Francisco: No te olvides de los pobres

El Papa Francisco explicó a los periodistas por qué había elegido este nombre y les describió el momento y en qué tomó esta decisión. Les dijo: “Durante las elecciones, tenía al lado al arzobispo emérito de San Pablo, y también prefecto emérito para la congregación para el clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo. Cuando la cosa se ponía un poco peligrosa, él me confortaba. Y cuando los votos subieron a los dos tercios, hubo el acostumbrado aplauso, porque había sido elegido. Y él me abrazó, me besó, y me dijo: «No te olvides de los pobres». Y esta palabra ha entrado aquí (señalando con su dedo a la cabeza): los pobres, los pobres. De inmediato, en relación con los pobres, he pensado en Francisco de Asís”.

Francisco nació en Asís (Italia) en 1182. Hijo de Madonna Pica y de Pedro Bernardone, rico mercader de telas, vivió en su ciudad natal una infancia y juventud alegre y feliz. De carácter jovial, altruista, soñador, caballeresco; Francisco amaba la vida entregándose a los encantos que ofrece a esa edad. A los veinte años participó en la guerra de Asís contra Perugia, en la que cayó prisionero. Poco después, en la expedición a Puglia (sur de Italia) dejó el ejército tras un sueño misterioso que le invitaba a seguir al amo más que al siervo, y volvió a Asís. En 1206 estando en la Iglesia de San Damián sintió por tres veces la invitación del crucifijo: “Francisco ve a reconstruir mi Iglesia, que está en ruinas”. Él puso manos a la obra, vendiendo algunas telas de su padre. Hizo más: renunció a su herencia y se despojó de sus vestidos, cobijándose desnudo bajo el manto del obispo de Asís.

Un momento de mucha importancia en su vida es el encuentro con un leproso delante del portón de la ciudad. Espontáneamente le da un beso y lo abraza. En la primera parte de su testamento describe lo que este momento significó para él: “Así el Señor a mí, al hermano Francisco, concedió el favor de empezar la vida por la penitencia. Como estuve en pecado, me era muy amargo ver a los leprosos. Y el Señor mismo me puso ante ellos y yo les manifesté el amor de Dios. Y cuando me alejé de ellos, lo que antes veía con amargura, veía ahora transformado como dulzura del alma y del cuerpo”.

Comenzó así una nuevo caminar. Pronto se le unieron siete compañeros que iniciaron una vida en común en la Porciúncula (Asís). De esta experiencia inicial nació la Primera Regla (1210), basada en la sencillez y pobreza evangélica.

San Francisco tenía amor y cariño inmenso a todo lo creado y a las maravillas de la naturaleza, pero estaba aún más maravillado de lo sobrenatural, del mismo amor de Dios. Reconocía que Dios a través de Jesucristo reveló su gran amor a todos, pero muy especialmente a los enfermos de cuerpo y alma. El mayor sufrimiento de Francisco era que a Cristo, el Dios de amor, se le amara tan poco, por eso debía propagarse el Evangelio a todos los pecadores y paganos del mundo. Para poder ofrecer su vida como mártir, después de muchos obstáculos se presentó en Egipto ante el Sultán Malik-el-Kamel en 1219. El jefe islámico lo respetó como embajador de paz.

La última fase de su vida (1223-1226) expresa la plenitud de Francisco. Celebra la Navidad en Greccio con un pesebre viviente, cantando el Evangelio como diácono y predicando. Expresa y manifiesta su experiencia mística en el monte Alvernia sellada por los estigmas en sus manos (1224). Es el tiempo del Cántico de las criaturas o Cántico del sol. Sus últimos días correspondieron a una vida realmente ya crucificada. La enfermedad, el agudo dolor de las llagas y la progresiva ceguera lo ataron al lecho. Cuando se le anunció que iba a morir, dijo: “Bienaventurada seas, hermana muerte”. Entregó su espíritu al Señor el 3 de octubre de 1226. Fue canonizado en 1228, dos años después de su muerte y sus restos descansan en la basílica inferior de Asís.

Ahora, el mismo Papa Francisco comenta el significado para él del nombre de Francisco: “Después he pensado en las guerras. Y Francisco es el hombre de paz. Y así su nombre ha entrado en mi corazón: Francisco de Asís para mí es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación”.

El nuevo Papa ha asumido el nombre de Francisco, teniendo en cuenta el testimonio del “Pobre de Asís”. Hoy a nosotros nos toca reconstruir la Iglesia desde los pobres para volverla a la misión. Por eso estamos con muchas esperanzas ante el inicio del Pontificado del Papa Francisco.

Publicación en Impreso

Edición: 126
Sección: Hagamos Memoria
Autor: P. Alfredo Monreal Sotelo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *