El Puente

Publicación Diocesana de Información y Animación Misionera

Papel y tinta

La obesidad infantil es un problema de peso

La obesidad es definida por Santos Muñoz, en la Revista Internacional de Medicina y Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, como un aumento del peso corporal debido al exceso de grasa que hace peligrar seriamente la salud. Es por lo tanto una enfermedad metabólica multifactorial, influida por elementos sociales, fisiológicos, metabólicos, moleculares y genéticos.

Para saber si se tiene el riesgo de padecer obesidad, la Organización Mundial de la Salud propone identificar el índice de masa corporal (IMC), que es una medida de asociación entre el peso y la talla de un individuo y que se calcula dividiendo el peso entre la estatura al cuadrado.

Por ejemplo: si Juanito pesa 53 kilogramos y mide 1.45 metros, su IMC resulta de elevar al cuadrado 1.45, que sería 2.10; después se divide el peso, en este caso 53 kilos, entre 2.10. La división da como resultado 25.23, que es el IMC. Con esta cifra se puede calcular si una persona tiene o no, sobrepeso o desnutrición.

La obesidad es un problema de salud pública

Lo más preocupante de este problema de salud es que en los últimos 15 años también se ha extendido a la población infantil. Autoridades de salud estiman que casi 4 millones y medio de niños entre cinco y doce años padecen sobrepeso y en su mayoría obesidad. El origen del mal está en factores sociales, culturales, económicos y de seguridad que padece la población en México.

La alta incidencia de sobrepeso ha hecho mella en los sistemas de salud y educación, lo que obligó a que las autoridades federales a proponer un Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria. El objetivo principal de este programa consiste en revertir esta  tendencia en la población infantil. Para fortalecer este Acuerdo se propuso la creación del Consejo Nacional para la Prevención y Control de las Enfermedades Crónicas no Transmisibles como un órgano de evaluación y seguimiento.

Una de las propuestas más sencillas indicadas por este consejo es seguir algunos pasos que permitirán revertir esta tendencia. Recomiendan “moverse”, es decir: “Hacer ejercicio por lo menos media hora diaria de caminar, correr, nadar, andar en bicicleta, bailar”. Y también: “poner un límite a la ingesta de calorías y al consumo de alimentos y bebidas procesadas”.

En los últimos años la dieta del mexicano promedio se ha modificado sustancialmente. Los alimentos procesados como harinas refinadas y el consumo de refrescos y bebidas alcohólicas han aumentado considerablemente y forman parte habitual de las tres comidas. La comida chatarra se ha convertido en alimento favorito de los niños, debido a su disponibilidad y comodidad de los padres para dárselo a sus hijos.

A esta situación tan compleja se agrega que los infantes han cambiado sus hábitos de juego: se han convertido en seres sedentarios pegados a los juegos de video y televisión, olvidan que la actividad física es sumamente importante para mantener la salud y un equilibrio en la quema de calorías.

La escuela es un espacio propicio para combatir la obesidad


La función de Ley Antiobesidad aprobada por la Cámara de Diputados es un paso para combatir este problema de salud. Quedan por realizarse acciones educativas más eficientes para revertir esta tendencia en los niños y en las amas de casa, quienes tendrán que cambiar las dietas más saludables, aun cuando las escuelas sigan consumiendo y vendiendo alimentos poco nutritivos para ellos.

La Secretaría de Salud ha publicado los alimentos que se podrán consumir en las escuelas primarias y secundarias. Son 48 productos permitidos para los estudiantes; entre éstos se encuentran: chicharrones de harina, refrescos bajos en calorías (light), galletas con chocolate y avena, palomitas de maíz con chile, paletones de chocolate, cacahuates japoneses y pistaches. Esta lista se actualiza constantemente, por eso es recomendable que padres de familia, maestros y alumnos estén al pendiente de las modificaciones que puedan generarse.

La eficacia de la ley es puesta en entredicho por los intereses que están a su alrededor. Las escuelas tienen intereses y convenios comerciales con empresas, se corre el riesgo de que productos prohibidos continúen a la venta en los planteles. Un ejemplo es que productores de leche de los Altos de Jalisco han cabildeado con el Congreso Local para que no saque de la lista de comida permitida en las escuelas la leche, quesos y yogures. Sus argumentos son las pérdidas económicas que estas medidas generarán en la industria lechera.

Ante esta situación es primordial que los padres de familia, junto con las autoridades educativas pongan a la venta en las cooperativas escolares sólo alimentos saludables y económicos.

Otra alternativa es que se rediseñen los recesos escolares y vuelvan los espacios donde los niños puedan realizar más actividades físicas y no sólo sentarse a consumir alimentos. Los padres de familia junto con los profesores podrían organizar volver a las tradiciones de los juegos escolares como el resorte, la traes, futbolitos y caminatas.

Con el ejercicio se logra ejercitar a los niños para promover una mejor condición física, también desahogan la tensión y la irritabilidad en clases, además que vuelven más frescos y despejados, listos para continuar y aprender.

El diario comer de un niño.

Desayuno:

Un chocomilk con leche y la fruta favorita del niño. Los licuados de plátano, fresa, guayaba, papaya tienen muchas vitaminas (además son frutas económicas durante temporadas). Se recomienda no agregar azúcar pues las frutas ya la contienen. La bebida contiene calcio de la leche, fibra de las frutas, y vitaminas. A esto se puede agregar un pan integral con frijoles o queso panela. Si lo desea, el consumo de yogurt natural también es recomendable así como los cereales bajos en azúcar. Lo más importante es mandar al niño bien desayunado a la escuela, pues permite que el aprendizaje sea más efectivo, no se distrae por hambre o por sueño, y cuando llegue el receso, consumirá menos alimentos chatarra.

Lonche:

Es preferible acostumbrar al niño a llevar lonche pues será más económico, limpio y nutritivo; se puede cambiar el menú para no aburrirlos. Una torta de jamón con queso y frijoles; otro día una ensalada de frutas o verduras como pepino con chile, jícama, zanahoria rayada. Lo más importante es que se enseña a comer sanamente a los niños, perdiéndoles el asco a las frutas o verduras y recordar que siempre se debe acompañar de agua o jugos naturales, nunca procesados.

Comida:

Los expertos recomiendan platillos sencillos y económicos como una sopa de verduras con pollo o un caldillo de pescado. Si los niños son melindrosos se recomienda hacer comidas más completas: un espagueti con crema y pedacitos de pollo, o albóndigas, agregue color a las comidas y figuras divertidas, esto atrae su atención hacia el plato. Acompañe de agua de sabor de frutas con poca azúcar, o agua natural y evite el consumo de refrescos en la comida.

Botanita entre comidas:

Si los niños tienen hambre entre comidas, provéalos de frutas o verduras, no permita que consuman harinas, o galletas a menos que sean integrales, pero es muy importante enseñarles a tomar al menos ocho vasos de agua al día, a veces los niños al no consumir cantidades suficientes de agua durante el día sienten sed, y la confunden con hambre.

Cena:

Debe ser sencilla y no muy tarde, de preferencia entre siete y ocho de la noche, evitando que el niño duerma inmediatamente después de cenar, pues esto no ayuda a los procesos de digestión. La recomendación es un vaso de leche, un taco de frijoles, cereal sin azúcar, un pan integral con queso o una fruta con poca azúcar.

Publicación en Impreso

Número de Edición: 105
Autores: Mónica y Ruth Barragán
Sección de Impreso: Remedios de mi pueblo

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