Pequeña de estatura y grande de corazón

En nuestro ambiente religioso donde abundan las devociones y escasean los compromisos, sobran las palabras y faltan los hechos, la fe de quienes acogen el Evangelio como experiencia de vida y la expresan con su testimonio y servicio son luz y esperanza en sus comunidades. Aquí presentamos un retrato hablado de la catequista Rita Hernández, uno de los cientos agentes de pastoral, que desde su sencillez y limitaciones, realizan tareas comunitarias con valor humano y sentido cristiano.

Rita Hernández López. Fotojotapege

Rita Hernández López nació en Ciudad Guzmán el 10 de marzo de 1951. Es maestra de profesión y catequista por vocación. A los 12 años inició su servicio. Es animadora del grupo bíblico de su colonia e integrante del Consejo Comunitario y Parroquial. Responsable de distribuir El Puente. Es una mujer pequeña de estatura, pero grande de corazón. Tiene las manos de Marta y el corazón de María, las hermanas de Lázaro, amigos de Jesús en Betania.

¿Cómo fue tu cuna?
Nací en una familia pobre y numerosa. Soy la segunda de ocho hermanos. Mi padre Crescencio siempre se ha dedicado a la agricultura. Mi madre María al hogar. Ahora en su vejez, vivo y me encargo de ellos.

¿Por qué no te casaste?
Por decisión propia renuncié no sólo al matrimonio sino también a la vida religiosa. Cada vez me convenzo que ha sido una buena determinación. Me siento contenta porque soy libre de hacer lo que quiero y tengo que hacer tanto en mi casa, como en la escuela y en la comunidad. No soy mamá, pero sí madre de muchos hijos en la escuela y en la catequesis.

¿Cómo te sientes en tu servicio?
Contenta por servir a mi comunidad; motivada por el testimonio de algunos servidores y por el apoyo que nos brindan algunos sacerdotes. El Padre Facundo me ha ayudado a ampliar mi visión y alentado a vivir mi compromiso de servir.

¿Es importante tu servicio?
Claro, muy importante; no porque lo hacemos nosotros, sino en nombre de Jesús y en favor de nuestra comunidad.

¿Quién es el mejor amigo del catequista?
Jesús es y debe ser el amigo no sólo del catequista, sino de todo servidor de la comunidad y de todo bautizado. Él debe ser el centro, la razón de ser, el modelo y el camino a seguir. Los problemas vienen cuando queremos ser protagonistas y no discípulos misioneros de Jesús; cuando queremos ser centro de atención y no parte activa en la vida de nuestra comunidad.

¿Cuál es tu mayor satisfacción como catequista?
El sentirme llamada por Dios a compartir mi tiempo, mis capacidades, mis recursos, mis esperanzas con mis compañeros catequistas y servidores, con los niños y sus papás, y la gente de mi comunidad. Soy feliz porque me siento útil. Agradezco a Dios el don que me ha dado de servir y amar a mis hermanos. Aunque en ocasiones he fallado.

¿Y tu mayor tristeza?
Los problemas entre los agentes de pastoral. Nos falta mayor visión y compromiso en la misión. No cuesta trabajar en equipo y ser humildes. Me duele que no valoren su servicio como un llamado por Dios a construir su proyecto. Sufro cuando no damos testimonio; me desanimo cuando alguien abandona el servicio. Me preocupa que los papás no quieran aceptar su responsabilidad de educar a sus hijos en la fe.

¿Cuál es tu sueño como catequista?
Continuar siendo promotora en el proceso hacia una nueva catequesis que esté en sintonía con el Nuevo Modelo de Iglesia y en el espíritu de la Iniciación cristiana. Estoy consciente de que este es el camino para formar creyentes que sean luz y fermento en la vida de nuestras comunidades. La tarea no es fácil, pero sí indispensable en este momento que vivimos y de frente al futuro.

¿Qué exige esta nueva catequesis?
Exige un proceso de formación y un cambio de mentalidad en los sacerdotes, catequistas, padres de familia y también de la comunidad. El reto es pasar de una catequesis que tiene como punto final la celebración de los sacramentos, a una catequesis que forme verdaderos cristianos, amigos de Jesús y maduros en su fe. Y pasar de una catequesis infantil hacia una catequesis familiar donde los papás y la comunidad asuman el compromiso de educar cristianamente a las nuevas generaciones.

¿Y este sueño es posible?
Todo es posible con la ayuda de Dios y nuestro servicio.

La ambición del tener y el deseo de placer están disecando el espíritu de amar y servir, conocer estas experiencias de vida pueden animarnos a emprender nuevos caminos que nos lleven a vivir la fe con el compromiso de ser luz y fermento en la vida de nuestras comunidades.

Publicación en Impreso

Edición: 128
Sección: Luz y Fermento
Autor: P. Antonio Villalvazo

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