El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el 4º domingo de Adviento 2017

Servidores como María

Textos: 2 Sam 7, 1-5. 8-12. 14. 16; Rm 16, 25-27; Lc 1, 26-38.Adviento4 B 18

Estamos a la víspera de la Navidad. En este domingo, la figura que resalta es la Virgen María, elegida por Dios para ser la Madre de su Hijo, el Mesías esperado. Ella se dispuso a su llegada, en la dinámica del pueblo de Dios, y el Señor le pidió el servicio de recibirlo en su vientre, en su familia, en su pueblo de Nazaret. Y así sucedió. Ella se puso al servicio de Dios como su esclava, se convirtió en esposa del Espíritu Santo y en templo de Jesús. Esto nos dice mucho en relación a lo que tiene que ser nuestra vida como miembros de la Iglesia.

Al rey David, quien quería construirle un templo de material a Dios porque se le hacía poco que estuviera en una tienda de campaña, le prometió un rey de su propia descendencia. Esto lo cumplió con María de Nazaret. A ella, después de saludarla de parte de Dios y de pedirle que se alegrara, el ángel Gabriel le dijo que iba a concebir un Hijo, que Él se llamaría Jesús y que recibiría el trono de David su padre.

Al principio María señaló una dificultad para poder embarazarse, pues todavía no hacía su vida matrimonial con José, aunque ya estaban comprometidos. Después de escuchar al ángel, quien le explicó que el Espíritu Santo se encargaría de fecundarla, aceptó con sencillez y con un gran compromiso la propuesta del Señor. Le dijo que era su servidora, su esclava, que estaba totalmente a su disposición y que se realizara su proyecto. Ahí, al aceptar la propuesta de Dios y decirle que sí, quedó embarazada y se convirtió en el primer templo del Hijo de Dios humanizado. Él después decidió quedarse en los pobres, en la comunidad reunida en su nombre, en la Eucaristía.

María se puso totalmente al servicio del Señor, sin saber qué le iba a suceder con el Niño, cómo la iba a pasar en su cuidado y educación, hasta dónde llegaría en el seguimiento a su Hijo. No le puso pretextos ni condiciones para ser su servidora. Al mismo tiempo se convirtió en servidora de la humanidad, porque colaboró directamente en la llegada del Mesías al mundo, quien murió por todos los humanos. Nosotros, la gran mayoría de los bautizados, tenemos dificultad para vivir el servicio, o separamos el servicio a Dios del servicio a los hermanos, especialmente a los pobres. Generalmente no está en nuestro proyecto de vida ser servidores. Más bien tendemos a que nos sirvan, evitamos las ocasiones para servir, buscamos ser servidos.

Además, como comunidad somos Iglesia servidora del Reino, como Diócesis buscamos ser una Iglesia ministerial, sabemos que somos responsables de promover servicios y ministerios en los barrios y ranchos. Al menos así lo decimos. Pero estamos muy lejos de parecernos a María. Ella sin dar rodeos, se puso al servicio de Dios y al servicio de quien estaba en necesidad. Inmediatamente después de la Anunciación, sabiendo de la situación de su parienta Isabel, se fue rápidamente a las montañas de Judea para atenderla en los últimos meses de su embarazo y el nacimiento de Juan Bautista. Nosotros decimos servir a Dios pero no servimos a los demás, separamos la fe de la vida; no queremos comprometernos para un servicio en la comunidad y ponemos muchos pretextos para no colaborar en el anuncio del Evangelio ni en la construcción de la comunidad; no dedicamos tiempo para ayudar a los pobres, a los enfermos, a los migrantes…

Hoy Jesús viene a nuestro encuentro y no en el vientre de María sino en la Comunión sacramental. Al recibirlo, al igual que ella, nos convertimos en templos suyos. Lo llevaremos con nosotros a la familia, a la comunidad, al trabajo. Esto nos compromete a ser servidores como María.

24 de diciembre de 2017

Esta entrada fue publicada el 23 de diciembre de 2017 a las 12:53 pm en la categoría Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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