La política en la educación

El problema educativo en México no se puede explicar sin hacer referencia al sistema político, es decir, una de las claves para entender algunos de los lastres fundamentales del sistema de educación en el país es entender la relación clientelar y corporativa que entablaron los maestros con el poder político. Dicho de otra forma, es la relación basada en el intercambio de favores que ayudan al poder político a obtener votos y a los profesores a tener plazas y sobre todo privilegios a los líderes del magisterio.

Educación y política

Es necesario partir de que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) es una máquina clientelar (porque también presenta un intercambio de favores entre líderes y agremiados) que funciona en procesos electorales y que de acuerdo a analistas como Sergio Aguayo representa aproximadamente un millón de votos, es decir, una cantidad casi similar a la totalidad de los votantes de estados como Zacatecas o Durango, o el doble de votos que tienen entidades como Baja California Sur o Campeche. Esta maquinaria electoral le ha permitido al SNTE sostener a institutos políticos como el Partido Nueva Alianza que sin duda representa una creación de la ahora acusada Elba Esther Gordillo.

Ahora bien, es preciso repasar en la historia contemporánea la relación del SNTE con el poder político. Cuando Carlos Salinas de Gortari asumió la presidencia de la República en el periodo comprendido entre 1988 y 1994, promovió que Elba Esther Gordillo remplazara en ese cargo al entonces líder sindical Carlos Jonguitud Barrios que para ese entonces tenía 17 años en la dirigencia. Durante los siguientes sexenios priístas la llamada “Maestra” puso al servicio del PRI los votos que generaba el Sindicato, sin embargo cuando se da la alternancia política en México, el SNTE negoció espacios políticos con los gobiernos panistas, tanto con Vicente Fox como con Felipe Calderón, incluso con éste último se generó una relación de cercanía y de intercambios mutuos que empoderó cada vez más y más a Elba Esther Gordillo al grado que para las elecciones del año pasado la “Maestra” desdeñó alianzas electorales, tanto con el PAN como con el PRI, y orientó buena parte de sus baterías electorales para fortalecer al Partido Nueva Alianza quien tuvo como candidato a Gabriel Quadri y que logró un millón ciento cincuenta mil votos.

Con el regreso del PRI a los Pinos y como si fuera una especie de “dejavú” político, Elba Esther Gordillo fue relevada de su cargo por Enrique Peña Nieto y colocaron (hasta ahora) a Juan Díaz como el sucesor de la “Maestra”, a éste que se suponía era leal a Gordillo, así como en su momento Elba Esther era leal a Jonguitud Barrios. La caída de Gordillo se fue confeccionando poco a poco, primero generando una opinión pública cada vez más adversa a su trabajo, segundo con el nombramiento de Emilio Chuayffet como Secretario de Educación Pública que es un declarado enemigo político de la “Maestra” y tercero con la reforma educativa, que desde mi perspectiva es una modificación a los derechos laborales de los docentes, más que una reforma educativa como tal. La pretensión desde mi perspectiva de análisis, es que el gobierno de Peña Nieto busca restablecer la relación clientelar con el Sindicato, pero desde una dinámica de dominación y subordinación; y no como un poder fáctico autónomo. No niego que la reforma laboral educativa tenga beneficios, lo que está en tela de juicio es su utilización como un instrumento de control político por parte del presidente de la República hacia el SNTE, ya que sería ingenuo pensar que el factor político no es determinante en lo que está pasando, ya que esta relación clientelar es histórica y dejó para el SNTE muchos privilegios, posiciones, cargos públicos e impunidad y para los gobiernos en turno se aseguraban una buena cantidad de sufragios, que en elecciones cada vez más competidas, se convertían en objetos de deseo para la clase política.

Evidentemente uno de los acuerdos que dejó la remoción de Elba Esther Gordillo de la dirigencia del Sindicato, es que los maestros asumirían la reforma educativa sin muchas resistencias.

