemente nos hemos acostumbrado a la violencia y hemos priorizado la urgencia de abatirla en algunas regiones del mundo por encima de otras. Para combatir efectivamente al terrorismo, debemos devolver la esperanza a aquellas personas que hemos olvidado, para evitar que su desgracia sea presa del oportunismo extremista.

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