Francisco predicó en el desierto

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Por Alonso Sánchez. alonso.safa90@gmail.com

 

“A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos más que promover los procesos de reinserción que permitan atender los problemas sociales, psicológicos y familiares que llevaron a una persona a una determinada actitud”.

Esas fueron las palabras con las que Francisco definió a los reclusorios. En la última etapa de la visita a México en la ciudad fronteriza de Ciudad Juárez, Chihuahua, el Papa tuvo tres momentos claves para llegar a los distintos sectores de la población juarense, con los cuales representó los males de esa localidad y que son espejo en todo el territorio nacional.

En primer lugar se dio cita en el Centro Penitenciario de Juárez, en donde los presos pudieron hacerle llegar una carta en la cual mostraban su agradecimiento por haberlos tomado en cuenta. Es una población en donde los índices de criminalidad aumentaron con la llamada “Guerra contra el narcotráfico”.

Ahí Jorge Mario Bergoglio recordó que la misericordia debe de ser para todos los ciudadanos, y que el paso que tienen los presos por esas paredes debe de ser un aliento para que “Quien ha sufrido el dolor al máximo, y que podríamos decir experimentó el infierno, puede volverse un profeta en la sociedad”.

Un segundo momento de la visita de Francisco I en Ciudad Juárez, fue la reunión que tuvo con empresarios, trabajadores, así como con personas que han sufrido o vivido la violencia en alguna de sus múltiples formas.

Durante este encuentro que sostuvo el Papa Francisco con este sector de la sociedad hizo uso de un fragmento de la recién publicada encíclica “Alabado Seas”, pues mencionó que “La mentalidad reinante pone el flujo de las personas al servicio del flujo de capitales provocando en muchos casos la explotación de los empleados como si fueran objetos para usar y tirar y descartar” (cf. Laudato si’, 123). Esto debido a que Ciudad Juárez en una de las ciudades fronterizas en donde el capitalismo ha mostrado uno de sus rostros más amargos: la explotación laboral en las distintas maquiladoras que existen en el desierto de Ciudad Juárez.

Para el diario español El País la visita del Papa a Ciudad Juárez “ha puesto el dedo en la llaga de sus principales problemas: la pobreza, el narco y la migración”.

En este punto geográfico es en donde, paradójicamente, están representados todos los problemas de nuestro país. Por un lado la violencia que se vive en las calles, y que según los datos oficiales hasta el 16 de febrero las cifras estaba en 51 muertos.  Sin embargo el día en que Francisco I estuvo en el desierto de Juárez, la muerte no se apareció. Por otro lado la explotación laboral, los bajos salarios que se pagan en las grandes maquiladoras. Además de que a partir de 1993 “Las muertas de Juárez” aparecieron a la luz, jóvenes mujeres no mayores a 20 años, aparecían muertas, o simplemente, nunca más se volvía a saber de ellas.

La visita del Papa Francisco culminó en una misa binacional. Pues se llevó a cabo en donde se encuentra la frontera entre Chihuahua, por el lado mexicano, y El Paso Texas, de Estados Unidos. Ahí el Papa mencionó en su homilía que “No podemos negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas, ya sea por tren, por carretera e incluso a pie, atravesando cientos de kilómetros por montañas, desiertos, caminos inhóspitos. Esta tragedia humana que representa la migración forzada hoy en día es un fenómeno global”.

La histórica visita de Jorge Mario Bergoglio a México por primera vez como Papa de la iglesia católica, para muchos fue una puerta de entrada a la esperanza y la misericordia.  Para otros dejó temas sin atender. No hubo espacio para las familias de mujeres que han muerto a causa de la violencia y que pintaron cruces negras en fondos color rosado. Tampoco los miles de integrantes de la organización El Barzón, que hicieron un largo recorrido para manifestarse por las políticas públicas en materia agraria y que están afectando sus tierras, no solo en Ciudad Juárez, sino en todo el estado de Chihuahua.

Francisco I se fue a predicar a la frontera, al desierto, a una de las ciudades más golpeadas por la violencia, el narcotráfico, el desempleo, la explotación laboral y la migración.

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