Sudáfrica: el país detrás del Mundial

Durante estos días la atención del mundo estará en Sudáfrica, sede del Mundial de Futbol 2010. Mientras se ha tratado de mostrar un país desarrollado capaz de organizar un evento de esta talla, la realidad sudafricana es muy distinta a la que se expone. Es un país con importantes avances, pero con graves desigualdades, rezagos y fracturas sociales

El Mundial de futbol que actualmente se celebra en Sudáfrica, ha llevado la atención del mundo a este país africano. En la televisión se muestran ciudades cosmopolitas, grandes edificios y lujos urbanos. Sin embargo, esta imagen no expone al país en su totalidad. Sudáfrica es una nación que si bien ha alcanzado grandes logros, aún tiene muchos objetivos por conseguir.

Además de su diversa población, en la que conviven blancos descendientes de europeos y varios grupos étnicos africanos, Sudáfrica tiene una historia que incluye uno de los más lamentables casos de segregación racial, pero al mismo tiempo, una ejemplar lucha por abolirla. Bajo el liderazgo de Nelson Mandela y sin tener una guerra civil, Sudáfrica pasó de ser el símbolo mundial de la opresión y el racismo, a una democracia multirracial con una de las constituciones más liberales del mundo. Además, es la potencia económica del continente africano. Sin embargo, todos estos avances no resuelven el problema más grave de este país: la división que resulta de una profunda inequidad en la distribución de la riqueza. Este fenómeno, que muchos llaman el nuevo apartheid, el cual no genera divisiones por razas sino por el acceso a los recursos económicos, es parte de la realidad actual sudafricana.

Una nación de desigualdades
Sudáfrica es un país de contrastes en donde se mezclan ciudades de primer mundo con barrios que se encuentran en condiciones tan precarias, que perfectamente encajan con imágenes de las naciones menos desarrolladas de África.

Como en otros aspectos, la situación económica de Sudáfrica muestra las secuelas de su historia reciente. Durante la primera mitad del siglo XX, la mayoría de los recursos económicos se concentraron en una minoría blanca, situación que no ha cambiado del todo. Además, actualmente existe una gran ausencia de capital humano, lo cual es consecuencia de generaciones enteras que carecen de educación; esto ha provocado un tremendo retraso educativo con nocivos efectos económicos. De la misma manera, aunque hubo una transición política y la población negra es parte del gobierno, el once por ciento de la población controla la producción total del país. En este contexto, no es sorprendente que Sudáfrica tenga una de las tasas de delincuencia y crimen más elevadas del mundo.

El año pasado Sudáfrica entró en recesión por primera vez en los últimos 17 años y su tasa de desempleo es de las más altas del mundo, pues cerca de 25 por ciento de la población no tiene trabajo. En cuanto a nivel de vida y pobreza, los indicadores sudafricanos no son alentadores: cincuenta por ciento de su población sobrevive con menos de dos dólares al día y aún a pesar de que enarbola la economía número 24 a nivel mundial, paradójicamente ostenta el lugar 129 de 182 en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. Esto ha provocado que ciertos grupos vivan en la misma precariedad en la que vivieron durante el apartheid. La violencia y la opresión cesaron, pero las desigualdades permanecen.

La epidemia del SIDA
Otro grave problema que aqueja a la sociedad sudafricana es la epidemia de VIH-SIDA. Esta enfermedad es la principal causa de muerte en Sudáfrica: en 2007 perecieron 350 mil personas y actualmente más de cinco millones viven con VIH.

Estos graves índices tienen su origen en diversas causas como la desinformación, los tabúes culturales en torno a la enfermedad y el pésimo manejo sanitario y de prevención por parte de las autoridades. A pesar de las graves repercusiones humanas, sociales y económicas para el país, el anterior gobierno, encabezado por Thabo Mbeki, no facilitó el acceso a los retrovirales para combatir la propagación del VIH. El gobierno cuestionó las bases científicas de la enfermedad, construyó insinuaciones de que los medicamentos podrían ser nocivos para la salud y arguyó que los costos de los fármacos eran muy elevados para un país como Sudáfrica. Aunque los precios podrían ser una buena razón para no hacerse de las medicinas, el gobierno nunca usó los mecanismos legales existentes para producir el medicamento a un menor costo y mostró un evidente desinterés por responder al problema y puede comprenderse por qué se han disparado los índices esa manera.

