Homilía para el 30º domingo ordinario 2022

Los textos bíblicos de hoy nos ayudan a profundizar en la característica que san Mateo señala de san José. Dice “que era justo”.

Llamados a ser justos

Textos: Sir 35, 15-17; Rm 10, 9-18; Lc 18, 9-14

Los textos bíblicos de hoy nos ayudan a profundizar en la característica que san Mateo señala de san José. Dice “que era justo”. En el sentido bíblico, justo es el que conoce la voluntad de Dios, la acepta y busca la manera de ponerla en práctica, aunque le cueste trabajo; cuando eleva su oración a Dios, el Señor lo escucha, lo sostiene en su vida y su misión, y lo libra de sus angustias. Así era José de Nazaret y así espera Dios que seamos nosotros.

Dice el autor del Sirácide que Dios como juez “no se deja impresionar por apariencias”. Él conoce el corazón de cada persona y ve cómo vive cada quien. A diferencia de lo que sucede en nuestra sociedad, a nadie desprecia por ser pobre, escucha los clamores de los oprimidos, los gritos de angustia del huérfano y las quejas insistentes de la viuda. Dios opta por los pobres, los cuida, los defiende, los escucha, los atiende. El justo vive en la pobreza y por eso el Señor lo escucha, especialmente cuando le dirige su oración suplicante.

Esto lo describe Jesús muy bien en la parábola del fariseo y el publicano. Dice san Mateo que Jesús la dijo porque algunos se tenían por justos. No lo eran, pero aparentaban. Una cosa es ser justos y otra, muy diferente, presentarse como justos. Están bien descritos en el primer personaje, un fariseo. Hay que preguntarnos si no estamos nosotros así.

El fariseo estaba en el templo con actitud de soberbia. Lo que hizo fue presumirle a Dios que él sí era justo, mucho mejor que todos los demás, que no tenía pecados, que cumplía todas las normas de la ley, que no era como el publicano que estaba allá lejos. Le estaba diciendo a Dios que debería recibir un premio por ser justo. Y no lo recibió. Jesús dijo que salió del templo sin ser justificado, o sea, Dios no vio agradable su vida. ¿No estaremos nosotros como él? Como católicos sentimos que la mejor religión es la nuestra y despreciamos a los de otras religiones, ¿y cómo vive la mayoría de los católicos? ¿Somos justos, o sea, conocemos la voluntad de Dios, la aceptamos y nos esforzamos por cumplirla? Lo misma actitud tomamos muchas veces quienes más asistimos a la Misa, o a algún movimiento, o quien decide cambiar de vida y dejar el alcoholismo: decimos ya estar convertidos y juzgamos como malos a los demás, no toleramos que sigan en su estilo de vida, los condenamos, los señalamos en la comunidad. Y le decimos a Dios que estamos bien.

En cambio, el publicano descrito por Jesús, que sí era identificado y señalado en su pueblo como un gran pecador, se presentó en el templo con una actitud muy diferente. Se sabía y se sentía indigno de estar en el templo, de dirigirse a Dios; reconoció su situación de pecador y asumió que no llevaba una vida justa. Elevó su oración confiada a Dios y volvió a su casa justificado. Su oración y su actitud le fueron agradables al Señor. Dios lo reconoció entre los justos. Cuánto nos falta trabajar en nuestra persona para hacernos como él.

En san José tenemos el ejemplo de persona justa, de alguien que conoció la voluntad de Dios, la asumió y le buscó para cumplirla. No siempre le fue bien, como sucede con quienes luchan por vivir como hermanos, por servir a la comunidad, por ayudar a la reconciliación entre personas distanciadas, por trabajar por la justicia y la paz. Luchemos por ser justos.

23 de octubre de 2022

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