El campo de los pobres

El Sur de Jalisco goza de tierra fértil para producir cualquier tipo de hortaliza, esto ha provocado que los grandes empresarios vean en ésta zona una gran fuente de riqueza, la cual se forja a la sombra de un campo desolado, con campesinos pobres que apenas ganan para sobrevivir y con trabajadores del campo que se han convertido en la mano de obra barata que necesitan las agroindustrias.

La pobreza de México se concentra en el campo. Los privilegios que se han generado para beneficiar a los grandes productores agrícolas, ejidatarios con grandes extensiones de tierra y comuneros afiliados a organizaciones campesinas, ha propiciado que para 2010, 12.3 millones de mexicanos en pobreza alimentaria vivan en el campo, según cifras del Consejo Nacional de Evaluación y Políticas de Desarrollo Social (CONEVAL).

La miseria del campesino

Don Cuco ha trabajado 50 años como campesino, a los 5 inició en las parcelas en las que ayudaba en la siembra del propietario de la tierra a cambio de que a su papá le dejara sembrar unos surcos de maíz. Aún es un campesino pobre. Él es uno de los miles que tienen que recurrir a la renta de parcelas para sembrar un poco de maíz.

Narró: «Mi hijo y yo trabajamos en la caña, pero con el salario de 960 semanales no sobrevives, buscamos la manera de que el patrón nos rente las laderas para sembrar poquito maíz para el gasto de la casa, tenemos que comer aunque sea tortillas con frijoles».

Don Cuco no recibe ninguna ayuda de los programas de gobierno que deben estar destinados al apoyo de los campesinos pobres porque no tiene tierras, recurre a solicitar préstamos a sus patrones para los gastos de su siembra. Quienes le compran el maíz tardan hasta dos meses para pagarle sus cosechas.

El investigador Carlos Elizondo Meyer Serra señaló que a pesar de que el gasto público destinado para el campo es importante, los privilegios de la burocracia y los líderes de las organizaciones campesinas han provocado que los recursos no lleguen a los campesinos que más lo necesitan: «los agricultores más prósperos se benefician de subsidios cuya lógica de reparto favorece a los que más tierra tienen o más producen».

Programas como PROCAMPO, Tecnificación del Riego, PROVAR y FIMAGO están lejos de lograr el apoyo a los campesinos que más lo necesitan, por la corrupción, la poca asesoría a los campesinos provoca que beneficien a los grandes empresarios.

Las naves de los pobres

Madres solteras, niños y niñas, jóvenes con problemas de adicciones, ancianos, adolescentes, son el reflejo de la pobreza desgarradora que generan los invernaderos donde los trabajadores no aspiran a los mínimos derechos laborales.

Según el portal de internet de la Secretaria de Desarrollo Rural del Estado: «Los Agroparques son uno de los proyectos más importantes dentro de la estrategia de fomento a los cultivos bajo invernadero».

En su mayoría el manejo de éstas empresas agrícolas se genera con capital extranjero, los empresarios buscan rentar las tierras «vírgenes», pues se garantiza la productividad de la cosecha, en muchos de los casos la implantación del invernaderos en las comunidades del Sur de Jalisco se da gracias a la corrupción de las autoridades y hasta de los mismo ejidatarios y los grandes terratenientes locales quienes rentan a altos costos sin importar el daño ecológico y la sobreexplotación de los mantos acuíferos.

Los invernaderos se han convertido en una moda para los habitantes de las comunidades del Sur de Jalisco en edad de trabajar, la SAGARPA ha generado una serie de apoyos a pequeños productores agrícolas. Las denuncias por la falta de derechos laborales y las inhumanas condiciones a las que son sometidos los trabajadores no se hacen esperar.

Manuel tiene 24 años, la pobreza en la que vive lo obligaron a dejar los estudios al terminar la secundaria, hoy recuerda cómo de chico soñaba con ir a la universidad, tener un buen trabajo, vacaciones, pero sobre todo ganar lo suficiente para vivir dignamente: «en estos pueblos no se puede aspirar a más, es lo único que hay y qué le haces, o trabajas en eso o te mueres de hambre» afirmó. Manuel desde los 16 años entró a trabajar en diferentes invernaderos de jitomates y chiles.

«Cuando uno esta más chiquillo está más menso, te conformas con cualquier cosa, aunque me pagaban una miseria yo era feliz, porque sabia que con eso ayudaba a mis papás, pero conforme creces, te das cuenta que lo que te pagan es una miseria comparado con las enormes ganancias que ellos obtienen».