El actual presidente, Jacob Zuma, ha cambiado la política de Estado frente a la epidemia y ha realizado mejores esfuerzos por combatir al VIH, sobre todo ante la celebración del Mundial de futbol. Recientemente lanzó una campaña cuyos objetivos son: lograr que quince millones de personas se realicen la prueba para determinar si están contagiadas; promover el uso de preservativos; y disminuir el estigma social que afecta a las personas que viven con VIH, quienes por miedo a ser rechazadas y agredidas, no buscan el tratamiento para la enfermedad.

Tensiones étnicas: la fractura social
Sudáfrica es un país complejo por su composición étnica, la cual es resultado de su colonización y la política de segregación racial que le siguió. Tiene una de las mayores mezclas étnicas del continente: hay once idiomas oficiales, dos europeos y nueve lenguas africanas. A esto se añade la diversidad cultural y religiosa de los distintos grupos que incluye bantúes, sotho, zulúes, shona, europeos neerlandeses y británicos, entre otros.

La complejidad de la composición sudafricana, además de su multietnicidad, también es resultado de las fracturas raciones que ocasionó el largo periodo denominado como apartheid. A pesar de que fue políticamente abolido en 1991, todavía persisten las tensiones resultantes de cincuenta años de segregación y violencia. Todavía existen grupos de blancos descendientes de europeos y de negros que mantienen la postura de intolerancia y discriminación que caracterizó al régimen de aquellos años. Uno de estos es el Movimiento de Resistencia Afrikáner (AWB), grupo que defiende la supremacía blanca en el país y busca la creación de repúblicas de habitantes blancos dentro de Sudáfrica. Por otro lado, hay también grupos en la población negra que se oponen a la presencia de los descendientes de europeos. Estas tensiones raciales que se mantienen latentes han provocado actos de violencia entre ambos grupos. Por ejemplo, el asesinato en abril de este año de Eugène Terreblanche, líder fundador del AWB. Esto sucedió después de que Julius Malema, miembro del Congreso Nacional Africano, partido en el poder desde el fin del apartheid, usara durante un discurso una canción de la lucha del apartheid llamada “matar al bóer (descendiente de colono holandés)”.

Asimismo, la política de discriminación positiva del gobierno, la cual favorece a la población negra por ser considerada un grupo vulnerable por los efectos del apartheid, ha provocando descontento en la población blanca.

El Panorama sudafricano
Como muchas naciones del continente africano, Sudáfrica es un país arrastra problemas provocados por la colonización y por capítulos recientes de su historia.

Probablemente, hace dos décadas, cuando aún se mantenían las políticas del apartheid, nadie hubiera imaginado que Sudáfrica sería la potencia económica del continente, que la población negra gozaría de los mismos derechos que los blancos, y que se convertirían en la sede de un Mundial de Futbol.

El trabajo que se ha hecho y los logros alcanzados son sorprendentes, pero la transición de un régimen opresor hacia una democracia como la que poseen actualmente, es algo difícil de alcanzar. Sudáfrica no es todavía la nación arcoíris que Mandela soñó y en la que personas de todos los colores podrían convivir en paz. Además, aunque la libertad y los derechos están dados, la desigualdad económica ha abierto una brecha entre ricos y pobres.

A pesar de haber sido seleccionado para un evento como el Mundial y de lograr su realización, un país no puede ser considerado desarrollado cuando la mitad de su población vive en la pobreza, cuando hay grandes rezagos en la educación, hay altas tasas de desempleo y la riqueza se concentra en unos cuantos. El gobierno sudafricano no solamente debe trabajar en construir una buena imagen al exterior, sino para lograr una buena calidad de vida para toda su población, con acceso equitativo a los recursos y sanando todos los problemas que lo siguen afectando como nación

Publicación en Impreso

Número de Edición: 102
Autores: María Fernanda Peña
Sección de Impreso: Dichos y Hechos

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