El frío desnuda la pobreza

Griselda Vargas Candelario tiene 23 años y a su corta edad es madre de cuatro hijos, Juan Antonio de siete años, Sugey de cuatro y Jacqueline de dos, la más pequeña murió. La única silla de su casa está coja pues se quemó junto con un trozo de madera que utilizó para soportar las heladas que caen por las noches en la comunidad de Juanacatlán, una de las regiones más frías del municipio de Tapalpa.

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Como todas las noches, desde hace siete años, Griselda junto con su esposo Felipe Ramírez de 24 años, sortean el frío como pueden. Su casa tiene un solo cuarto, la cocina, está construida con tablas de madera cubiertos con plásticos y cartones ahumados por las fogatas hechas con piñas de los pinos que hacen en el suelo de tierra.

Felipe explicó: “Tenemos tres ponchos; dos para nuestros niños y uno para nosotros. Cuando el frío está muy fuerte, prendemos el brasero y lo metemos al cuarto. Es la única manera de soportar las heladas; no hay de otra, el dinero no alcanza para comprar más ponchos, menos el gas” mientras atizaba el fogón de su cocina para que el fuego no se apague.

La temporada de frío agrava su ya precaria condición de vida. La pobreza extrema en la que viven los obliga a vivir en casa de palos y cartones. Su dieta se basa en papas, frijoles y sopas de fideo “yo trabajo sacando piedra laja de cerro, ganamos según lo que se venda a veces 500 o 700 pesos a la semana; otras no ganamos nada, tenemos que pedir fiada la comida en la tienda para darles algo de comer a nuestros hijos”: afirmó Felipe.

Para la maestra Aída Guadalupe Hernández de la escuela Primaria Federal Miguel Brizuela, la pobreza y el frío que viven las personas de esta región de la sierra coexisten como una realidad que nadie quiere ver “regularmente la mayoría de mis alumnos llegan a la escuela con el estomago vacío, cuando bien les va, beben una canela y un pan. Pero la mayoría viene en ayunas pues sus familias no ganan ni lo mínimo, sobreviven con un salario de 700 pesos semanales. Además, el trabajo no es constante ni seguro”.

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Sin embargo según los estudiantes de la población, la temporada de frío y las condiciones precarias de sus viviendas son algo normal. “Nos aguantamos, dejamos el fogón prendido toda la noche pero a veces ni así se calienta el cuarto”: comentó Carmen Nallely estudiante del sexto año de primaria, a pesar de que la piel de sus mejillas y sus manos están quemada por el aire helado al igual que la de todos sus compañeros de clase.

“Aquí sobrevivimos con lo poquito que se gana, comemos frijolitos, huevos, a veces hasta una maruchan y ahí la vamos llevando”, afirmó la señora Francisca Daniel Sánchez. En sólo tres cuartos viven 23 personas que conforman la familia. “Aquí parece una vecindad, el terrenito está chiquito pero unos viven allá, otros acá, no tenemos más y aquí nos tenemos que acomodar”.

Andrés Ramírez Herrera, médico pasante del servicio social en el Cetro de Salud de Juanacatlán, reconoció que las bajas temperaturas que son de 2 grados promedio afecta considerablemente la salud de los habitantes que viven en una de las zonas más frías de toda la sierra de Tapalpa. “El frío aquí es tremendo. Por eso tenemos un montón de incidencia de enfermedades de vías respiratorias. El problema se agrava porque lamentablemente las personas hacen lo que pueden para soportar el frío: meten fogones a las casas lo que causa enfermedades crónicas. Tenemos intoxicaciones por monóxido de carbono. Aunque recomendamos dejar estas prácticas, somos conscientes de que muchos de ellos viven en pobreza extrema y estas son las únicas formas que tiene para cubrirse del frío”.

En la región sur de Jalisco, los municipios que presentan las más bajas temperaturas y las situaciones de pobreza extrema son Atemajac de Brizuela, Tapalpa, Quitupan, Techaluta, Teocuitatlán, Valle de Juárez, Mazamitla, Pueblo Nuevo, Zapotlán el Grande, Santa María del Oro, San Gabriel y Jilotlán de los Dolores.

A pesar de que los gobiernos municipales y las dependencias del Gobierno Federal y Estatal realizan campañas de vacunación y prevención de enfermedades propias de la época de invierno y hay brigadas en las que se reparten cobertores a sectores los programas son insuficientes. Mientras las instituciones de gobierno regalan cobijas a los más necesitados para cubrirse, los vientos fríos descubren la pobreza y marginación con que se viven en estos pueblos del sur de Jalisco.

Publicación en Impreso

Edición: 126
Sección: Pluma Invitada
Autor: Vicente Ramírez

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