Dieciocho años de panismo

Terminó el sexenio de Emilio González Márquez que seguramente pasará a la historia como uno de los peores Gobernadores del estado y como el mejor ejemplo de la degradación del panismo jalisciense. Ya desde las elecciones estatales tuvimos un primer veredicto de la ciudadanía sobre el desempeño del pasado gobernador, que llevó a su partido a un lejano tercer lugar que ni siquiera alcanzó el 20% de la votación. Es cierto que Fernando Guzmán hizo una mala campaña electoral, pero sería una torpeza política no comprender que la ciudadanía jalisciense hizo una evaluación de este gobierno panista.

Creo que lo más importante es realizar una reflexión al respecto de los 18 años de gobiernos panistas, es decir, cuál es el resultado de la alternancia en el poder en el Jalisco.

Economía en el panismo

En cuanto al desarrollo económico de la entidad, de acuerdo a las propias cifras oficiales la pobreza tendió a crecer. A pesar de que hubo esfuerzos en materia de política social, los efectos del neoliberalismo no pudieron contrarrestarse, es decir, la política económica propició una baja creación de empleos, tanto en cantidad como en calidad. Se apostó por el desarrollo de la industria electrónica, sin embargo fueron apuestas insuficientes que no lograron expandir sus efectos positivos.

En el sexenio de Alberto Cárdenas hubo un considerable esfuerzo por descentralizar las dinámicas de inversión y desarrollo, se crearon las doce regiones, se hizo un ambicioso plan estatal de desarrollo y se crearon figuras en los municipios con este propósito. Sin embargo con Francisco Ramírez Acuña y luego con Emilio González se volvió a concentrar la inversión pública y privada en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), dejando al resto de las regiones del estado en la indefensión, el caso más ejemplar de ello fue la devastación que dejó el huracán Jova el año pasado, que mientras el gobierno de estado se endeudaba con los Juegos Panamericanos, miles de personas sufrían los efectos de este desastre social.

La agricultura es una actividad preponderante en el estado, la apuesta del panismo en estos 18 años fue el impulso de agrobusines, es decir, de incentivar la inversión privada en el campo a través de la siembra de cultivos con alto valor en el mercado internacional. Los proyectos empezaron con jitomateras, luego se sembró agave, se cultivó papa, caña de azúcar y ahora el proyecto son los berries. Los saldos en general han sido los mismos: concentración de la riqueza, mayor empobrecimiento de las familias rurales, violación de derechos laborales y depredación ambiental. Por supuesto que la migración no se contuvo y ahora está empezando el fenómeno de las personas que regresan de los Estados Unidos sin haber hecho ningún patrimonio.

Política en el panismo

Es verdad que en Jalisco ya tenemos un mayor equilibrio de poderes, que la competencia electoral existe aunque desigual, que se avanzó en legislación de derechos civiles y políticos, que se están configurando claramente tres tendencias electorales representadas en tres institutos políticos (PRI, PAN y MC) y que el escrutinio público sobre la clase política es cada vez mayor.

Sin embargo hay varios asuntos no resueltos en esta materia. El primero es la impunidad y la corrupción. Este tema no se logró resolver y es un lastre para el estado, es cierto que las primeras administraciones panistas cuidaron el buen desempeño de sus gobernantes, sin embargo sus gobiernos se fueron degradando dando paso a más impunidad y corrupción. Incluso el tema del incremento exponencial de la deuda pública ya se convirtió en un grave problema que ubica a Jalisco como la quinta entidad más endeudada del país. No olvidemos que los casos de las explosiones del 22 de abril de 1992 y la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo nunca fueron resueltos y no se encontraron culpables.

El PAN deja a Jalisco con la peor crisis de seguridad de su historia contemporánea, con altos índices delictivos, con zonas con fuerte presencia de la delincuencia organizada, con una ciudad víctima de narcobloqueos y donde las ejecuciones son el pan de cada día. En materia de seguridad pública la política panista resultó un rotundo fracaso, igual que a nivel federal.

Movimientos sociales en el panismo

Recordemos que la alternancia política en Jalisco estuvo precedida de enormes movilizaciones sociales. Se crearon organismos a raíz de las explosiones del 22 de abril, luego del asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, otras más de apoyo a comunidades indígenas a raíz del surgimiento del EZLN, en 1994 se hizo una gran movilización por la defensa del voto y surgió también El Barzón. En el Sur de Jalisco surgieron grupos que defendían distintas causas sociales surgidos desde las comunidades eclesiales de base y con los procesos de reconstrucción a partir del temblor de 1985.

