Se cosecha lo que se siembra

La experiencia confirma que cuando la preocupación central en el trabajo pastoral es generar procesos, la visión se amplía y los compromisos se comparten. La atención no se focaliza en hacer cosas, sino en la manera de hacerlas.

Para pulsar el momento que vive la tercera vicaría, participamos en la reunión mensual de estudio de los presbíteros realizada en Tepec, el 17 de julio. Con sencillez nos compartieron los signos de vida, las problemáticas y su organización pastoral.

Signos de vida

A partir de 2010, los presbíteros y agentes de pastoral de las once parroquias que conforman esta vicaría decidieron emprender una nueva etapa con nuevas actitudes, proyectos y estructuras. Un factor determinante es el ambiente fraternal que reina en los presbíteros. Se reúnen tres veces al mes. El P. Jorge Torres, párroco de Amacueca, comentó: “En nuestra vicaría se respira un ambiente de armonía y entusiasmo, porque el trabajo se hace en equipo y la coordinación es colegiada, compartida y asumida por todos”.

Otro signo de vida es la nutrida participación de los seglares en los diferentes campos de trabajo. “El liderazgo de los seglares, su disponibilidad por servir y su interés por formarse expresan un rostro laical en el trabajo, y esto es signo de esperanza”: dijo el P. Eliseo Lucas, vicario parroquial de Atoyac.

Contexto social y eclesial

Con la intención de responder de manera más eficaz a las necesidades que viven, realizaron un diagnóstico de la realidad social y pastoral. Los resultados señalaron seis problemáticas. La primera es el deterioro del medio ambiente. La instalación del puerto seco ubicado en el área entre Acatlán de Juárez y Zacoalco y la mina Diatomita situada entre Santa Clara y Las Barrancas son focos rojos para la región: “El puerto seco es un proyecto con un alto impacto ecológico y social que genera una cadena de problemáticas. La deforestación propicia la erosión del suelo y la muerte de los mantos friáticos, que a corto y mediano plazo modificarán el clima y ocasionará la escasez de agua en toda la región”: afirmó el P. Salvador Urzúa, actual vicario de pastoral.

El P. Miguel Rodríguez, párroco de Catarina, señaló que la segunda problemática es la situación que vive el campo. “Es un problema que tiene dos caras. Una es la poca productividad ocasionada por el alto costo de los insumos y el bajo precio de los productos. La otra es el fenómeno de la migración y emigración. La falta de trabajo ha obligado a nuestra gente salir a buscar chamba a otros lugares; y la lucha por la vida ha propiciado que mucha gente de otras partes llegue a nuestras comunidades a conseguir el pan de cada día”.

“La descomposición social que se manifiesta, de manera especial en la desintegración de las familias; la situación de violencia e inseguridad que cada vez es más notoria por el número de desaparecidos en la región, la indiferencia religiosa de la mayoría de los bautizados y el incremento de la pobreza son las otras cuatro problemáticas que nos reclaman una respuesta”, dijo el P. José María Santana, párroco de Atoyac.

Respuesta pastoral

De frente a esta realidad de la vicaría, los presbíteros y agentes de pastoral reunidos en asambleas, han tomado dos decisiones fundamentales. Primero, acordaron como criterios de acción propiciar la participación consciente y activa de todos los agentes de pastoral; profundizar en el proyecto del nuevo modelo de Iglesia; abrir más espacios de encuentro; promover el intercambio de experiencias; cualificar el servicio pastoral de los agentes y animar los procesos pastorales de cada parroquia.

La segunda decisión fue organizar el trabajo vicarial en cuatro bloques. El primero es la Pastoral Social cuya tarea es promover la vida digna y el cuidado de la creación desde la salud alternativa y la promoción de una cultura ecológica centrada en el cuidado de la tierra y el agua. El segundo es promover la Iglesia ministerial en la base. El tercero la Iglesia misionera cuyo objetivo es consolidar la vida de Iglesia en los barrios y ranchos y la integración de los consejos comunitarios. El cuarto, es la vida sacramentaria.

Todo este proceso pastoral animado en cada uno de los cuatro bloques se compartió en la asamblea celebrada el pasado 26 de junio en Techaluta. Fue un encuentro significativo no sólo por la participación de 250 personas, sino sobre todo, porque fue expresión del caminar de la vicaría. Esta asamblea fue punto de llegada porque se compartieron los avances en cada bloque. Y punto de partida porque abrió nuevas perspectivas y animó a continuar esta experiencia, que en medio de dificultades y limitaciones, ha apostado por generar procesos pastorales donde los seglares sean los sujetos protagonistas, conscientes de que lo que se siembra, se cosecha.

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