La miel de esta colmena

1988 fue un año significativo en la historia de la Diócesis. La decisión de formar los futuros sacerdotes en contacto directo con la realidad del sur de Jalisco cosechó sus frutos. En este año se ordenaron nueve sacerdotes, que representa el mayor número en los 40 años de vida diocesana. Tres se ordenaron el 30 de enero y seis más el 30 de mayo. Fue la primera generación formada en casa y con el sello propio del proyecto asumido y promovido por la Diócesis.

Aquellos adolescentes, que en la década de los setenta llegaron al Seminario con la ilusión de ser sacerdotes, hoy a la mitad de su vida y un poco más, celebran sus 25 años de vida sacerdotal. Alfredo Hernández, Alfredo Monreal, José María Santana y José Toscano comenzaron su formación en el Seminario Menor. Ahí cursaron la secundaria. Al inicio del tercer año se integró Roberto Vizcarra quien venía de Guadalajara y quien se distinguió por sus facultades artísticas y literarias. Murió el 30 de diciembre de 2002 en un trágico accidente. Una de sus herencias fue el canto: “Iglesia sencilla, semilla del Reino” hoy apropiado como himno diocesano.

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Luego, continuaron su formación en Sayula. La experiencia de formación coordinada por el P. Salvador Urteaga marcó su vida. El principio de vivir con libertad y responsabilidad quedó tatuado en sus mentes y corazones. “Los tres años en Sayula fueron decisivos en mi vida; marcó mis ideales, abrió mi visión, despertó un espíritu crítico y me dio elementos para discernir mi vocación”, expresó el P. Santana. Los criterios vocacionales eran aprender a vivir en comunidad y tener espíritu de servicio. La planeación y evaluación del trabajo se hacían en conjunto. “La relación con nuestra familia era fundamental. Cada fin de semana nos íbamos a nuestra casa. Pero antes de irnos, celebrábamos la misa. Era un momento que alimentaba nuestra fe”, comentó el P. Monreal.

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Punto medular fue el proyecto económico autogestivo y comunitario que implementaron. A parte del estudio y de encargarse del aseo y servicios de la casa, criaban gallinas, pollos y conejos, sembraban hortalizas y tenían un taller de carpintería. “Fue una experiencia que nos enseñó a no ser una carga para nadie, sino responsables de nuestro propio sustento”, señaló el P. Toscano. En 1980 esta experiencia de formación se cerró. Los motivos fueron varios. Pero los hechos confirman que fue trascendente y productiva. De los que la vivieron se ordenaron 20 sacerdotes.

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Terminada esta etapa, diez seminaristas de la Diócesis continuaron su proceso de formación. Se integraron al plan de estudios del Seminario de Guadalajara. En Tapalpa vivieron el curso introductorio. En esta etapa se unió al grupo Jorge Curiel, originario de Sayula quien estableció una relación cercana de amistad con este grupo.

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Al año siguiente, pasaron al Seminario Mayor de Guadalajara a la facultad de filosofía. En medio de un grupo numeroso integrado por seminaristas de varias diócesis, se distinguieron por su espíritu de servicio, por su buen nivel intelectual y su carácter amistoso. Aunque tenían la etiqueta de “comunistas”, se ganaron el aprecio de sus profesores, formadores y compañeros.

Una vez concluidos los estudios de filosofía, manifestaron su anhelo de venirse a la Diócesis a terminar su formación. Su argumento era contundente: “Somos de Ciudad Guzmán y queremos formarnos en Ciudad Guzmán”. Su petición fue escuchada. Y en 1983 inician sus estudios de teología en el actual Seminario Mayor Diocesano.

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El terremoto del 1985 fue otra experiencia que fortaleció su espíritu de servicio y confirmó su opción y compromiso con los más pobres. En la etapa de emergencia compartieron sus panes y peces con los damnificados. A quienes se quedaron sin techo, les abrieron las puertas y los hospedaron en el seminario. Ante la falta de pan, se organizaron para multiplicar lo poco que se tenía; elaboraban mil raciones de comidas tres veces al día. Y durante seis meses ofrecieron mil 250 despensas y ropa. Luego en la etapa de la reconstrucción fueron parte fundamental en la tarea de investigación, en la integración de los comités y en la formación de 55 las cooperativas de consumo.

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Estas son algunas pinceladas de la historia de estos sacerdotes, que el 30 de mayo de 1988, en el 20 aniversario episcopal de don Serafín Vásquez, recibieron la ordenación sacerdotal. Que por su trayectoria, testimonio y trabajo pastoral los comparamos con una colmena de abejas que han producido buena miel, porque se han preocupado de buscar las flores con el mejor polen.

Publicación en Impreso

Edición: 127
Sección: Luz y Fermento
Autor: Pbro. Luis Antonio Villalvazo. Párroco de san Isidro Labrador

2 pensamientos sobre “La miel de esta colmena

  1. No hace falta que lo diga, pero hay que decirlo: Mi más sincera felicitación a los CINCO SACERDOTES que celebran el 25 aniversario de su ordenación, viviendo su sacerdocio con un verdadero compromiso de apóstol de Cristo Jesús. Gracias por su entrega, su enseñanza, su ejemplo. Nosotros, el pueblo que hemos tenido la gracia de recibir tanto de ellos, también nos queda el compromiso de regresar bien por bien a nuestra comunidad. Felicidades muy queridos y apreciables Sacerdotes y que todo sea para gloria de Dios. Respetuosamente: José Arcadio Legorreta C. Comunidad de Cd. Guznán, Jal.

  2. UNA FELICITACION A TODOS POR ESA BONITA MISION AL PADRE ALFREDO QUE EN ESTA COMUNIDAD SIEMPRE VIVIRA EN EL CORAZON DE CADA UNO DE LOS QUE AQUI VIVIMOS EN ATEMAJAC DE BRIZUELA

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