El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para la solemnidad de Santa María, Madre de Dios 2018

Testigos alegres de Jesús

Textos: Nm 6, 22-27; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21.

Nacimiento

Al igual que los pastores, como peregrinos y con mucha alegría, hemos venido a encontrarnos con el Niño y a compartir lo que conocemos de Él. En cuanto supieron del nacimiento del Niño, los pastores fueron de prisa a Belén para conocerlo, contemplarlo, abrazarlo, colmar su esperanza en el Mesías. Al llegar, dice san Lucas, se encontraron a María, a José y al Niño recostado en el pesebre, tal como les habían dicho los ángeles.

Este día primero del año, al cumplirse los ocho días del nacimiento de Jesús, celebramos a la Virgen María como Madre de Dios y vivimos la Jornada Mundial de la Paz. Por ser la mamá del Mesías, el Hijo de Dios hecho carne como nosotros, María es la Madre de Dios. Y no por eso se hizo orgullosa, soberbia, creída; al contrario, vivió con mucha sencillez su servicio, aunque no siempre entendía lo que le iba sucediendo, como narra el evangelista. Al escuchar todo lo que decían los pastores del Niño, ella guardaba y meditaba todo en su corazón, trataba de aclarar lo que le pedía Dios y discernir qué tenía que hacer.

¿Qué platicarían los pastores del Niño? Lo que los ángeles les habían dicho: que en Belén había nacido el Salvador, el Mesías y el Señor, que lo encontrarían envuelto en pañales y acostado en un pesebre, que Dios era glorificado por eso. No sabían mucho del recién nacido, pero lo que escucharon lo compartieron; se hicieron mensajeros de la Buena Nueva, porque daban testimonio de Jesús. Es interesante que esto lo realizaron a pesar de ser despreciados, mal vistos, excluidos del pueblo. Los pastores tenían mala fama: eran considerados ladrones, peligrosos, dañeros; estaban en el nivel de los que hoy son conocidos como malandrines y, sin embargo, a ellos se les comunicó la noticia y fueron capaces de escucharla, alegrarse, hacerla suya y compartirla. Así son los pobres, así fue María, así tenemos que ser nosotros.

Nosotros hemos venido a encontrarnos con Jesús Niño. Algo sabemos de Él, unos más otros menos, pero todos conocemos algo de Jesús. Eso lo tenemos que platicar en la familia, en la comunidad, en los espacios de trabajo. Ahí tenemos que ser evangelizadores, testigos de la Buena Nueva. Y lo tenemos que hacer con sencillez y alegría, como los pastores.

Pero no quedó todo ahí para ellos. Después de estar con Jesús, José y María, los pastores regresaron a su trabajo, a su vida ordinaria, alabando y glorificando a Dios por la experiencia vivida. Al regreso, siguieron platicando del Niño, sin proponérselo se mantuvieron en el anuncio del Evangelio, siguieron siendo evangelizadores entre los suyos. Así debemos ser nosotros, que nos encontramos con Jesús hoy en esta imagen conocida como Santo Niño Milagroso, en esta Asamblea reunida en su nombre, en el Evangelio y, especialmente, en la Comunión sacramental.

Reanimados por el encuentro con el recién nacido, regresemos a nuestras casas, comunidades y lugares de trabajo a seguir nuestra misión. Hagámoslo con la sencillez y el compromiso de la Virgen, con la alegría y el entusiasmo de los pastores, con la conciencia de ser discípulos misioneros de Jesús.

Oremos a Dios, por intercesión de María, por la paz en el mundo. Unámonos a la Jornada Mundial de la Paz pidiendo al Señor que a nadie le falte trabajo, pan, vestido, techo, salud, educación, para tener una vida digna. Que el Cuerpo y la Sangre de Jesús nos fortalezca para ser discípulos misioneros de Jesús. Dispongámonos a recibir la Comunión en esta celebración.

1º de enero de 2018

Esta entrada fue publicada el 01 de enero de 2018 a las 2:16 pm en la categoría Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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