En ese contexto se da la alternancia en el poder estatal y había una enorme expectativa social frente a los nuevos gobiernos panistas que efectivamente en un primer momento entablaron interlocución con la multiplicidad de movimientos y organizaciones que existían e incluso algunos de los miembros de estos grupos pasaron a formar parte de los cuadros del nuevo gobierno.

Sería muy largo hacer un recuento de todo lo sucedido, pero podemos encontrar cinco tendencias que marcaron la relación de los gobiernos estatales del PAN con organizaciones de la sociedad civil y los movimientos sociales que a continuación presento.

Cuando llegó el PAN al gobierno existían por lo menos dos grandes demandas de casos que exigían justicia: las explosiones del 22 de abril y el asesinato de Posadas Ocampo. En ambos se mantuvo la impunidad y las respuestas gubernamentales fueron francamente insuficientes y poco creíbles. A este hecho se sumaron algunos acontecimientos represivos que marcaron a estos gobiernos, sobre todo en la gestión de Francisco Ramírez Acuña. Una de ellas fue el “Tlajomulcazo” y el otro fueron los hechos del 28 de mayo de 2004. En ambas situaciones hubo violaciones a los derechos humanos, en el segundo evento se evidenció la existencia de tortura y se documentó la aprehensión de personas que nada tenían que ver con los hechos. En ninguno de los casos hubo autoridades castigadas.

Otra de las tendencias que marcaron a los gobiernos panistas en su relación con los movimientos sociales fueron los conflictos con comunidades y pueblos por el hecho de querer explotar sus recursos naturales: Tenacatita, Temacapulín, Mezcala, El Salto, Ayotitlán, el Bosque del Nixticuil, Acatlán, entre otros. En todos ellos los proyectos gubernamentales y de empresas capitalistas han querido aprovecharse de los recursos de la comunidad, y en todos ellos han encontrado resistencias sociales. El panismo nunca entendió que el “desarrollo” no se impone y por ello generó múltiples frentes de conflicto social, muchos de ellos vigentes.

Otra de las características de las relaciones del panismo con las organizaciones de la sociedad civil y los movimientos sociales fue la diferenciación entre los colaboracionistas y los “opositodos” como los llamó Emilio González Márquez. Para unos hubo recursos, interlocución y puestos en organismos públicos autónomos, para los otros hubo críticas, aislamiento y en algunos casos hasta represión y violación de derechos humanos. Los primeros (los favorecidos) son organismos de asistencia social en su mayoría y afines ideológicamente a ciertos sectores del PAN. Los segundos eran los críticos o grupos que encabezan causas que enfrentan la moral neoconservadora.

Hay que reconocer que las primeras versiones del ahora Instituto Electoral y de Participación Ciudadana, de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y del Instituto de Transparencia hicieron un buen trabajo y efectivamente estaban ciudadanizadas. Las gestiones de Guadalupe Morfín en derechos humanos y de Augusto Valencia en Transparencia dejaron buen sabor de boca, incluso el entonces Consejo Electoral presidido por José Manuel Barceló contaba con legitimidad frente a la ciudadanía, sin embargo el panismo aliado con el resto de la clase política descafeinó a estas instituciones, las convirtió en botín político y las desciudadanizó.

Finalmente el panismo nunca pudo lograr un espacio formal de interlocución con la sociedad civil. Quizá el fracaso más sonado en este tema fue la fallida Gran Alianza por Jalisco, donde hubo una gran convocatoria al inicio del último sexenio panista que generó proyectos interesantes, sin embargo luego de que el gobierno no asumió sus compromisos este esfuerzo se diluyó hasta quedar en prácticamente nada. La incapacidad de interlocución se acentuó con el transcurso del tiempo y quizá la famosa “mentada de madre” de Emilio González a sus críticos, más allá de la lamentable anécdota, significó el rompimiento final entre panismo y sociedad civil organizada.

Concluyendo, en los sexenios panistas sí hubo avances, pero insuficientes y hubo cambios pero que no lograron transformar de fondo la vida del estado, su cometido de transformar a la entidad a partir de la alternancia política no se logró y en este sentido el PAN tiene una deuda histórica con los habitantes de Jalisco. El nuevo gobierno no cuenta con el bono democrático que tuvo el primer gobierno del PAN, y algo sí cambió, ahora la sociedad es mucho más crítica y menos ingenua.

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