Por otro lado está la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que aglutina a varias secciones de maestros sindicalizados, sobre todo del Sur del país y que tienen como uno de sus propósitos democratizar al SNTE. Las y los maestros afiliados a la CNTE han protagonizado en las últimas semanas movilizaciones y paros de labores para mostrar su repudio frente a la reforma educativa recientemente aprobada. Recientemente negociaron con la Secretaría de Gobernación la realización de una serie de foros regionales y un foro nacional, para discutir sobre la pertinencia y viabilidad de la reforma educativa de Peña Nieto.

Es necesario señalar que la Coordinadora no es controlada por el Sindicato y a pesar de que tiene muchos señalamientos de reproducir la lógica caciquil que predomina en el SNTE, sí podemos afirmar que no han entrado en una lógica de relación clientelar con el gobierno federal. Es más, buena parte de la estigmatización que hacen los grandes medios de comunicación del movimiento magisterial tiene como origen que la Coordinadora no responde a los intereses políticos del PRI ni del SNTE.

El intento de generar en la opinión pública esta división entre los profesores “buenos” del SNTE y los profesores “malos” de la CNTE, donde los primeros asumen dócilmente las reformas aprobadas y los segundos tipos de profesores que rompen vidrios en instalaciones de partidos políticos (y sin negar que hay actuaciones condenables de parte de algunos profesores incluyendo las de los maestros que están acusados de secuestro) es necesario tomar en consideración que esta división tiene como origen el contexto político antes señalado y sin el cual no es posible entender lo que está pasando en México en la educación primaria y secundaria, por lo menos desde una perspectiva sociopolítica.

Confrontación de modelos educativos

Además de la lucha política podemos vislumbrar otro terreno en disputa y debate, en donde se juega la adopción entre distintos modelos de educación, uno que responde fundamentalmente a los intereses del mercado capitalista y el otro que pretende abonar a la resolución de las necesidades sociales. En el primer modelo hay cierto privilegio por las carreras y profesiones de corte técnico que forman personas que se incorporen fácilmente a las demandas de las empresas y de la globalización económica; y por otro lado, se da prioridad a las profesiones que dan respuesta a problemas sociales que requieren de intervenciones más cualificadas, por ejemplo el combate a la pobreza o la defensa del medio ambiente. Aunque no podemos hablar de una oposición radical entre estos modelos, es preciso señalar que la adopción de una y otra forma de ver la educación sí tienen implicaciones institucionales y presupuestales.

En los gobiernos neoliberales que empezaron en México con Miguel de la Madrid en 1982 y que continúan hasta Enrique Peña Nieto se ha optado por un modelo que favorece la educación de profesionales para el mercado capitalista, y en esa perspectiva buena parte del SNTE ha sido un aliado para la implementación de esta estrategia, sin dejar de señalar que también adentro del propio Sindicato hay voces críticas. Evidentemente la gran mayoría de los profesores afiliados a la CNTE proponen un modelo de educación que privilegia la formación de profesionales que responden a los problemas sociales. Aunque no me parece que es la disputa central, tampoco podemos explicar los discursos y las confrontaciones en el SNTE y la CNTE sin atender este aspecto. De hecho es muy probable que en los foros antes mencionados este tema sea uno de los ejes nodales de discusión.

Finalmente no podemos entender estos conflictos si no mencionamos el problema de los recursos destinados a la educación. En esta parte casi todo mundo está de acuerdo, los montos que se destinan a este rubro resultan insuficientes y por supuesto que esta situación va en detrimento de la calidad educativa. No comparto la idea de que estemos ante un burdo proceso de privatización de la educación pública, lo que sí me parece nodal es el debate sobre el tipo de educación que necesitamos y allí nos tenemos que involucrar todas y todos.

Publicación en Impreso

Edición: 128
Sección: A tiempo con el tiempo
Autor: Jorge Rocha Quintero

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