Hoy denuncia las violaciones a los derechos laborales de las son objetos los cientos de personas que por necesidad aceptan trabajar en los invernaderos y que reciben algún tipo de ayuda como el Fideicomiso de Riego Compartido (FIRCO), además recordó con tristeza como fue despedido de la agroempresa ubicada en el los municipios de Sayula y Amacueca: «supuestamente nos dan a los trabajadores nuestras prestaciones, seguro social, aguinaldo y vacaciones pero no es cierto. Un día nos informaron a un cierto número de trabajadores que nos iban a dar contrato, argumentando que la empresa buscaba que los trabajadores estuviéramos como debería de ser, muchos de mis compañeros desconocían lo que era un contrato, en una de las cláusulas decía que el trabajador estaba de acuerdo en percibir un salario de 120 pesos diarios en donde el salario ya incluía tu prima vacacional, tu despensa y tu aguinaldo».

Después de querer crear conciencia con sus compañeros de trabajo para que no firmaran, los encargados de la empresa trataron de presionarlo para que aceptara, ante la negativa fue despedido sin liquidación.

Las pocas condiciones de seguridad laboral, provoca que los trabajadores se expongan a los agroquímicos. Mónica de 31 años es trabajadora de un invernadero en Sayula, pide su anonimato por miedo a ser despedida, denunció que en la empresa que trabaja a los dueños no les interesa la seguridad de sus trabajadores: «hay ocasiones que aún estamos dentro de los invernaderos y fumigan las plantas, nosotros tenemos que inhalar los químicos, esto a pesar de que la Cruz Roja de Sayula nos ha dado capacitaciones y nos dicen que debemos trabajar con cubrebocas pero nos dan nada, a nos ser que valla a ir alguna supervisión del gobierno».

Noé Contreras Visitador Adjunto de la CEDHJ en Ciudad Guzmán reconoció las denuncias que los trabajadores de los invernaderos hacen por las condiciones infrahumanas a las que son sometidos, sin embargo admite «la propia ley en su artículo sexto señala que por ningún motivo la Comisión conocerá de asuntos laborales».

La falta de información de los trabajadores, ha provocado que muchos de los casos de violaciones a los derechos laborales se queden en denuncias o quejas de la gente pero no se genera ningún procedimiento legal.

Organismos civiles como ADRASURJA han denunciado la explotación e incertidumbre laboral que padecen los trabajadores de los invernaderos, pero para miembros de esta organización, es más grave el problema: «ya que los trabajadores no quieren denunciar y les da miedo que se vea afectada su única fuente de empleo» afirmó el padre Ismael Rosales miembro de la organización.

La pobreza que genera el campo, ha dado como resultado el abandono, hoy las familias dueñas de pequeñas propiedades de tierra, prefieren rentar sus parcelas a los grandes productores. Hoy se ha perdido el amor a la tierra, la falta de organización de los mismos campesinos hace que cada día sean menos los huertos familiares, las siembras comunitarias, además de la falta de apoyo por parte de los gobernantes para generar solidaridad y fomentar el desarrollo regional de los campesinos más necesitados.

El campo del Sur de Jalisco atraviesa por un fenómeno de privatización, los empresarios que poseen inversión económica a gran escala, han puesto la mirada en estas tierras. Las grandes empresas llegan con tecnología de primer nivel, trabajan las tierras en determinado tiempo y cuando ya no les sirven, las dejan con plagas e infértiles.

El respeto, fundamental para la siembra

Por: Alonso Sánchez

Las industrias dedicadas a la agricultura tecnificada han ido en ascenso desde comienzos de la década de los noventa en Jalisco. Los sistemas de producción implementados por estas empresas han acarreado a las personas del campo a ser parte de ellas. Sin embargo aún existen campesinos decididos a seguir los pasos de sus ancestros al tener en cuenta la espiritualidad y la cosmovisión como método para sembrar las tierras y al mismo tiempo cuidarla.

El señor Eduardo Patricio, habitante de Tuxpan, recordó mientras acariciaba una de sus plantas de su huerto familiar: “mi abuelo me decía que la tierra es como nuestra mamá, ella nos da de comer, si la insultamos al igual que en la vida real dejará de proveernos de los alimentos que necesitamos”.

Los gobiernos apoyan a las empresas dedicadas a los invernaderos, a los productores más pequeños les dan espaldarazos pues no coinciden con sus mismas prácticas salidas de un sistema capitalista. Aquellos que mantienen su compromiso por mantener saludable la tierra que los mantiene buscan maneras alternativas y más respetuosas para cultivar sus alimentos.

Publicación en Impreso

Edición: 116
Sección: Dichos y Hechos
Autor: Vicente Sánchez

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